(Editorial Espasa Calpe, Bs. As. 1.993, Colección Austral - Biblioteca de Literatura Hispanoamericana)
|
No es ninguna novedad señalar que estamos ante uno de los clásicos de la literatura hispanoamericana y, en especial, argentina. Tampoco decir que su renombre ya ha trascendido las propias fronteras del idioma, no quedando lector en el mundo que no tenga la oportunidad de disfrutarlo... En ésta, su primer novela (1.948), temas trascendentes como el amor y la muerte, entreverados con disquisiciones psicológicas del personaje -Pablo Castel- (un pintor que, purgando una condena, narra -y filosofa- sobre sus sueños, pesadillas y fantasías, que terminan configurando el porqué del asesinato de María, "la única persona que evidentemente había comprendido [su] pintura"), van pasando frente a nuestros ojos a medida que avanzamos en la lectura, haciéndonos reflexionar en más de una oportunidad. Al menos, en lo que a mi experiencia concierne, la gran factura literaria de esta obra hizo que en pasajes puntuales de la narración me viese identificado con algunas de las penurias existenciales del narrador. Libro éste para tomarlo con calma, lo sugiero con entusiasmo a todos aquellos que aún siguen haciéndose preguntas sobre sí mismos y sobre el mundo que los rodea. Julio Zalazar. |
Julio Verne: "La Ciencia Ficción
de Julio Verne"
(Editorial Hyspamérica, Barcelona 1.986, Colección "Biblioteca de Ciencia Ficción" N° 94)
| Otra vez
Domingo Santos demuestra su buen tino para una selección de cuentos
(ver comentario sobre el libro de H. G. Wells). En esta ocasión, se
propone rescatar un poco del olvido a la producción de obras cortas de
este eximio escritor francés, que, si bien queda en notable minoría
ante la multiplicidad
de novelas de largo aliento que construyó ("La Vuelta al Mundo en
Ochenta Días", "Miguel Strogoff", "Viaje al Centro de
la Tierra", "Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino", etc.),
la diferencia no es tal en lo que hace a la calidad. En los 6 relatos que
contiene el volumen nos encontramos a un Verne polifacético: el
tradicional ("En el Siglo XXIX. Un Día de un Periodista
Norteamericano en el Año 2.889"); el reflexivo ("El Eterno Adán");
el fantástico ("Frritt-Flacc") y hasta el ligeramente humorístico
("Gil Braltar"). En fin, quizás yo -fanático verniano- peque
de muy subjetivo a la hora de exaltarlo para su ansiada lectura, pero no
importa: es imprescindible que lo lean...
Julio Zalazar. |
H.G. Wells: "La Ciencia Ficción
de H. G. Wells" (Tomo I )
(Ediciones Orbis, Barcelona 1.987, Colección "Biblioteca de Ciencia Ficción" N° 99)
| Muy buena
recopilación de cuentos del genial escritor de ciencia ficción,
realizada por su prestigioso colega y crítico del género, el español
Domingo Santos (quien además fue asesor en la confección de la colección
mencionada más arriba), encargado también de realizar la introducción.
Si obras del nivel de "La Guerra de los Mundos" o "La Máquina
del Tiempo" nos demostró la excelente categoría de este escriba
inglés, los cuentos presentados en este libro corroboran
definitivamente que la virtuosidad de su pluma va más allá de la CF
para insertarse para siempre en la galería de los maestros de la
literatura universal. Cuentos como "El País de los Ciegos" o
"La Puerta en el Muro" nos muestran a un H. G. Wells
preocupado por la problemática del hombre contemporáneo: la soledad,
la sed de afectos y su inseparable mediocridad. En fin: es para
disfrutarlos (como yo lo hize) muy tranquilos en un par de noches y
desde la cama...
Julio Zalazar. |
(Editorial Emecé, Argentina 1.974, Colección Ciencia Ficción)
|
Esta obra de la ciencia
ficción para mí resultó ser un verdadero hallazgo. En ella, se nos
muestra notablemente cómo una sociedad hipertecnificada se
deshumaniza a niveles impensables, más aún cuando la misma entra en
colapso como consecuencia de un fenómeno natural inédito: la
desaparición de la energía eléctrica. Altamente recomendable para
los amantes de la CF y los buenos lectores en general.
Julio Zalazar. |
la "Guerra de los Mundos"
|
(Ficha Técnica) Título
original: Ward of de Worlds. Dirección: Steven Spielberg. Elenco: Tom Cruise, Dakota Fanning, Miranda Otto, Justin Chatwin, Tim Robbins, David Alan Basche, Gene Barry, Ann Robinson (estos últimos dos actores fueron protagonistas en la primera versión de 1952). Origen: EE.UU. Fecha estreno: 29 / 6 / 2005 . ---------------------- No
es novedad que la ciencia ficción siempre ha nutrido los guiones del
mundo de la cinematografía y que los clásicos –como esta obra cumbre
de H. G. Wells- han tenido preferencia a la hora de decidir.
Lamentablemente, debemos constatar que, más allá de las limitaciones técnicas,
pocas han sido las veces en que el celuloide reflejó con un alto grado de
pureza su contenido literario. El caso que nos ocupa no es la excepción.
Veamos el porqué. Antes de empezar, es necesario dejar constancia que, desde el punto de vista estrictamente técnico y cinematográfico, la película de Spielberg es impecable. Gracias a la alta tecnología puesta al servicio de los efectos especiales -y sobriamente utilizada, sin exageraciones- el film alcanza sin lugar a dudas la categoría de superproducción.
Tampoco creo que se pueda recargar las
tintas sobre ciertos desniveles del guión ni sobre alguna desprolijidad
en las actuaciones (buenas en general, siendo el personaje que encarna la
pequeña Dakota Fanning el que alcanza el punto máximo); a mi entender su
principal falencia aparece a la hora de sopesar su fidelidad al texto
original de Herbert George Wells (escrito en 1898). Los que más o menos conocen algo de cine saben que Spielberg es un director que, más allá de la opinión que nos merezca el nivel cinematográfico de sus producciones, siempre se destaca por saber desarrollar una historia, hacerla entretenida a los ojos de los espectadores y convertirla en éxitos de taquilla. Mencionemos a manera de ejemplo: Jurassic Park (I, II y III), Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, E.T., La Lista de Schindler, etc. Hecha esta acotación, queda claro que Guerra de los Mundos es una película que tampoco escapa a este axioma. El gusto un tanto amargo que nos deja al verla tiene que ver con que sencillamente esperábamos más conociendo la novela del escritor inglés. A Spielberg no le alcanza el generoso despliegue técnico para hacernos creer que está contando lo mismo que Wells; y si bien por momentos se nota que se esfuerza por demostrarlo deja la impresión que se queda a mitad de camino. Queda la sensación de que el famoso director dudó hasta último momento entre hacer un film con cierta fidelidad al clásico de la literatura y una más de sus películas de suspenso y acción; como si dudara entre mostrar el ataque extraterrestre al planeta tierra y la embestida feroz de sus dinosaurios residuales de Jurassic Park contra los seres humanos. Repasemos un poco el argumento de la versión literaria original: hacia finales del siglo XIX un primer cohete proveniente del planeta Marte se estrella contra la campiña inglesa. En el momento en que un nutrido grupo de curiosos se acerca al cráter una torre asoma por su borde y barre a todos con un rayo de calor mortífero. A partir de ese momento una tras otra empiezan a caer las naves de los invasores y a sembrar el terror.
Pero no fue intención de Wells
describir cómo sería un ataque alienígena; éste le sirve de perfecta
excusa para ahondar en las conductas humanas ante hechos
extraordinariamente trágicos como éste y, al unísono, mostrar parte de
sus miserias. El final de su obra -que obviamente no será comentado aquí
para que el amigo lector que no la leyó se vea impulsado a hacerlo- nos
muestra cabalmente el papel que le asigna al hombre en la superficie
terrestre.
Volviendo a la última creación de
Spielberg (la próxima se basará en la trágica jornada vivida en los
Juegos Olímpicos de Munich), se nota que lo leyó a Wells pero que al
mismo tiempo sintió temor ante la posiblidad de salirse de los cánones
que Hollywood comúnmente dicta para superproducciones de este estilo. Hay
dos escenas claves que así lo demuestran: el encuentro de Ogilvy (el
personaje central que en la película encarna Tom Cruise) con el artillero
y su breve convivencia con el mismo en el sótano, y el momento en que
este mismo personaje alza los ojos al cielo y ve cómo los cuervos
revolotean en torno a los trípodes extraterrestres.
Antes que alguien me lo señale con
razón, aclaro que sé darme cuenta que es muy dífícil guardar una
fidelidad del 100% hacia una obra literaria cuando se la traslada al cine;
es más: creo que es perfectamente tolerable la ausencia de personajes y
de escenas clave (la aparición del vicario y del Artillero de Putney Hill
se confunden en un mismo personaje cuando en el texto del escritor inglés
aparecen en capítulos bien delimitados) y la presencia de otros (la nena,
hija de Ogilvy), que no están en el libro de Wells. Lo que cuesta mucho
tolerar es esa falta de definición; ese medio camino que transforma al
film en un híbrido frente a lo literario.
Resumiendo: aquellos a los que les
guste la literatura y el cine de ciencia ficción -entre quienes me
incluyo- deberán desdoblarse a la hora de sentarse en la butaca, y
olvidarse que lo que están viendo está basado en una de las máximas
obras clásicas del género. Sin lugar a dudas, si conseguimos llegar a
este punto, saldremos de la sala satisfechos de haber visto una buena película. Julio Zalazar. |
LA CIENCIA FICCION
--- 1° PARTE ---
- H. G. WELLS Y SU “GUERRA DE LOS MUNDOS” -
|
Si algo tiene de apasionante el universo de la literatura es esa
maravillosa manía de introducirnos en otros mundos, otros tiempos,
hacernos vivir el pasado, traernos al presente, husmear el futuro y
volver para atrás sin solución de continuidad; de someter a nuestro
cerebro al delicioso ejercicio de pensar, de sentir, de quitarnos el
velo de los ojos que muchos intentan colocarnos. Y si de géneros
literarios hablamos, es la ciencia ficción la más adictiva de todas.
Pero no todas son rosas. Los finales
felices, sin lugar a dudas, nos pueden llenar de felicidad pero no
llegan, generalmente, a iluminarnos el panorama; para cubrir ese hueco
es que aparecen genios como H. G. Wells, Jack London y René Barjavel
(entre otros), quienes con sabiduría se animaron a pensar e imaginar el
futuro desde una perspectiva muy sombría, con otros escenarios, otras
gentes, otros sentimientos; nos supieron pintar –o mejor sería decir “advertir”- lo que le espera a la humanidad si no
corrige rumbos, si no se “depura”. Invito al lector a comprobarlo en
los párrafos abajo transcriptos. ---------------------------------------------------- Herbert Geroge Wells, nacido el 21 de septiembre de 1866 en el pueblo de Bromley, Condado de Kent, Inglaterra, fue el tercer fruto surgido de la unión entre un tendero y una empleada doméstica. A raíz de la temprana muerte de su padre, él junto a su madre y hermanos debió trabajar en variados oficios apenas comenzada su juventus (esta etapa de su vida la trasladó a su novela llamada Tono-Bungay. Cuando en 1883, gracias a un empleo conseguido en una escuela del poblado de Midhurst, consigue una beca para estudiar en la Escuela Normal de Ciencias de Londres, tiene la fortuna de ser alumno de Thomas Henry Hyxley (abuelo de Julian y Aldous, otros notables autores), un destacado humanista científico y defensor de las teorías de Darwin. La influencia de su maestro lo marcará a fuego en su pensamiento literario.
Cuando un pico de estrés pudo más que su voluntad y debió permanecer
forzosamente en cama varios meses, no tuvo más remedio que dedicarse a
escribir para matar el tiempo. Así surgieron sus primeros textos
literarios bajo la forma de artículos y ensayos que aparecieron
publicados en diversas revistas literarias y científicas. Será La Máquina
del Tiempo -uno de los clásicos más famosos de la literatura
universal-, escrita en 1895, la obra que le abrirá la puerta a la alta
estima literaria.
A partir de este momento, su carrera
tomó un impulso extraordinario. De ella saldrán obras como La Visita
Maravillosa (1895), La Isla del Dr. Moreau (1896), El Hombre Invisible
(1897), La Guerra de los Mundos (1898), sólo para mencionar las más
prestigiosas.
Jaqueado por la tuberculosis y la
diabetes, Wells debió recluirse en una casa londinense, en la que lo
sorprendió la muerte el 13 de agosto de 1946 a los 19 años.
Si bien lo que le tocó vivir
durante la Segunda Guerra Mundial lo sumergieron en un profundo
pesimismo con respecto al futuro de la humanidad, ya con anterioridad da
señales de tener dudas con respecto a esto.
En su novela La Guerra de los
Mundos, bajo la excusa de una invasión marciana, Wells nos sumerge en
las miserias y mediocridades en las que el ser humano puede caer ante
ciertos hechos imprevisibles y trágicos. A manera de prueba de lo
dicho, veamos los siguientes párrafos:
“(...)Era incalculable el número
de carruajes, coches de alquiler y de almacenes, camiones, un coche de
correos, un carro de limpieza rotulado “Parroquia de San Pancras”,
otro enorme de maderas de construcción lleno de populacho. Pasó el
carromato de un cervecero con las dos ruedas teñidas en sangre fresca.
-¡Sitio! ¡Sitio! –bramaban las
voces.
-¡Eter-nidad! ¡Eter-nidad!
–respondía el eco.
"Mujeres bien vestidas de
rostro triste y huraño andaban entre la multitud con niños que
lloraban y se caían, las telas delicadas cubiertas de polvo, los
rostros fatigados, cubiertos de llanto. Iban hombres con ellas, unos
para protegerlas, otros para amenazarlas. Se peleaban grupos de
vagabundos, vestidos de harapos, insolente la mirada, alta la voz,
profiriendo blasfemias. A fuerza de puños se abrían paso vigorosos
obreros; miserables criaturas que, por la ropa, parecían ser empleados
de escritorios o de almacenes, se debatían espasmódicamente. Reparó
mi hermano en un soldado herido, en hombres que llevaban el uniforme de
empleados de ferrocarriles y en una desgraciada que se cubría con una
capa la camisa de dormir.
“No
obstante su variada composición, ofrecía esta multitud algunos rasgos
comunes: había dolor y espanto en todos los rostros, y la consternación
parecía seguirles. Cualquier tumulto, la disputa por un puesto en algún
vehículo, hacía apresurarse a todos; hasta un hombre, tan fatigado que
se le doblaban las rodillas, sintió durante un momento que le animaban
fuerzas nuevas. El polvo y el calor habían ya hecho presa en la
multitud; tenían las gentes seca la piel, negros y abiertos los labios.
Todas iban sedientas, rendidas, los pies amortecidos. Entre gritos se
destacaban las disputas, los reproches, los ayes de cansancio; casi
todas las voceseran roncas y débiles. Dominaba una frase:
-¡Paso! ¡Sitio! ¡Que vienen los
marcianos!
"Ninguno
de los fugitivos se detenía;
ninguno abandonaba la ola tumultuosa. El camino desemboca oblicuamente,
por estrecha abertura, en la carretera grande que parece ir a Londres.
Sin embargo, un remolino de gentes se arrojaba a la desembocadura; los débiles
eran lanzados fuera del camino, y permanecían un rato antes de
incorporarse de nuevo a la multitud. A poca distancia estaba tendido en
el suelo un hombre con una pierna desnuda envuelta por vendas empapadas
en sangre. Dos compañeros le cuidaban. ¡Hombre afortunado que aún tenía
amigos!”.
Otro párrafo:
“(...)La antención de mi hermano
se distrajo con la presencia de un hombre barbudo, de cara semejante a
la de un ave de rapiña, que llevaba cuidadosamente un saquito, cuyo
saquito se rompió en el momento en que mi hermano le miraba, derramando
una masa de libras que se disgregó en mil pedazos de oro. Rodaron las
monedas en todos sentidos entre pies de hombres y cascos de caballos. Se
detuvo el viejo para contemplar estúpidamente su montón
de oro y la lanza de un coche le dio en el hombro, haciéndolo
rodar. Lanzó un gemido y la rueda de un camión le rozó la cabeza.
-¡Adelante! –gritaron las gentes
a su alrededor-. ¡Abran paso!
“Tan pronto como pasó el carruaje
se lanzó con las dos manos abiertas sobre su montón de oro y se puso a
recogerlo a puñados, llenándose los bolsillos. En el momento de
levantarse se encabritó un caballo y le derribó con los cascos.
-¡Pare! –gritó mi hermano-, y
separando a una mujer, quiso coger al caballo por la brida.
“Antes de conseguirlo oyó un
grito bajo el carruaje y vio en el polvo pasar una rueda sobre la
espalda del pobre hombre.El cochero dio un latigazo a mi hermano, que
echó a correr detrás del coche. El sinnúmero de gritos le ensordecía.
El hombre daba vueltas en el polvo sobre su oro desparramado, incapaz de
levantarse porque la rueda le había roto el espinazo y tenía
insensibles e inertes los miembros inferiores. Mi hermano dio media
vuelta y ordenó algo al coche que le seguía . Un hombre a caballo
acudió a su socorro.
-¡Sacadle de aquí! –dijo.
“Agarrándole del cuello intentó
mi hermano sacar al hombre del camino.Pero el obstinado viejo no quería
soltar su oro y lanzaba a su salvador coléricas miradas, golpeándole
el brazo con el puño lleno de monedas”.
Y un párrafo final:
“(...)No era una marcha
disciplinada, sino una fuga loca, un terror pánico, gigantesco y
terrible, sin orden y sin fin; seis millones de personas desprovistas de
armas y de víveres, que corrían de cabeza. Era el comienzo de la
derrota de la civilización, de la matanza de la humanidad”. Julio Zalazar. |
Alfredo Varela y el Río Oscuro
|
"Antes fue un hermoso tiempo de
ignorancia. Los salvajes eran dueños de una felicidad clara y
espontánea. De pronto se sublevaron los océanos, salieron de madre
los ríos, y el cielo relampagueante anunció males terribles.
Aparecieron los conquistadores blancos."
Con estas palabras, Alfredo Varela
precisa el comienzo de la historia del sometimiento de los
pobladores de Misiones en su novela El río oscuro,
que publicó con gran éxito de crítica en 1943.
El tema no era nuevo para la literatura
argentina. Ya Horacio Quiroga lo había expuesto en sus cuentos de
las selvas misioneras y chaqueñas. Pero Varela logró darle una
dimensión más amplia. No se detuvo simplemente en el dolor, la
violencia, la injusticia, la desolación y la vergüenza de uno de
los sistemas más brutales de explotación; también describió la
lucha constante de los condenados por reconquistar su dignidad.
Mucho antes que otros escritores
argentinos y latinoamericanos, Varela fracturó el relato, a la
manera de Faulkner, para que la visión del lector pudiera ir
llegando desde ángulos diferentes. Tres líneas convergen hacia el
punto final. En una, sigue la narración de la historia del
protagonista, el mensú Ramón. En la otra, que se repite bajo el título
de En la trampa, va presentando testimonios de personajes
aparentemente ajenos al núcleo central, a descripciones casi estáticas
de paisajes, de árboles o de animales. En una tercera vía, La
conquista, se van mostrando los pasos dados por el blanco para
poseer y dominar tanto la naturaleza como las criaturas del Alto
Paraná. Y esta crónica finalizará con una tímida pero
auspiciosa lucecita de un farol, encendido en el humilde rancho del
primer sindicato obrero del obraje.
En 1952, Hugo del Carril decidió llevar
al cine El río oscuro. Por entonces, Varela estaba en
la cárcel por sus ideas políticas -era miembro del Partido
Comunista- y la producción se vio obligada a omitir el nombre del
autor en los créditos de la película y a cambiar el título
del original por el de Las aguas bajan turbias. También el
guión fue corregido y cuidadosamente expurgado. Tantas dificultades
no impidieron que el film resultara uno de los mejores logros del
cine nacional, con buena difusión exterior y hasta algunos premios
en importantes festivales. Curiosamente, otra de las grandes
realizaciones cinematográficas argentinas de la época se refirió
asimismo a la situación del mensú: se llamó Prisionero de la
tierra, basada en los cuentos de Horacio Quiroga, y la dirigió
Mario Sóffici en 1939.
Por último, cabe señalar que la
denuncia y el mensaje de El río oscuro no se limita a la
explotación de los mensúes en Misiones -lo cual ya había sido
hecho a principios de siglo por el anarquista Rafael Barrett en Lo
que son los yerbales. Varela se encarga de que su planteo
social se expanda en ancho espectro capaz de abarcar a todos los
trabajadores.
Varela murió en Mar del Plata el
26 de febrero de 1984, a los 70 años.
Introducción a la novela El
río oscuro (Buenos Aires, Hyspamérica, 1985)
Compilado por Javier Etcheverry. |
la Ciencia Ficción
--- 2° Parte ---
- “LA HUELGA GENERAL” Y UNA VISION DE JACK LONDON -
|
Siguiendo con la segunda entrega de este trabajo, dirigiremos la mirada
hacia un extraordinario escritor inglés cuya obra, sin ser en su
totalidad estrictamente de Ciencia ficción, supo incursionar por este
campo: Jack London.
John Griffith London –tal su
verdadero nombre- vió por vez primera la luz en 1876, en la ciudad de
San Francisco, EE.UU.; y pese a su origen de clase alta (su madre,
llamada Flora Wellman, soltera, pertenecía a ella) no tenía una
identidad absoluta con los miembros de ésta. Es más: su progenitora se
casó tiempo después con John London, un anónimo veterano de la Guerra
Civil, con quien se trasladó a Oklahoma.
Como desde joven debió trabajar
rudamente para subsistir y, al mismo tiempo, aprovechaba su escaso
tiempo libre en leer –su pasión-, a los 19 años se propuso empezar a
escribir para poder escapar a ese crudo ambiente y escalar socialmente.
A pesar de que inicialmente no tenía éxito con sus cuentos y poemas,
en 1897 se le presentó la gran oportunidad: al llegar al Yukón, atraído
por la Fiebre del Oro, tomó contacto directamente con las miserias y
penurias de los mineros, lo que consiguió volcar muy bien a la
literatura. La novela El llamado de la Selva (1903) es la prueba más
contundente de lo señalado.
A pesar de que sus ideas socialistas
eran su sello de distinción, no podía ocultar sus contradiciones. La más
notable quizás sea su posición autoritaria o patriarcal con respecto a
“sus” mujeres. “El matrimonio no debe regirse por el amor sino por
la capacidad reproductiva”, decía; y así lo entendió su primer
mujer, Bess Maddern (se casó con ella en 1900), con quien tuvo dos
hijas: Bess y Joan. A raíz de entrar en aventuras con Charmian
Kittredge, se divorcia y se casa con esta última en 1905. La relación
con Charmian tomó otro cariz, ya que no sólo se constituyó en musa
inspiradora de muchas de sus obras sino también escribió junto a él y
por su cuenta, alentada por su esposo. Existen tres libros hechos
conjuntamente en los cuales se detallan muchos de los viajes que
hicieron juntos y sus vivencias.
En alguna oportunidad de su vida señaló:
“La función del ser humano es vivir, no existir. No voy a gastar mis
días tratando de prolongarlos, voy a aprovechar mi tiempo”. Y uniendo
la acción al pensamiento se entregó siempre a vivir toda clase de
aventuras, sobretodo si de defender los derechos de los oprimidos se
trataba.
Otra virtud que lo caracterizaba era
su sentido de la disciplina: se había propuesto escribir por lo menos
mil palabras en cada mañana; así queda constatado en sus más de
cincuenta libros de toda clase, escritos entre 1900 y 1916, sin contar
las más de diez mil cartas anuales que enviaba.
A partir de 1914 las penurias
financieras (así como ganaba mucho también gastaba en cantidad. Sus
viajes internacionales y la ampliación y remodelación de su rancho así
lo demuestran) lo marcan a fuego y su salud entra a decaer
progresivamente debido a las extremas exigencias a las que se somete en
pro de incrementar su producción literaria a cambio de más ganancias y
a costa incluso de la calidad de la misma. Es así como el 22 de
noviembre de 1916, víctima de la agudización de su afección renal,
fallece a la edad de 40 años.
Sus obras más destacadas fueron: El
Hijo del Lobo (1900), La Llamada de la Selva (1903), El Pueblo del
Abismo (1903), Lobo de Mar (1904), Colmillo Blanco (1906), El Talón de
Hierro (1907), Martín Eden (1909), entre otras.
El cuento que nos ocupa, La Huelga General (conocido también por
el título de El Sueño de Debs), fue escrita en 1909. En él se
describen las peripecias que les toca vivir a un hacendado y sus
empleados durante una huelga general declarada por los sindicatos. Al
igual que en el texto de Wells (ver la Primera Parte
de este trabajo), aquí nuevamente se aprecia el nivel de degradación
humana cuando circunstancias extremas empujan a hombres y mujeres a
devorarse anárquicamente unos a unos buscando subsistir a como dé
lugar. A
continuación, paso a transcribir un párrafo por demás significativo:
“(...)Nunca olvidaré el espectáculo que vimos a continuación.
Nos tropezamos con él abruptamente, tras un recodo de la carretera. Los
árboles formaban una bóveda por encima, y el sol se filtraba entre sus
ramas. Las mariposas revoloteaban alrededor, y desde los campos llegaba
el canto de las alondras. Allí en medio había un potente automóvil. Y
tanto dentro como a su alrededor yacían varios cadáveres. La explicación
era evidente. En su huida de la ciudad, los ocupantes habían sido
atacados y saqueados por una banda de criminales de los barrios bajos.
El hecho había ocurrido no hacía ni veinticuatro horas. Latas de carne
y de frutas recién abiertas explicaban la razón del ataque. Dakon
examinó los cuerpos.
-Me lo imaginaba –nos informó-.
Conozco el coche. Era Periton... toda la familia. Tendremos que andar
con cuidado en adelante.
-Pero nosotros no tenemos comida que
les incite a atacarnos –objeté yo.
“Dakon señaló mi montura y
comprendí. Por la mañana, el caballo de Dukon había perdido una
herradura. El delicado casco se había abierto y, al mediodía, el
animal cogeaba. Dakon no quería seguir montándolo ni tampoco
abandonarlo. Así pues, a petición suya, nosotros continuamos. El
llevaría el caballo de la brida y se reuniría con nosotros en mi casa.
Fue la última vez que lo vimos, y nunca supimos su fin.
“A la una llegamos al pueblo de
Menlo, o más bien a lo que había sido su emplazamiento, ya que estaba
en ruinas. Los cadáveres yacían por doquier. La zona comercial, así
como la residencial totalmente arrasadas por el fuego. Aquí y allá
alguna residencia resistía todavía, pero no había manera de acercarse
a ellas. Cuando nos aproximábamos demasiado, disparaban contra
nosotros. Encontramos a una mujer rebuscando entre las ruinas humeantes
de su casita. Primero habían asaltado los almacenes, nos contó; y
mientras hablaba, podíamos imaginarnos a aquella hambrienta turba,
salvaje y enloquecida, arrojarse sobre el puñado de habitantes del
pueblo. Ricos y pobres había luchado codo con codo por la comida, y
luego unos contra otros cuando la habían conseguido. Nos enteramos de
que el pueblo de Palo Alto y la Universidad de Stanford habían sido
saqueados de modo similar. Ante nosotros se extendía una desolada
tierra devastada, y creímos prudente tomar una desviación hacia mi
casa. Esta se hallaba a tres millas al oeste, agazapada entre las
primeras lomas al pie de las montañas.
“Pero conforme avanzábamos vimos
que la devastación no se limitaba a las principales rutas. La
vanguardia de la huida había seguido las carreteras, saqueando a su
paso los pequeños pueblos, mientras que los que venían detrás se habían
dispersado y barrido toda la campiña como una gigantesca escoba”. (Para ver el
texto completo del cuento, hacer click aquí
) Julio Zalazar. |
la Ciencia Ficción
--- 3° Parte ---
- LA "DESTRUCCION" SEGUN RENE BARJAVEL -
|
En esta
tercera y última parte –al menos por ahora- del presente trabajo
recurro a una obra que, lamentablemente, no es lo conocida –y
reconocida- que debería ser por estos pagos: Destrucción, del
talentoso René Barjavel.
Nacido en un suburbio campesino
llamado Drôme (sureste de Francia, región de los Alpes. Se destaca por
sus bellezas naturales) en 1911, desde temprana edad -18 años- se
convirtió en periodista y desde ese lugar abrazó fervientemente la
literatura. En esta decisión mucho tuve que ver la influencia de un
profesor de francés que lo animó a ingresar al bachillerato ya que su
padre lo presionaba para que fuera panadero como él. No
obstante, muchos fueron los oficios (repartidor, representante, empleado
de banca, etc.) en los que debió trabajar antes de dedicarse full time
a su pasión por las letras. Igualmente, con diecinueve años a cuestas
colaboró con no pocos periódicos. De esta manera llegó su primer gran
oportunidad al ser contratado para un puesto importante en una editorial
famosa de la época.
Se casó en 1936 y fruto de esa unión
matrimonial fueron sus dos hijas. Posteriormente, lo sorprende la
Segunda Guerra Mundial; ésta lo marcó a fuego ya que estuvo alistado
como soldado de infantería. Sin embargo, supo reponerse y a poco de
terminada la contienda bélica, en 1940, concibió la obra que lo llevó
al éxito: Destrucción.
Pero no todas fueron rosas: en 1948
escribió la novela El Diablo me lleva, que fue un completo fracaso.
Probó suerte entonces en el mundo del cine como guionista en donde le
fue un poco mejor.
Retomó la buena senda en la
literatura con La Noche de los Tiempos, su segunda obra famosa, en 1968,
y con la que también refinó su talento. Tampoco abandonó su otra pasión,
el periodismo, ya que como cronista de un importante periódico
dominical creó numerosos artículos, los que más tarde recopiló en un
libro llamado Los Años de la Luna, la Libertad y del Hombre.
La muerte lo sorprendió el 24 de
noviembre de 1985 y sus restos descansan hoy en su pueblo natal. No son
pocos los que consideran que gracias a él la Ciencia Ficción tuvo una
aceptación en el territorio galo que antes no tenía. Entre sus obras más
reconocidas citemos a: Destrucción (1940), Viajero Imprudente (1944),
La Noche de los Tiempos (1968), Coloma de la Luna (1968), El Gran
Secreto (1968), El Hechicero (1984).
Con respecto a la obra en la que se
basa este artículo, su mayor valor reside en la forma en que Barjavel
nos demuestra cómo puede convertirse en un arma de doble filo el
exacerbado crecimiento tecnológico dentro de una sociedad que se
deshumaniza en directa proporcion al avance de aquél. En esta novela
nos habla de una París ubicada en el Siglo XXI (más precisamente en el
año 2052) cuya vida cotidiana está bajo una fuerte dependencia, hasta
en los últimos detalles, de la alta tecnología. Así es como un buen día
la electricidad –la sangre de todas las máquinas- sencillamente
desaparece haciendo entrar en colapso a esta sociedad
hipertecnificada,dejando a todo el mundo en el más profundo caos.
Francisco Deschamps –personaje central de la novela-, proveniente de
los últimos reductos campestres que aún quedan en Francia y enemigo acérrimo
de aquello opuesto a la naturaleza, será el encargado de encontrar la
única salida: el retorno a las fuentes.
Precisamente,
de Destrucción extraigo el párrafo que más abajo se menciona, en el
cual queda magistralmente descripto cómo las muchedumbres -o las masas,
como les gusta decir a muchos- caen fácilmente presas del caos y el
descontrol al entregar totalmente sus vidas al desarrollo tecnológico,
al punto de llevar puestas ropas con cierres que se activan eléctricamente,
por ejemplo. Al igual que en las dos primeras partes de este trabajo,
queda demostrado una vez más que la tan mentada civilización aún no
está cerrada totalmente como tal y que quizás dicho proceso no llegue
alcanzarse nunca, duda ésta que queda a debate y tema también de
futuros artículos. Leamos el párrafo en cuestión: “(...)De un
talego atado a su montura, el mismo guardia sacó un papel que desplegó
y leyó en medio del silencio. Hablaba con lentitud, con fuerza. Casi
gritaba pronunciando marcadamente las erres. Todos podían escucharlo.
“Era un aviso del
gobierno que pedía a la población mantuviera cerradas las
canillas y utilizara el agua únicamente para beber.
-¡A buena hora! ¡Ahora que ya no
hay más!
-¡Siempre psa lo mismo!
-¡Cállense, dejen oir¡
“El aviso informaba a los parisinos que podían consumir agua
del Sena a condición de agregarle unas gotas de agua de Javel, y
terminaba así:
“’El Gobierno y el Consejo
Municipal de París ruegan encarecidamente a la población parisina que
conserve la calma. Todas las medidas van a ser tomadas para asegurar su
abastecimiento en víveres y agua potable. Serán puestas en
conocimiento del público por medio de proclamaciones en las
esquinas’.
“A este aviso siguió otro. Más
breve, anunciaba que era proclamada la Ley Marcial, que el gobierno
militar estaba encargado de hacer reinar el orden, y que todo acto de
pillaje sería castigado con la muerte.
“El guardia nacional plegó sus
papeles, los acomodó en su talego y seguido de los otros tres jinetes
surcó la pasiva multitud con el pecho del caballo. Cuando se vieron
libres, se pusieron al galope y desaparecieron en dirección a los Inválidos.
“Al mismo momento llegaba un pelotón
de agentes motorizados. Habían cambiado sus motos eléctricas desde
ahora paralizadas por unas viejas bicicletas, salidas de algún
polvoriento depósito de la Jefatura de Policía. Les costaba muchísimos
empujar los pedales.
“Se repartieron por pequeños
grupos delante de los cafés y los negocios, comenzaron a hacerlos
cerrar y a dispersar las colas.
“Pero a la multitud, si el calor
le hacía olvidar que iba a tener hambre, sentía por el contrario y
cada vez con más crueldad su sed.
“Las personas que estaban más
cerca de las puertas que les iban a cerrar en las narices protestaron
violentamente. Se sucedieron empujones. Los agentes, golpeados,
contestaron. Algunos, enloquecidos, quisieron, a pesar de las
instrucciones recibidas usar sus metralletas. Les explotaron en las
manos. Fueron sumergidos, pisados, muertos. La multitud se tiró sobre
las bicicletas. Arrancadas, retomadas, tiradas de todos lados, fueron
reducidas a pedazos sin provecho para nadie.
“Las vidrieras y las puertas de
los cafés derribadas, los hombres saltaron por encima de las mesas,
sobre los mostradores, se abalanzaron sobre las botellas multicolores,
se las disputaban como los lobos se disputan un cordero, y se partían
dos por la cabeza para conseguir una tercera. De las canillas abiertas
el vino y la cerveza corrieron hacia recipientes al punto volcados por
el tropel.
“Los primeros saqueadores que
bajaron a los sótanos no pudieron volver a subir, perecieron aplastados
en la húmeda oscuridad, en medio de los barriles reventados, los
pedazos de botellas, bajo el peso de los que llegaban después. Las
suelas resbalaban sobre los licores derramados. Los desgraciados que caían
se destripaban contra los cascos de las botellas. Unos pies les revolvían
el vientre, se enganchaban en sus entrañas, les hundían en la boca sus
gritos de angustia. De la mezcolanza negra subían olores entremezclados
de sangre fresca, de alcoholes destilados y de sanie.
“Algunos favorecidos por la suerte
se escapaban con un litro en cada mano. Los blandían como cachiporras.
Un hombre llegó corriendo al lado de Francisco. Tenía entre las dos
manos una única boltella. Se paró, la miró y maldijo. Francisco vio
en la etiqueta: “Jarabe...” El hombre la tiró lejos con un gesto de
rabia y volvió a partir hacia la batalla.
“Francisco había visto lo suficiente. La
ley de la jungla se iba a convertir en la Ley de la Ciudad”. Julio Zalazar. |
Sociedades Vernianas en el Mundo
|
No caben dudas que Julio Verne es mundialmente conocido gracias a su
prolífica obra; ni qué decir de las remanidas frases hechas que aluden
a su supuesto talento para "predecir" inventos y/o
descubrimientos (en realidad se trata del estrecho vínculo que tenía
con personalidades de la ciencia y con todo lo referido a ella), pero
poco se sabe de aquellos individuos reunidos en organizaciones que
específicamente toman la vida del escritor francés, su personalidad y
su obra como objeto de estudio y centro de debate, y las hay diseminadas
por el mundo. Seguidamente veremos un listado de las más reconocidas: SOCIEDAD JULIO VERNE (Societé Jules Verne) Secretario
General 29,
Chemin de Saint-Prix 95250
Beauchamp Francia Sitio
en INTERNET: http://www.math.technion.ac.il/~rl/JulesVerne/sjv.html ---------------------------------------------------------- SOCIEDAD HOLANDESA JULIO VERNE (Jules
Verne Genootschap) Secretario General De
La Rey straat 74 3851
BJ Ermelo The
Netherlands tel.
+31 (0)341-553657 Sitio
INTERNET:
http://www.jules-verne.nl/ ----------------------------------------------------------- SOCIEDAD NORTEAMERICANA JULIO VERNE (Northamerican
Jules Verne Society) Secretario General 126
Edgewood Ave. Toronto,
Ontario, Canada M4L
3H1 Correo
electrónico:
JulioVerne@iname.com o AndrewNash@canada.com Sitio
INTERNET: http://www.julesverne.ca/najvs.html ------------------------------------------------------------ CLUB
JULIO VERNE DE PAZIN
(Jules Verne Club) "Jules
Verne Club" Stari
Trg 8 52000
Pazin Croatia phone/fax:
++385-52/622-460 Correo
electrónico:
davor.sisovic@pu.tel.hr Sitio INTERNET: http://www.ice.hr/davors/ejvclub.htm CLUB
JULIO VERNE DE BERLIN
(Jules Verne Club) Jules
Verne Club Maximiliankorso
55 D-13465
Berlín Germany Correo
electrónico:
Mail@Julio-Verne-Club.de Sitio
INTERNET: http://www.jules-verne-club.de/ -------------------------------------------------------------------- SOCIEDAD POLACA JULIO VERNE (Polskie
Towarzystwo Juliusza Verne'a) Polskie
Towarzystwo Juliusza Verne'a ul.
Na Uboczu 12/23 02-791
Warszawa Polska Correo
electrónico:
ptjv@poczta.onet.pl Sitio
INTERNET: http://www.ptjv.republika.pl/ ------------------------------------------------------------------------- SOCIEDAD BRITANICA JULIO VERNE (The
Jules Verne Society of Great Britain) Secretario
General The
Jules Verne Society of Great Britain, 26
Matlock Road, Bloxwich, WS3
3QD, England,
United Kingdom Correo
electrónico:
nemo@urania.plus.com Sitio
INTERNET: http://www.julesvernesociety.f2s.com Compilado
por Julio Zalazar. |
Sheridan Le Fanu (1814 - 1873 )
|
El nombre completo de este escritor y periodista
es Joseph Sheridan Le Fanu. Es conocido sobre todo por sus relatos de
misterio y terror. Como tantos otros destacados escritores que
erroneamente se califican de "ingleses", Le Fanu era irlandés.
Nació en Dublin en 1814 en el seno de una culta familia de origen
hugonote (protestantes franceses), vinculada por matrimonio a la del
dramaturgo Richard Brinsley Sheridan. Fue educado en el Trinity
College (es decir, el Colegio de la Trinidad) de Dublin. Se recibió
de abogado en 1839 pero nunca ejerció como tal. Dedicado al
periodismo, llegó a ser propietarios de algunos medios gráficos.
Conviene aclarar que el periodismo ejercitado por Le Fanu poco tiene
que ver con lo que actualmente se entiende por tal, sino con algo
relacionado con la cultura -en el sentido elevado del término, es
decir, el cultivo en tanto búsqueda del enriquecimiento moral, artístico
e intelectual- y no con la promoción desenfrenada de la degradación.
Tras la muerte de su esposa se recluyó en su hogar, dedicándose
intensamente a la literatura. Entre sus obras vinculadas con lo
sobrenatural descollan las novelas The house by the Churchyard
(La casa junto al cementerio) -1863- , Uncle
Silas (Tío Silas) -1864 y la antología de cuentos In
a Glass darkly (Confusamente/oscuramente en/ a través de un
cristal) -1872.
Fue contemporáneo de
Edgar Allan Poe, el caballero sureño, pero sus estilos son muy
diferentes, pues el irlandés incorporó en sus ingeniosos relatos de
misterio y terror, habilmente elaborados, un toque de humor negro
característico de los escritores modernos del género.
In a Glass darkly es a nuestro entender una de sus obras más
logradas y representativas de su talento e ideas. Consiste en una
notable compilación de relatos sobrenaturales donde los pacientes del
Dr. Hesselius son acosados por apariciones malignas y vampiros, o
convertidos en muertos vivos. El doctor explica tales fenómenos en términos
psicopatológicos, pero Le Fanu se muestra deliberadamente ambivalente
sobre tales teorías, y muchas implicancias perturbadoras quedan sin
resolver.
In a Glass darkly se ha convertido en un clásico de la
literatura relacionada con lo oculto y misterioso. Consta de cinco
historias presentadas como casos médicos extraídos de los papeles
del Dr. Martin Hesselius, un científico que investiga fenómenos psíquicos
en términos de enfermedad mental. El título de la obra está
tomado de San Pablo (1 Corintios XIII): "Vemos ahora mediante un
espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco
imperfectamente...". La ligera alteración de las palabras por
parte de Le Fanu parece sugerir no sólo nuestro nebuloso e imperfecto
conocimiento de lo sobrenatural, sino que el "cristal" es
tanto una frágil barrera (el "hielo delgado" de Pink Floyd)
y un espejo que refleja el lado oscuro de la naturaleza humana
(siguiendo con el cotejo pinkfloydiano: "the dark side of the
moon").
Uno de los relatos, Carmilla, está relacionado con
el vampirismo y fue tomado como modelo por Bram Stoker, un compatriota
de Le Fanu, para elaborar Drácula. Laura, una joven
solitaria, es la víctima de la narración, una curiosa mezcla de
relatos tradicionales de vampiros y de folklore irlandés. La bella
vampiro Carmilla tiene mucho en común con los tradicionales espíritus
femeninos irlandeses frecuentemente ligados a una familia determinada,
aunque su fuere sexualidad es un atributo vampírico característico.
Le Fanu hace uso abiertamente del lesbianismo -que no sólo era un
tema tabú para la época, sino que tenía todo tipo de connotaciones
malignas, perversas- para intensificar la tensión y simbolizar la
anormalidad.
Las ingeniosas tramas e historias magistralmente relatadas
de Le Fanu tienen extraños paralelos con su propia vida. Siendo un
joven periodista estuvo apasionadamente involucrado en la política
irlandesa, pero terminó desilusionado; una situación que parecen
compartir los personajes de mucha de sus historias. En 1844 se casó
con Susan Bennett, quien desarrolló una obsesión mórbida y neurótica,
cayendo en una profunda depresión, como los pacientes del Dr.
Hesselius. Tras la temprana muerte de su esposa, Le Fanu se retiró de
la sociedad y dedicó mucho tiempo al estudio de los escritos de
Swedenborg, también frecuentados por Jorge Luis Borges. Swedenborg
comparte la reconfortante idea cristiana y otras tradiciones
religiosas de que la muerte no es un fin, sino la liberación del espíritu
en otro mundo. Esta filosofía nutre los escritos de Le Fanu,
habilmente entrelazada con tradiciones irlandesas.
Greg Haedwm. |
José Pedroni: "El Poeta de la Esperanza"
Andrés A. Ugueruaga
(Gentileza de www.lahiedra.com.ar)
| Ralph
W. Emerson, dijo alguna vez que detrás de cada libro siempre debe estar
el hombre: José Pedroni jamás se desentendió de aquella frase. “El
hermano luminoso” de Leopoldo Lugones, la voz cantante de la epopéyica
fundación de ese pueblo armado por rudas y pacientes manos gringas
llamado Esperanza…De aquellos tempranos días, un viejo árbol en
medio de la plaza lo atestigua. Pedroni comenta en alguna de sus cartas,
de que Esperanza fue fundada por un salteño llamado Aarón Castellanos,
a quien le prodiga un talante legendario y bíblico. Para mayor
coincidencia, Pedroni dice que Castellanos era de sangre hebrea. Pues
Aarón “el que enseña” en su sentido etimológico, debía fundar un
pueblo al norte, sobre las márgenes del Paraná; pero según cuenta la
leyenda, los hombres inspirados por Dios, cambiaron de ruta, cruzaron el
Salado como si fuera el Mar Rojo y se establecieron donde iría a nacer
Esperanza, “la tierra prometida”. Cual si algo debía repetirse:
finalmente las acciones dignas de recuerdo, y aunque no parezca, no han
cambiado a pesar del transcurso de los siglos. Haciéndonos entender
Pedroni que el proceso creativo es siempre el mismo, más allá del
feliz azar. Que esa secuencia de operaciones que dan forma a una gracia,
es seriamente impuesta y llevada a cabo únicamente por ciertas gentes y
sólo en determinados tiempos. La finalidad estética de Pedroni fue
seguramente la de señalar que el número de hechos que se repiten a lo
largo de la historia, se asemejan al ensueño. Y lo que se repite se
anula y sin embargo continúa repitiéndose, como un soberano acto
creador. El conocimiento de la fundación de un pueblo fue desde
entonces, la certidumbre de cada uno de sus libros. Así,
nuestro autor, al iniciar su canto a los hombres eligió a estos
aventureros y entre ellos a su mismo predecesor: lo llamó “Monsieur
Jaquin”, un carpintero suizo que fue poeta y del cual se evidencian no
más que un puñado de escritos, que vivió en el retiro propio de un
ermitaño, en una modesta choza. “Gloria a tu pasatiempo de labrar la
madera / solo para esconder tu
verso en la viruta; / Gloria a tu pereza absoluta”. Así homenajea a
aquel primer poeta y a su afán de plasmar con su alma aquella época,
en que el indio y el profundo monte eran las sombras de aquella luz recién
encendida. Pedroni
creó un universo alrededor de Esperanza, con sus casas y calles llenas
de sol, en que el mundo se plasma en todo y todo está convergiendo allí,
germinando y ya en flor. La vida va yendo hacia la vida: hacia sí misma
y hacia todos lados. Eterna en la estridencia del canto de los pájaros
en cada tarde; en los gestos propios de su mansedumbre provinciana. Como
si la propia tierra lo hubiera alumbrado. Es
que sus libros se asientan en un proceso puramente sensitivo, en la
libertad extrema, donde la individualidad desaparece, y la Naturaleza se
mancomuna con los hombres volviéndose casi indistintos. Por eso podemos
decir que los libros de Pedroni no se interpretan; al igual que los símbolos,
el entendimiento de aquellos empieza donde muere la razón. A
las palabras, Pedroni las administró así para desenterrar y dar
resplandor a eso que es el pasado o es el siempre: ese origen ubicado en
algún lugar y momento, que de todos modos abunda bajo el sol. Para dar
idea de que, de alguna manera, continúa sucediendo; y que las ideas
plasmadas son siempre sino una sola; que ya estuvo en otras manos y en
otros tiempos, y que todo quiere ser llevado sino a un imposible retorno
a lo anterior. Esa
idea es justamente la que lo llevan a encarnar a Aarón Castellanos, la
que lo hacen ser Monsieur Jaquin, su sangre, el sudor, los hombres, la
tierra y el buey, a los que incansablemente cantó. Componiendo a veces
versos de tarde en tarde, en ocasiones (escribiéndolas en su oficina de
una empresa de arados) en el reverso de papeles de frías cifras bursátiles.
Imponiéndose la hipotética tarea de “en la que cada uno debería
detenerse en la calle y mirar como todo madura”, de la cual hablaba el
gran Cesare Pavese.
Su principal afición era sino lo cotidiano y debido a esto, llamó
“social” a su poesía tan sencilla como profunda a la vez. José
Pedroni escribió “Gracia plena”, “Poemas y Palabras”, “Canto
a Cuba”, “Canto al hombre”, entre otros. En 1926 recibió el
Segundo Premio Honorífico de Letras. Por tal mérito, y tantos otros,
Argentina y América Latina conocieron y apreciaron sus libros. Hijo de
inmigrantes italianos, ferviente amigo de escritores como ser Juan L.
Ortiz, Horacio Quiroga, Hugo Gola y Juan José Saer (que prologó sus
Obras Completas), nació en Gobernador Gálvez el 24 de Setiembre de
1899 y falleció en Mar del Plata el 4 de Febrero de 1968. ©Andrés
A. Ugueruaga. infolahiedra@yahoo.com.ar www.lahiedra.com.ar |
|
Mateo
Booz era el seudónimo (de reminiscencia bíblica) del escritor Miguel
Angel Correa, naciodo en Rosario el 7 de agosto de 1881. Tras un
interrumpido bachillerato y un fugaz paso por el comercio, se inicia
como periodista, llevado por el oriental y anarquista Florencio Sánchez,
en el diario La República (de Rosario), que supo dirigir
Lisandro de la Torre. Hacia 1911 se radica en la ciudad de Santa Fe. En
1920 deja el periodismo profesional y se dedica de lleno a la narración
literaria (cuentos y novelas), siendo uno de los grandes cuentistas
argentinos. En la capital de la provincia desempeña los siguientes
cargos públicos: la subsecretaría del Ministerio de Gobierno (1933),
la presidencia del Consejo de Educación (1933-34) y la dirección del
Archivo de los Tribunales y de la Biblioteca y del Archivo Histórico
(1936). Entre sus principales obras se encuentran El tropel (*),
La mariposa quemada, Gente del Litoral, Tres lagunas y Santa
Fe, mi país. Falleció el 16 de mayo de 1943. Luis Sayas Perez. |
Poema del Libro "obra Poética"
(Bs. As., Ed. Emecé, 1961)
- Vicente Barbieri -
|
Cielito Aficionate
a la copla y
ya verás lo que es bueno se
te llenarán las siestas de
mariposas sin sueño. Decíle
palabras lindas: vidita,
prenda, torcaz... Si
te dicen que son cursis dejálos
decir nomás. Ya
se está cayendo el sauce y
el nido del bichofeo ¿Adónde
irán, corazón, las
cosas que ya se fueron? Dicen
que viene el progreso para
suerte del país será
así, no lo discuto, yo
soy un pobre infeliz. Dicen
que todo se cambia: el
rancho y el pajonal; la
estrellita de mi guía, ésa
no cambia jamás. Le
pedí agüita al arroyo para
aplacar esta sed, y
me contestó el arroyo: -
Yo soy el muerto de sed. Vicente Barbieri: Obra poética (Buenos Aires, Emecé, 1961). |
Algunas Reflexiones sobre la Acción
de Consumir desde la Literatura
Casi desde siempre -y sobre todo en los últimos tiempos- esta palabra
es cotidianamente usada como sinónimo de "comer"
y "beber"
(cuando se refiere al consumo de alimentos y bebidas) y de
"usar", cuando se refiere a la compra interminable de
vestimenta, calzado, cosméticos, peluquería, bijouterie, juguetes,
etc.. Además, al concepto se le puede adosar otras costumbres
consumistas que entrarían directamente
en el campo del vicio: cigarrillos, golosinas, drogas, bebibas de
alta graduación alcohólica, sexo "comercial", etc.
Ahora bien: si nos remitimos a la primera definición de la
palabra-verbo "consumir" podemos darnos cuenta que nuestra
vida, cuanto más consumista, más destructiva puede ser; esto es, la
destrucción por la destrucción misma que no da lugar al más mínimo
placer, siendo condición sine
cua non para que éste se manifieste el disfrute, la contemplación,
el análisis y la creación -según cada caso-, en los que entran en
acción algunos y/o todos los sentidos humanos: vista, tacto, gusto y oído,
que unidos a la acción de pensar configuran lo que podríamos denominar
la "realización del Ser Humano". Esto que sostengo de ninguna manera soslaya la
obvia necesidad que tenemos de alimentarnos, vestirnos, hacer el amor,
etc., ya que la existencia humana y la procreación de la especie
dependen de estos hechos, sino que es mi intención remarcar cómo el
consumo-destrucción desplaza en esta sociedad a la satisfacción-placer. En
"defensa" de los seres humanos inmersos en el consumismo (¿
estamos todos ?), puedo decir que el desarrollo y la activación de
cualquier placer legítimo necesita, antes que nada, tiempo. Imaginemos
en nuestra boca una hermosa manzana: la comemos necesariamente con
lentitud para saborear su riquísimo sabor satisfaciendo así el placer
de comer. Sigamos imaginando y veámonos tirados sobre la cama o sobre
una reposera en un ambiente agradable a nuestro gusto, totalmente
concentrados en ese libro que nos transporta a otra realidad (sea o no
ficticia) y nos hace recorrer geografías, mundos, afectos, dramas,
emociones, otras floras, otras faunas, risas, etc. Necesariamente,
tenemos que apelar a nuestro tiempo libre; si es éste el
correspondiente a las vacaciones, mucho mejor. Ni que hablar, en tren de
imaginar, el estar con la mujer u hombre, según cada caso, que amamos y
deseamos en un pleno intercambio sexual en el cual ninguno de nuestros
sentidos deja de intervenir. Con una mano en el corazón: alguien está
en condiciones de sostener cuánto tiempo le insumió el desarrollo de
semejante placer ?. La sola existencia de un reloj cerca con su molesto
tic-tac es motivo de rebeldía sin causa; el tiempo parece haberse
congelado entre las cuatro paredes que nos contienen. Sin embargo,
objetivamente éste ha transcurrido. Y no ha sido poco.
Creo que no hacen falta más ejemplos (los lectores sabrán tenerlos más
concretos en sus memorias). Para terminar de redondear este pequeño artículo,
transcribo a continuación algunos párrafos que tienen que ver con el
tema, desde la perspectiva literaria, y que son de por demás de interesantes...
"El mal no reside en un exceso de mecanización, sino que ya no corre por nuestras venas el suave licor de la curiosidad que impulsara a Magallanes o a Leibniz. Hemos sustituido la virtud de la humanística curiosidad por la satánica comodidad. Nuestros hijos ya no corren por los prados ni trepan a la alta copa de los altos pinos para contemplar más extensión de tierra, sino que permanecen estáticos, tragando sombras, ante los televisores que segregan programas hipnótico-infantiles. Ya no es necesario pensar porque los ordenadores electrónicos nos dicen lo que hemos de creer y lo que no podemos soñar". (Extractado del libro: "Tierra - dos", de Jaime Ministral, Editorial Bruguera -Colección "Libro Amigo"-, Barcelona, 1.972, pág. 92). "A vosotros, los audaces buscadores e indagadores, y a quienquiera que alguna vez se haya lanzado con astutas velas a mareas terribles, a vosotros los ebrios de enigmas, que gozáis con la luz del crepúsculo, cuyas almas son atraídas con flautas a todos los abismos laberínticos, pues no queréis, con mano cobarde, seguir a tientas un hilo y que, allí donde podáis adivinar, odiáis el deducir, a vosotros solos os cuento el enigma que he visto". - Zaratustra. "La visión y el enigma". (Extractado del libro: "La ciencia ficción de Julio Verne", Selección de Domingo Santos, Editorial Hyspamérica -Colección "Biblioteca de ciencia ficción"-, Bs. As.. 1.988, pág. 11). ---------------------------------------------------------------------------------
"Dos
hermanas llamadas Doncan, famosas cuando yo era niño, cantaban una
canción llamada RECORDANDO. 'Recordar es lo único que hago, querido,
con que inténtalo y recuerda tú conmigo'. Repetí la canciòn y no era
una canción, sino un sistema de vida. "¿Qué
podía ofrecer a un mundo que empezaba a olvidar? ¡Mi memoria! ¿Para
qué iba a servir eso? Para ofrecer un nivel de comparación; decirles a
los jóvenes lo que fue en otro tiempo, poner en evidencia nuestras pérdidas.
Descubrí que cuanto más recordaba, más lograba recordar. Según con
quien me sentaba, recordaba las flores de imitación, los teléfonos,
las neveras, las chicharras (¿ha hecho sonar alguna vez una
chicharra?), los dedales, y los clips de bicicleta; no las bicicletas,
no, sino los clips de bicicleta. "En
realidad, no soy más que un evocador de lo vulgar, que al fin y al cabo
es algo que también forma parte de la civilización que acabó por
correr hacia el precipicio, pero de un modo u otro, la civilización
debe ponerse de nuevo en marcha. "Los
que sepan ofrecer delicada poesía, que la recuerden, que la ofrezcan.
Los que sepan tejer y fabricar hermosas redes, que las tejan, que las
fabriquen. Mi talento es menos importante que el de ellos, y tal vez
desdeñable en el largo trecho a recorrer hacia la antigua cumbre. Pero
yo debo soñar que vale la pena. Porque, insignificantes o no, las cosas
que la gente recuerde son las cosas que tratará de recuperar. En
consecuencia, me dedico a ulcerar sus deseos medio muertos con el ácido
de mis recuerdos. "Protestaré
contra las tribus de hombres-mono vagabundos, contra los hombres-ovejas
que mastican hierba de los campos despreciados por los lobos feudales
que se hacen fuertes en las cumbres de los escasos olvidados. Mataré a
esos villanos con un abrelatas y un sacacorchos. "¿Si se será posible conseguirlo? Ha de intentarse". (Extractado del cuento llamado "Al abismo de Chicago", de Ray Bradbury, en el libro "Lo mejor de Fantasy & Science Fiction" -Vol. II-, Selección de Edward L. Ferman, Editorial Hyspamérica, Madrid, 1.986, págs. 71 y 72). ------------------------------------------------------------------------------ "(...)Lo único que deseo es subrayar el principio implícito: el acto del consumo debiera ser un acto humano concreto, en el que deben intervenir nuestros sentidos, nuestras necesidades orgánicas, nuestro gusto estético, es decir, en el que debemos intervenir nosotros comos seres humanos concretos, sensibles, sentimentales e inteligentes; el acto del consumo debiera ser una experiencia significativa, humana, productora. En nuestra cultura, tiene poco de eso. Consumir es esencialmente satisfacer fantasías artificialmente estimuladas, una creación de la fantasía ajena a nuestro ser real y concreto." (Párrafo
extractado del libro "Marx y su concepto del hombre",
de Erich Fromm, Editorial Alianza, pág. 115). ---------------------------------------------------------------------- "(...)Nuestra manera de consumir tiene por consecuencia inevitable que nunca estemos satisfechos, puesto que no es nuestra persona real y concreta la que consume una cosa real y concreta." (Idem
anterior, pág. 116). ---------------------------------------------------------------------- "(...)Vivimos en un mundo de cosas, y nuestra única relación con ellas es que sabemos manejarlas o consumirlas". (Idem
anterior, pág. 116). --------------------------------------------------------------------- "(...)En toda actividad productiva y espontánea, ocurre dentro de mí algo mientras leo, miro hacia el escenario, hablo con amigos, etc. No soy, después de la experiencia, el mismo que era antes de ella. En la forma enajenada del placer no ocurre nada dentro de mí: he consumido esto o aquello, nada ha cambiado dentro de mí, y todo lo que queda es el recuerdo de lo que he hecho." (Idem anterior, pág. 118). Julio Salas. |
- Poesía de Juan L Ortíz -
Este
poeta es argentino. Nació en 1896 y falleció en 1978. El paisaje de
Entre Rios, su provincia natal, se refleja en sus poemas. Es autor de
las siguientes obras, entre otras: El agua y la noche, El alba sube,
El ángel inclinado y La rama hacia el este.
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Juan José Godeol.
Escritor Rosarino.
|
Ver su texto sobre La Calle Córdoba Rosarina Aquí |
|
Este destacado literato y periodista rosarino vio la luz por vez primera
el 10 de junio de 1899 en la localidad española de Tarrasa, Barcelona.
Posteriormente, de la mano de sus padres, llegó a tierras argentinas en 1911, radicándose todos en Bolívar, Pcia. de Bs. As. Será en la Escuela Normal de esta ciudad donde se recibirá de Maestro Normal, profesión esta que fue sólo momentánea en su vida ya que no mucho después se volcará al periodismo. Fue en Rosario, en octubre de 1928, más precisamente en el vespertino "Crónica", donde se inició, formando parte del cuerpo de redacción. Poco después pasó a la naciente competencia, el diario "Tribuna" (antecesor del famoso "La Tribuna", que marcara todo un hito en el periodismo rosarino), cuya línea editorial seguía el pensamiento de Lisandro De La Torre. Será desde estas páginas, con el seudónimo de R.I.P., donde destilará todo su talento a través de originales sonetos, en los cuales abordó temas de actualidad con agudeza, ingenio y fino humor. Eran sus "Ripiadas", como gustaba llamarles. Apenas un año después, fundó junto a Luis S. Bitetti un semanario llamado "Cinema". Con formato de revista, esta publicación tuvo una trayectoria aceptable ya que duró 8 años, durante los cuales se llegaron a editar 415 números en los que se reflejaron la vida social, cultural y deportiva del Rosario de la época, y en donde la historia y la literatura ocuparon un sitial importante. El talento de su pluma se extendió allende las fronteras rosarinas. El popular diario porteño "Crítica" lo contará como colaborador destacado. Poco después el matutino "Acción" lo contrató como editorialista. En este medio periodístico no duró mucho por incompatibilidades ideológicas con su director. Con varios años de permanencia en Bs. As., llegó a ser jefe de publicidad de la empresa Estudios Filmadores Argentinos. Si bien por cuestiones de salud se alejó momentáneamente de allí (estuvo en Pueblo Yrigoyen -Pcia. de Santa Fe- junto a su esposa, Luisa Torres), en 1962 volvió para ejercer su pasión por el periodismo durante 5 años más. Jubilados tanto él como su mujer -era farmacéutica-, regresaron a Rosario a disfrutar merecidamente de la paz y la tranquilidad que brinda la ausencia de obligaciones laborales. Aun así, pese a su condición de pasivo, J. J. Godeol no abandonó jamás su gusto por escribir, lo que lo llevó a meterse de lleno en la elaboración de un libro de fábulas. Lamentablemente no alcanzó a publicarlo ya que la muerte lo sorprendió el 5 de febrero de 1974, a los 74 años de edad. Julio Zalazar. |
|
Novelista
y político español nacido en Valencia (1867) y muerto en Menton
(Provenza, Francia) hacia 1928. Se le puede considerar como el último
escritor de relieve de la escuela naturalista. En su juventud fue un
revolucionario. Después, como republicano, organizó una campaña
contra el rey de España, Alfonso XIII de Borbón, por lo que que el
gobierno del general Primo de Rivera lo expulsó del país, radicándose
en Francia en 1923. Su vida fue agitada, aventurera y vagabunda,
cualidades que se reflejan en su obra. Su
vinculación con el movimiento de la Renaixença valenciana fue breve y
marcado por la influencia de Constantí Llombart. En
1887 publica, ya en castellano, la compilación Fantasías,
leyendas y tradiciones. De
su época valenciana nos ha dejado una serie de novelas costumbristas y
regionales, como Arroz y tartana (1894), en la que
describe la capital levantina, Valencia, en días de fiesta y mercado,
mezclando un drama doméstico; La barraca (1898), Cañas
y barro (1902) y otras. Escritor
fecundo, tiene también obras de carácter político, socialista y
anticlerical: La catedral (1903), con bellísimas
descripciones, en las que inserta personajes como Gabriel, el
anarquista, o la desgraciada Sagrario; La bodega y La
horda, ambas de 1905. Entre estas novelas de crítica social,
elaboradas durante se residencia en Madrid, también se cuenta El
intruso. De carácter psicológico son las obras La
maja desnuda (1906); Sangre y arena (1908),
que no deja de ser un relato simple y superficial, pero que también
tiene sus encantos descriptivos, por ejemplo la Semana Santa de Sevilla;
y Los muertos mandan (1909), en donde trata de los
chuetas, o judíos mallorquines. De 1909 también data Luna
Benamor. Otras
obras de su autoría son: La tierra de todos (1912), de
ambiente argentino; Los cuatro jinetes del Apocalipsis
(1916) -su más grande éxito literario, escrito a favor de la
causa aliada- y Mare Nostrum (1918), ambos sobre la
Primera Guerra Mundial. Entre
1919 y principios de los años '20 su producción adquiere un tono
cosmopolita y de cierta superficialidad, como puede observarse en Los
enemigos de la mujer (1919) y El paraíso de las
mujeres (1922). Hacia
1923 emprendió un viaje alrededor del mundo, que describe en su obra
autobiográfica La vuelta al mundo de un novelista (3
volúmenes, 1925). Ya
en Francia, cultivo la novela histórica con intenciones patrióticas. El
Papa del mar (1925), A los pies de Venus
(1926) y En busca del Gran Khan (1928) son algunas
de esas creaciones. Para
tener una idea de su fecunda labor de escritor, debe tenerse en cuenta
que después de Cervantes ha sido el novelista más traducido. Los
cuentos Cuentos Valencianos (1896) y La
condenada (1900), por un lado, y las novelas Flor
de mayo (1896), La barraca, Entre naranjos
(1900) y Cañas y barro (1902), por el otro,
constitiyen la parte más sólida de su obra. En
el marco de la actividad política, representó varias veces a su ciudad
natal como diputado en las Cortes, destacándose por sus dotes de orador
y su osadía. Obtuvo una notable recuperción popular. Siendo muy joven
ingresó al movimiento republicano de Pi i Margall. A la par de su gran
activida de orador, desarrolló una no menos intensa labor periodística.
En 1894 fundó el diario "El Pueblo, en Valencia, donde comenzó a
publicar su novela Arroz y tartana. Tras
una serie de conferencias pronunciadas en distintas ciudades de los
Estados Unidos, la universidad de Washington le nombró Doctor
honoris causa en 1920. Varios
de sus libros fueron llevados al cine en Hollywood. Cabe
también acotar que Blasco Ibáñez promovió la creación de colonias
agrícolas de inmigrantes valencianos en la Argentina. Ricardo V. Accurso. [ Ver el artículo sobre su movimiento político Aquí ] |
A doscientos largos kilómetros al sureste de Pest, en Hungría, nos encontramos con la ciudad de Mako (importante centro agrícola famosa por sus cebollas y sus vinos) y con la existencia, allá por la primera mitad del siglo XIX, de un matrimonio joven y trabajador; él judío y ella austríaca. Del amor de ambos nació el 10 de abril de 1847 Jhosep Pulitzer. A Budapest se fue a comenzar sus estudios. Por entonces, sus ideas no estaban muy claras; no sabía lo que deseaba ser. La carrera militar, la abogacía y el periodismo lo seducían por igual. Con respecto a lo primero no le fue bien: no pudo ingresar en el ejército de su país ni en la Legión Extranjera a punto de cumplir los diecisiete años. En plena Guerra de Secesión -1864- J. Pulitzer se va a los EE. UU. siendo aún adolescente. Allí se tomó revancha e ingresó pronto en el Regimiento General de Caballería, en donde prestó servicio hasta el final de la contienda (13 de abril de 1865) en favor de los nordistas antiesclavistas. Al día siguiente, Abraham Lincoln moría víctima de un atentado. En el marco de la reconstrucción postbélica de la nación norteamericana, J. Pulitzer se inclinó al estudio de las leyes. No obstante, fue el periodismo el que lo atrajo con más fuerza; así pasó a trabajar como reportero en el periódico alemán Westliche Post, uno de los más importantes de Saint Louis. Echando anclas en forma definitiva en esta profesión le dijo adiós a la milicia y a las cuestiones jurídicas. Sin embargo, su espíritu luchador no se desvaneció: el Movimiento de los Republicanos Liberales fue su campo de batalla contra la corrupción. Si bien sus comienzos fueron duros, en 1869, cuando llevaba un año trabajando en el Westliche Post, ya había sido admitido para actuar dentro de las filas Republicano-Liberales y, además, elegido en ese mismo año para la Legislatura de Missouri. En esta fecha comenzó su gran actividad política y periodística; y prueba de sus progresos en su voluntad de lucha lo constituye el hecho de que llegó finalmente a ser el director del Westliche Post. Es más: a cuatro años de sus comienzos pasa a ser co-propietario del periódico alemán. En cuanto a su actividad política, figura como uno de sus jalones más importantes su actuación, en 1872, como delegado a la Convención del Partido Liberal Republicano influyendo mucho a la hora de que Horace Greeley fuese nombrado candidato liberal a la presidencia, contra Grant, demócrata, quien finalmente lo derrotó. Tres años después, Jhosep Pulitzer se cansó del Partido Liberal y se hizo demócrata, llegando a ser miembro de la Convención Constitucional del Estado de Missouri. Este cambio llevó aparejado la venta de las acciones del periódico, de tendencia claramente liberal. En 1877, toma el barco hacia Europa. Allí, se desempeñó como corresponsal especial del New York Sun, siendo reconocidos sus artículos europeos, escritos en un inglés correcto y preciso, como una nueva tendencia dentro de los estilos periodísticos. Al año siguiente, de nuevo en los EE. UU., compró el St. Louis Dispacht y lo fusionó con el Evening Post en el Post Dispacht, lo que constituyó una verdadera aventura periodística que salió bien porque éste fue uno de los más importantes de esta ciudad. En 1880 era ya su único propietario, emprendiendo con él el camino de una gran fortuna. No se detuvo allí. Tres años después compró el New York Herald y también lo llevó, de ser uno de los de menor tirada, a ser uno de los de mayor venta en el País del Norte. En su afán expansionista, cerca del puente de Brooklyn construyó uno de los primeros rascacielos de la nación para convertirlo en sede de sus periódicos. Inaugurando una nueva fase en el periodismo a través de su estilo sensacionalista, peleó, pese a las apariencias, como un león contra los elementos corrompidos de la vida comercial y política. Pese a ser elegido en 1885 miembro de la United States House of Representatives of New York, desecha la vida política y renuncia a su cargo a los tres meses para entregarse de lleno a su pasión periodística. Dos años más tarde empiezan los malos tiempos para Jhosep Pulitzer. Porque tenía una enfermedad a los ojos comienza a perder la visión de tal modo que, veinticuatro meses después, acaba ciego. Empero, durante muchos años más continuó con su actividad; y prueba fehaciente de esto último es la fundación que realiza en agosto de 1903 de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, a la que dotó de un millón de dólares para que pudiese funcionar sin problemas. Mientras, siguió al frente de sus periódicos como si tal cosa. En Chesterton, en 1911, lo sorprende la muerte. Pocas horas antes de su deceso se halla todavía en actividad. A su muerte legó un nuevo millón de dólares a la Escuela de Periodismo arriba señalada, medio millón a la New York Philarmonic Society, y otro medio al Metropolitan Museum of Art, además de dejar constituído el fondo para la entrega de premios que finalmente llevarían su nombre con la suma inicial de doscientos cincuenta mil dólares. Esta es la obra de un emigrante magyar en América; y habla por sí sola de la grandeza de un hombre como pocas veces, lamentablemente, se da en el mundo. Julio Salas.
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La Tragedia de lo Ancestral en
"Crónica de una Muerte Anunciada",
de Gabriel García Marquez
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Según el escritor mexicano Juan Villoro, “el prejuicio que veía al escritor como artista y al periodista como artesano resulta obsoleto”. Esto ya lo había comprendido tiempo atrás García Márquez cuando escribió “Crónica de una muerte anunciada”, al novelar un hecho registrado por el periodismo y ocurrido en Colombia en 1951. Según Villoro, “una crónica lograda es literatura bajo presión”, y García Márquez decidió ficcionalizar la realidad cuando esa historia ya había sido clausurada, y cuando resolvió el problema del narrador: “...al cabo de treinta años descubrí algo que muchas veces se nos olvida a los novelistas: la mejor fórmula literaria es siempre la verdad”. (1) Villoro analiza ese híbrido genérico que resulta la crónica: “Si Alfonso Reyes juzgó que el ensayo era el centauro de los géneros, la crónica reclama un símbolo más complejo: el ornitorrinco de la prosa. De la novela extrae la condición subjetiva, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes y crear una ilusión de vida para situar al lector en el centro de los hechos; del reportaje, los datos inmodificables; del cuento, el sentido dramático en el espacio corto y la sugerencia de que la realidad ocurre para contar un relato deliberado, con un final que lo justifica; de la entrevista, los diálogos; y del teatro moderno, la forma de montarlos; del teatro grecolatino, la polifonía de testigos, los parlamentos entendidos como debate; la “voz del proscenio”, como la llama Wolfe, versión narrativa de la opinión pública cuyo antecedente fue el coro griego; del ensayo, la posibilidad de argumentar y conectar saberes dispersos; de la autobiografía, el tono memorioso y la reelaboración en primera persona. El catálogo de influencias puede extenderse y precisarse hasta competir con el infinito. Usado en exceso, cualquiera de esos recursos resulta letal. La crónica es un animal cuyo equilibrio biológico depende de no ser como los siete animales distintos que podría ser”. (2) Etimológicamente, “crónica”, viene de “cronos”, tiempo, y precisamente es un relato que trata de sucesos en el tiempo. La crónica recupera los sucesos ocurridos en un tiempo, los hace verosímiles, como si volviesen a ocurrir. Según apunta Tomás Eloy Martínez en su libro Ficciones verdaderas: “El lunes 22 de enero de 1951, un estudiante de Medicina, “alto, delgado, de facciones finas”, a punto de cumplir 24 años, fue asesinado en Sucre, un pueblo de la costa del río Magdalena, en Colombia. Los ejecutores fueron José Joaquín y Víctor Chica Salas, quienes creían vengar así el honor mancillado de Margarita, la hermana que se había casado el sábado anterior. La víctima, Cayetano Gentile Chimento, era un cercano amigo de Gabriel García Márquez y de su familia” (3) García Márquez realizó algunos cambios, como los nombres y las edades de los personajes, y además condensó el tiempo de los hechos en veinticuatro horas, cuando en la realidad ocurrieron en tres días. A partir del título mismo, el lector no solamente conoce el desenlace sino el género que el narrador utilizará para contar su historia. Leemos en el epígrafe: “La caza de amor/ es de altanería” del autor Gil Vicente, escritor portugués de piezas teatrales de tono pastoral y religioso, entre los siglos XV y XVI. El sustantivo “caza”, proveniente de “cacería”, significativo de acorralar y de atrapar a la presa. ¿Quién es en esta historia la presa de cacería? Por otro lado, el término “altanería” está referido a la caza con halcones “u otras aves de cetrería”, que perseguían a la presa hasta herirla o matarla. No olvidemos que además el sustantivo “altanería” significa soberbia, y son soberbias, pertenecen a la clase alta, las personas que ejercen ese tipo de actividad (la caza con halcones). ¿Qué significará en esta historia “la caza de amor”? La oración subordinada adverbial temporal del comienzo que anuncia el fatal final del protagonista es el “gancho” del que se vale García Márquez para atrapar al lector. Él mismo aclaró en una entrevista que admiraba profundamente la técnica utilizada por Kafka, quien en “La metamorfosis”, con la oración inicial “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto” en donde el protagonista ya está signado, el lector, sin embargo, queda fascinado y atrapado por la lectura hasta el final del relato. Aquí el lector ya sabe cómo terminará el protagonista, pero sigue la lectura porque le interesa reconstruir la historia de esa muerte, que es lo que va a tratar la “nouvelle”. El relato vuelve una y otra vez en torno al momento del homicidio, y en cada vuelta se van añadiendo detalles que parecen haberse desechado en un principio pero que finalmente resultan esenciales. La escritura del género “crónica” se deja sentada al registrar la hora en que Santiago se levanta la mañana de su muerte. La realidad representada por la hora y los actos que va realizando el protagonista se mezclan con el mundo onírico, con los presagios funestos, que a su vez el narrador deposita como una evidencia más del desenlace. “Siguiendo usos de la ficción, la crónica también narra lo que no ocurrió, las oportunidades perdidas que afectan a los protagonistas, las conjeturas, los sueños, las ilusiones que permiten definirlos” (...) Con todo, el cronista no puede dejar de ensayar ese vínculo de sentido, buscar el talismán que una la precariedad íntima con la manera épica de compensarla” (4) El relato contradice la fama de Plácida, la madre de Santiago (¿o tal vez ella no pudo anticipar el final de su hijo por su ciego amor materno, que incluso le predice buena salud?: “todos los sueños con pájaros son de buena salud”, y luego la aclaración hecha por el narrador: “ella no le puso atención a los árboles”. Los presagios tampoco son interpretados por Santiago (protagonista-víctima o héroe trágico); conviene recordar aquí que en la tragedia “Edipo rey”, de Sófocles, Edipo es el único que no logra interpretar su propio destino. Horas con minutos y acciones del personaje y de los que se mueven a su alrededor son registrados con la minuciosidad del cronista. Poco a poco se va delineando la personalidad de Santiago. El elemento “arma”, índice de una sociedad violenta, acostumbrada a vivir (y a dormir) con la muerte lo acompaña, si bien se aclara que él es prudente con las armas. Y en ese día, como si fuese en busca de su destino, Santiago va desarmado, lo que lo hace indefenso, acentúa su carácter de víctima. A partir del último momento con su hijo, Plácida pasa a ser para la crónica un ser legendario: ¿es una especie de Yocasta, ya que dice que para ella su hijo es su marido? El narrador omnisciente traza la historia de esta familia y luego retoma el momento del comienzo, cuando Santiago va vestido de blanco a recibir al obispo, porque lo fascinaban los fastos de la Iglesia, aunque presiente que el obispo no va a bajar, porque odia al pueblo. Plácida, en cambio, siente total indiferencia hacia esa visita y sólo le interesa que su hijo no se resfríe. A la voz del narrador se suma la voz de Victoria Guzmán para aportar datos a la crónica, datos sobre el tiempo y sobre Santiago, al que no quiere, pues él acosaba a su hija, y además, Victoria había sido seducida por el padre de Santiago. En ella se resume el odio y la sujeción de la raza negra: “...Santiago Nasar la agarró por la muñeca cuando ella iba a recibirle el tazón vacío. -Ya estás en tiempo de desbravar- le dijo. Victoria Guzmán le mostró el cuchillo ensangrentado. -Suéltala, blanco –le ordenó en serio- De esa agua no beberás mientras yo esté viva (...) “Era idéntico a su padre”, le replicó Victoria Guzmán. “Un mierda”. “...la intervención de la subjetividad comienza con la función misma del testigo. Todo testimonio está trabajado por los nervios, los anhelos, las prenociones que acompañan al cronista adondequiera que lleve su cabeza” (5) Los presagios vuelven: la sirvienta Victoria arrancando y tirando las entrañas del conejo y la advertencia de Santiago: “Pero no pudo eludir una ráfaga de espanto al recordar el horror de Santiago Nasar cuando ella arrancó de cuajo las entrañas de un conejo y les tiró a los perros el tripaje humeante. -No seas bárbara- le dijo él. Imagínate que fuera un ser humano. Victoria Guzmán necesitó casi veinte años para entender que un hombre acostumbrado a matar animales inermes expresara de pronto semejante horror.” Recordemos que en la antigüedad, los sacerdotes predecían un futuro adverso mirando las entrañas de los animales sacrificados. A Victoria le llevó casi 20 años para entender, y lo ve casi como una revelación. Con la técnica del flash back, el narrador hace un retroceso en el tiempo para describir la historia de la casa de los Nasar. La puerta de la casa, por donde saldrá Santiago el día de su muerte, por donde lo esperan los hombres para matarlo, es otro de los objetos que marcan el presagio. El juez intenta dar una explicación racional y apela a los dichos de Plácida, pero éstos no son asentados en el sumario. Hay contradicciones de los testigos: Victoria Guzmán y su afirmación sobre su desconocimiento de que a Santiago lo iban a matar. Años más tarde dice que sí lo sabía, no solamente ella, sino también su hija. Pero ella no le advierte a Santiago porque lo odia, y su hija no le advierte porque le teme. Se suma el testimonio de Divina Flor (nombre que es alusión a la virginidad de la joven): ella deja la puerta sin tranca por las dudas, pero él no ve la advertencia que han tirado debajo de la puerta. “El intento de darles voz a los demás –estímulo cardinal de la crónica- es un ejercicio de aproximaciones. Imposible suplantar sin pérdida a quien vivió la experiencia”.(6) Los nombres de los personajes, en especial los masculinos, son bíblicos: los mellizos Pedro y Pablo, Santiago, Cristo Bedoya, hasta el cura párroco, llamado Amador. También hay una alusión bíblica en el nombre de la estancia de los Nasar: El Divino Rostro, todo contribuye al tono de la tragedia. El apellido de los gemelos y de la familia aparentemente ultrajada en su honor es Vicario: según el diccionario, el vicario apostólico es el prelado que rige una circunscripción eclesiástica en un territorio donde no está introducida la jerarquía de la iglesia. También Vicario es uno de los títulos que se le da al Papa. Pedro y Pablo eran dos de los apóstoles de Jesucristo. Pedro era un pescador de Galilea que siguió a Cristo junto con su hermano Andrés. Después de muerto Jesucristo se convirtió en el paladín del colegio apostólico y predicó el Evangelio. Fue el primer obispo de Antioquia y se trasladó a Roma, donde padeció el martirio durante la persecución de Nerón. El nombre de Pablo era Saulo, de familia judía y fariseo intransigente. Capitaneaba una hueste destinada a extinguir la religión cristiana. Cuando se dirigía a Damasco, oyó la voz del cielo y se convirtió. Se retiró al desierto de Arabia donde estuvo tres años e inició una vida de peregrinación y predicación en Damasco y Jerusalén, donde Bernabé lo introdujo en el círculo de Pedro y de Santiago. Posteriormente realizó sus tres viajes apostólicos: Asia Menor, Grecia y Roma. Murió decapitado durante la persecución de Nerón. ¿Cuál es la fe que profesan los mellizos Vicario, sino el cumplir ciegamente, con el mandato de la honra (que es imposible de eludir) en nombre de su familia y también de Bayardo San Román? En la Biblia encontramos los siguientes pasajes en la Epístola universal de Santiago: “El hermano que es de humilde condición, gloriese en su exaltación/ pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas” Los versículos semejan una predicción para Santiago Nasar, rico y hermoso, que termina muriendo (marchitándose) en una mañana de sol abrasador. En la “nouvelle”, los hermanos Vicario “eran de catadura espesa pero de buena índole”, y el narrador reafirma ese concepto, ya que dice que él los conocía desde que habían ido juntos a la escuela. El aspecto de los gemelos es sufrido, da la sensación de que deben cumplir una misión. Clotilde Armenta les pide “que lo dejen para después, aunque sea por el señor obispo”. Ese instante de gracia en que los mellizos lo perdonan, o mejor, retrasan su muerte, es tomado como “un soplo divino”: alude a la presencia del obispo. Todo el pueblo va a rendirle su homenaje: llevan gallos porque al obispo le gusta la sopa hecha con sus crestas, pero el prelado, que viaja en un barco de vapor, no se detiene, imparte su bendición “de memoria, sin malicia ni inspiración”. Para Santiago Nasar la contrariedad es momentánea, solamente porque recuerda su contribución. El narrador atestigua citando el recuerdo de su hermana Margot, quien alude también a la cantidad de comida y bebida utilizada para el casamiento de Ángela Vicario y Bayardo San Román. Cuando Santiago habla, Margot “siente pasar el ángel”: puede ser tomado como un signo de muerte, aunque ella expresa otra cosa, que es un excelente partido. Este es uno de los varios elementos contrastantes que encontramos en la historia. Otro, son los adornos y despojos de la boda: las guirnaldas de colores que parecían puestas para recibir al obispo, y que sin embargo eran los restos del festejo, las botellas vacías y los desperdicios de la parranda pública en la mañana en que arriba el obispo. Finalmente, el único lugar abierto en el pueblo esa mañana, la tienda de leche que queda junto a la iglesia, un lugar que debería ser apacible, y sin embargo es allí donde se sientan los dos hombres a esperar a que pase Santiago para matarlo. Clotilde Armenta presiente a Santiago como un fantasma por el brillo del sol en la vestimenta blanca, pero no le advierte sobre el peligro, solamente atina a detener su respiración para no despertar a los mellizos. Por otra parte, Santiago Nasar retrasa sus acciones pese a la insistencia de Margot: “se despidió de ella con la misma señal de la mano con que se había despedido de su madre y se alejó hacia la plaza llevando a Cristo Bedoya”: esa señal de saludo que va marcando el último instante en que sus más íntimos lo ven con vida ; los movimientos del personaje se “congelan” como una película, y acentúan su carácter trágico. Todos saben y cuando lo ven todavía vivo, piensan que la noticia que se corría había sido una broma. Pero nadie le pregunta, pues les parece que no es posible que ya no haya sido prevenido: no obstante, tampoco nadie le previene. “La crónica es la restitución de esa palabra perdida. Debe hablar precisamente porque no puede hablar del todo. ¿En qué medida comprende lo que comprueba? La voz del cronista es una voz delegada, producto de una “desobjetivación”; alguien perdió el habla o alguien la presta para que él diga en forma vicaria. Si reconoce esta limitación, su trabajo no sólo es posible sino necesario” (7) Una de las pocas (junto con la madre de Santiago) que no sabe que van a matar al joven, es la hermana del narrador, y éste se permite la duda, y se asombra aún más de que no lo sepa su madre, Luisa Santiaga, otro personaje de leyenda que tiene el don de la adivinación. Y el narrador vuelve a los elementos contrastantes: el ayer y el hoy, al recordar las características de la madre cuando él era niño, el recibimiento y agasajo popular hacia el obispo, y el desprecio conque el prelado les corresponde, y el casamiento y festejo popular de Ángela y Bayardo y el repudio de aquella por parte de su marido. Luisa Santiaga no termina de oír la noticia cuando ya se anticipa a la muerte: ahora sí funciona su don. Quiere prevenir a su comadre y contra su costumbre, sale de la casa. Pero su apuro es para que Plácida sepa que su hijo va a morir, no para que se salve Santiago: la fatalidad del destino del héroe trágico. Bayardo es presentado como un personaje legendario, aunque en principio su figura mueve a equívocos, es ambigua: "Bayardo San Román, el hombre que devolvió a la esposa, había venido por primera vez en agosto del año anterior: seis meses antes de la boda. Llegó en el buque semanal con unas alforjas guarnecidas de plata que hacían juego con las hebillas de la correa y las argollas de los botines. Andaba por los treinta años, pero muy bien escondidos, pues tenía una cintura angosta de novillero, los ojos dorados, y la piel cocinada a fuego lento por el salitre. Llegó con una chaqueta corta y un pantalón muy estrecho, ambos de becerro natural, y unos guantes de cabritilla del mismo color. Magdalena Oliver había venido con él en el buque y no pudo quitarle la vista de encima durante el viaje. “Parecía marica”, me dijo. “Y era una lástima, porque estaba como para embadurnarlo de mantequilla y comérselo vivo”. No fue la única que lo pensó, ni tampoco la última en darse cuenta de que Bayardo San Román no era hombre de conocer a primera vista”. Todos sus actos son de héroe épico ganador. Aunque algunas de sus acciones semejan las de un mafioso: compra a las personas para satisfacer sus deseos personales: a los mellizos, al viudo Xius, a toda la familia de Ángela Vicario. El tema de la honra y del honor cruza toda la nouvelle, como símbolo de la tragedia que se desencadena por este sentimiento: la honra representada por la virginidad de toda joven que esté por casarse es propio de culturas ancestrales. Pura Vicario, la madre de Ángela, es la principal custodia de la honra de su hija, la cual quiere tener el valor para matarse antes de que se descubra la verdad, pero no puede: recordemos la frase final de Bernarda Alba en la tragedia de García Lorca “La casa de Bernarda Alba”: “mi hija ha muerto virgen”. Ángela pretenderá resolver con artilugios que le ayuden a que aparezca la sábana manchada con sangre, símbolo de la virginidad legalmente perdida, salvaguarda del honor femenino y fundamentalmente familiar. Se casa con esa ilusión, y luego decide no recurrir a tales artimañas para no engañar a su marido. Bayardo quiere comprar la ilusión de casarse con una mujer virgen y con su dinero pretende llegar a que los case el obispo, a lo que Ángela se niega, por pertenecer a una humilde familia que en consecuencia desprecia los más altos estamentos religiosos. La única que comprende que Ángela se haya vestido como una virgen es la madre del narrador; los demás piensan que ha sido una profanación. Tanto el personaje de Bayardo como el de Santiago, -el uno porque no se sabe realmente por qué ha ido a parar a ese pequeño pueblo caribeño, el otro porque en ningún momento deja traslucir algún tipo de sentimiento hacia Ángela, como no sea el calcular cuánto ha salido la fiesta-, se presentan como incógnitas que no serán develadas por el narrador. La boda y el posterior asesinato serán recordados en el pueblo como elementos que sirven para que cada uno recuerde a su vez con total precisión qué estaba haciendo en esos momentos: las grandes tragedias sirven para que los pequeños actos trasciendan a través del tiempo. Cuando reaparecen Bayardo y Ángela en casa de los Vicario, Pura relata que aquél tenía un color verde semejante al color de la muerte; aquí podemos encontrar una alusión al “Romance Sonámbulo” de Federico García Lorca: “Con la sombra en la cintura/ ella sueña en su baranda,/ verde carne, pelo verde,/ con ojos de fría plata./ Verde que te quiero verde./ Bajo la luna gitana,/ las cosas la están mirando/ y ella no puede mirarlas” (8) en el que la acción o el reverbero del verde y de la luna representan las fuerzas veladas de la muerte. El verde de la noche iluminada, la luz que se refleja en las pieles cetrinas dándoles un tinte mortífero: “Le contó que había abierto la puerta sin encender la luz para no despertar a nadie, y vio a Bayardo San Román en el resplandor del farol público, con la camisa de seda sin abotonar y los pantalones de fantasía sostenidos con tirantes elásticos. “Tenía ese color verde de los sueños”, le dijo Pura Vicario a mi madre. Ángela Vicario estaba en la sombra, de modo que sólo la vio cuando Bayardo San Román la agarró por el brazo y la puso en la luz. Llevaba el traje de raso en piltrafas y estaba envuelta en una toalla hasta la cintura. Pura Vicario creyó que se habían desbarrancado con el automóvil y estaban muertos en el fondo del precipicio. -Ave María Purísima- dijo aterrada- Contesten si todavía son de este mundo”. Pura (nombre simbólico: ella es custodia de la pureza de su hija), será la encargada de castigar duramente a Ángela por haber perdido su honra con un desconocido antes de casarse; es la traición de su hija, que no ha mantenida intacta su pureza a pesar de todas las prohibiciones familiares. Pero la castigará sin gritos ni ruidos, para que nadie se entere. Sin embargo, Ángela se siente aliviada: ha expiado su falta. Y luego viene la acusación. Ella será la encargada de decidir el destino de Santiago: ¿lo acusa porque es fácil sospechar de un “gavilán pollero”, lo acusa porque es poderoso, porque sabe que él se ríe de ella y jamás la hubiese abordado? Probablemente por todo esto. “Homicidio en legítima defensa del honor” se caratula la causa: el honor es el valor supremo, que se impone sobre el de la vida. Sin embargo, los gemelos demoran y tratan de aplazar la ejecución, pero todo se confabula para que ésta finalmente se cumpla. El poder del destino decide las acciones de los personajes. El narrador detiene o retarda la acción con detalles sobre vida y costumbres de los personajes, marchas y contramarchas, equívocos, avisos que nunca llegan a concretarse, hasta que finalmente llega el anuncio de la muerte. “De la lectura de la Crónica se desprende una verificación inmediata para el lector: en medio de lo pormenorizado del relato, en esa trama de causalidades que desembocan en el asesinato de Nasar abundan los hiatos y las lagunas. Ciertamente no pueden atribuírse a inepcia del escritor sino que desempeñan una función; esa función deriva de un doble imperativo ético y estético. Son, si se quiere, parte del texto, y parte importantísima; son decisivos para que la Crónica sea, como lo es en efecto, una breve y luminosa obra de arte” (9) El momento del crimen de Santiago se deja casi para el final de la nouvelle. Antes de esas acciones terribles, se describe la autopsia, que será supervisada por el cura, ya que el doctor Iguarán se había ido el día anterior para no estar cuando llegara el obispo: se deja bien marcado el enfrentamiento entre religión y ciencia. El cuerpo de Santiago, como el de un muerto ilustre, será expuesto a la vista de todos. El pueblo había contemplado también su asesinato como una especie de ritual o de espectáculo teatral. La autopsia es definida como una masacre: la carnicería sobre el cadáver sigue ejecutándose como en los últimos momentos de su vida. La practican personas inexpertas y con herramientas inadecuadas. Las heridas que sufriera en vida son descriptas con la minuciosidad de un legista y la punzada en su mano, según el informe del padre Amador “parecía el estigma del Crucificado”: un detalle más para acentuar el carácter trágico del protagonista. Es irónico el debate entre el cura y el médico sobre el tamaño del hígado, que reaviva enconos entre ciencia y religión: “La masa encefálica pesaba sesenta gramos más que la de un inglés normal, y el padre Amador consignó en el informe que Santiago Nasar tenía una inteligencia superior y un porvenir brillante. Sin embargo, en la nota final señalaba una hipertrofia del hígado que atribuyó a una hepatitis mal curada. “Es decir -me dijo- , que de todos modos le quedaban muy pocos años de vida”. El doctor Dionisio Iguarán, que en efecto le había tratado una hepatitis a Santiago Nasar a los doce años, recordaba indignado aquella autopsia. “Tenía que ser cura para ser tan bruto”, me dijo. “No hubo manera de hacerle entender nunca que la gente del trópico tenemos el hígado más grande que los gallegos” (...)” “Nos devolvieron un cuerpo distinto”, dice el narrador, asumiendo la voz colectiva cuando se refiere a que Santiago deberá ser enterrado inmediatamente ya que ha sido despojado de su fisonomía. “El cronista trabaja con préstamos; por más que se sumerja en el entorno, practica un artificio: transmite una verdad ajena. La ética de la indagación se basa en reconocer la dificultad de ejercerla: “Quien asume la carga de testimoniar por ellos sabe que tiene que dar testimonio de la imposibilidad de testimoniar”, escribe Agamben. La empatía con los informantes es un cuchillo de doble filo. ¿Se está por encima o por debajo de ellos? En muchos casos, el sobreviviente o el testigo padecen o incluso detestan hallarse al otro lado de la desgracia: “Esta es precisamente la aporía ética de Auschwitz”, comenta Agamben: “el lugar en que no es decente seguir siendo decentes, en el que los que creyeron conservar la dignidad y la autoestima sienten vergüenza respecto a quienes las habían perdido de inmediato”. ¿Qué espacio puede tener la palabra llegada desde fuera para narrar el horror que sólo se conoce desde dentro” de acuerdo con Agamben, el testimonio que asume estas contradicciones depende de la noción de “resto”, la crónica se arriesga a ocupar una frontera, un interregno: “los testigos no son ni los muertos ni los supervivientes, ni los hundidos ni los salvados, sino lo que queda entre ellos” (10) ¿Cómo quedan los personajes después de la tragedia?: -el narrador trata de buscar consuelo con María Alejandrina Cervantes, quien a su vez trata de consolarse comiendo, y cuando finalmente llega el encuentro amoroso, ella se aparta, diciéndole que huele a Santiago. -los hermanos Vicario expían su culpa: no pueden conciliar el sueño porque ellos también huelen a Santiago (la muerte lo impregna todo). Pedro no puede dormir por meses, Pablo sufre una diarrea alarmante. Muchos temen la represalia de los árabes, que son marcados como grupo racial y culturalmente diferente (el “otro), aunque se señala como positivo que se han convertido al catolicismo, que trabajan y que no se meten con nadie. El “otro”, para el crítico y lingüista ruso Tzvetan Todorov, es aquel que se define por no ser “yo” o “nosotros”; puede ser un grupo concreto, dentro de una misma sociedad (las mujeres para los hombres, los ricos para los pobres), al que no se pertenece. O bien, puede ser un grupo exterior a la propia sociedad. Esos “otros” pueden resultar lejanos en el plano histórico o cultural, o absolutamente ajenos, imposibles de reconocer, porque no se comprenden su idioma, sus costumbres y su modo de concebir la vida. Sin embargo, la matriarca árabe recomienda una infusión prodigiosa que curará a los gemelos de sus males físicos. -la familia Vicario se va del pueblo, Ángela con la cara envuelta en un trapo y vestida de rojo por su madre, para que nadie sospeche de que guarda luto por Santiago. Finalmente, los mellizos se convencen de que no son culpables, son absueltos y se quedan en Riohacha. Pablo aprende el oficio de su padre y se casa con Prudencia Cotes. Pedro, quien se enrola nuevamente en el ejército, se perderá en territorio guerrillero. Para la “inmensa mayoría”, la víctima en realidad es Bayardo San Román, ya que “los otros protagonistas de la tragedia habían cumplido con dignidad y hasta con cierta grandeza, la parte de favor que la vida les tenía señalada”: Santiago Nasar, expiando la injuria, Los hermanos Vicario, probando su condición de hombres, Angela, con su honor restablecido luego de la acción de sus hermanos. Sin embargo, el cronista apunta que Bayardo había perdido todo, y que durante mucho tiempo se lo recordó como “el pobre Bayardo”. A partir de este momento la narración, entra de lleno en territorio del realismo mágico al introducir un atisbo de leyenda con la mujer del viudo Xius, que vuelve del más allá tomando la forma de un pájaro fosforescente y sobrevolando la casa porque su alma reclama sus antiguas pertenencias que finalmente van desapareciendo poco a poco y la casa queda vacía: “la quinta comenzó a desmigajarse”. Es el pastel o torta del cuento de hadas que significaba el casamiento de la chica pobre con el príncipe azul. Luego que Bayardo abandona su vivienda llevado por el cortejo de suplicantes trágicas conformado por su madre y hermanas, -casi Erinias griegas-, en una representación que el narrador sospecha lo hacen para ocultar pecados propios, mucho más grandes que lo sucedido en el pueblo, y que por supuesto, tienen que ver con su propia honra. Sobre la figura de Bayardo, desde su presentación hasta su desgarrado abandono del pueblo, se sigue tejiendo el misterio. El personaje de Ángela evoluciona a lo largo de la historia, sobre todo luego del asesinato de Santiago, puntualmente, después de que ella deja el pueblo junto con su familia. De hija sumisa y amargada, que viste de luto riguroso en la calle y que acata sin chistar la tiranía materna, se convierte en una mujer que va tomando decisiones propias. El temor reverencial por su madre se transforma en una mezcla de lástima y desprecio, y los anteojos que aquella debe usar son el símbolo de su miopía: no puede ver más allá de las rígidas convenciones de la familia y del pueblo. Por eso Ángela escribe. Y sus cartas a Bayardo también evolucionan: primero tímidas, por último audaces y hasta procaces. Pero la escritura es ignorada por los destinatarios: Bayardo no lee las cartas, aunque igualmente vuelve; Santiago no alcanza a leer el anónimo y entonces muere; las anotaciones del juez, frases tomadas como filosóficas por el narrador, más todo lo registrado en el sumario, no sirven, ya que los mellizos son absueltos. Son las palabras, y sobre todo, los actos irracionales y atávicos los que dominan a los personajes. “La realidad, que ocurre sin pedir permiso, no tiene por qué parecer auténtica. Uno de los mayores retos del cronista consiste en narrar lo real como un relato cerrado (lo que ocurre está “completo”) sin que eso parezca artificial. ¿Cómo otorgar coherencia a los copiosos absurdos de la vida? Con frecuencia, las crónicas pierden fuerza al exhibir las desmesuras de la realidad. (...) ciertas verdades piden ser desdramatizadas para ser creídas” (11) La nouvelle deja al espectador con la sensación de que Santiago es inocente, y por lo tanto, un héroe trágico. Estaba escrito en su destino que debía terminar así, y los últimos núcleos del relato, acompañados por morosas descripciones, como el asesinato de Santiago, se efectúan de tal modo para encadenar las acciones que culminarán con su muerte irremediable: las puñaladas que lo presentan como una víctima propiciatoria de un sacrificio ritual. Así el desenlace del protagonista, en el que Santiago es recordado por las mujeres como un héroe novelesco que enfrenta su muerte con una sonrisa. Santiago Nasar es entonces un héroe trágico: porque no puede torcer su destino, que por otro lado ignora. porque es rico y poderoso. porque no ha cometido ningún crimen. Su falta consiste en el poder que detenta y que usa naturalmente para tomar cuanta mujer desee, habiendo adquirido la fama de “gavilán pollero”. “Como en la tragedia griega, se trata de la muerte del inocente, este escándalo de la razón y este erizamiento de la piedad ante las situaciones límites e incomprensibles, hoy y mañana y siempre” (12) Ángela, la protagonista femenina, cumple el doble papel de víctima y victimaria indirecta, ya que es la acusadora. Finalmente, se libera de la opresión que ha cargado por haber violado la ley de la virginidad. Pura y Plácida, las madres de los protagonistas son igualmente trágicas: la primera, por su papel de custodia de la honra a rajatabla, solamente vive para ese fin. La segunda, por su relación edípica con Santiago a quien ve “como su marido”. Pero su comportamiento luego del crimen de su hijo es el de una aristócrata que no expresa su dolor con gritos ni injurias, lo hace con toda dignidad. Nadie pide venganza, aunque todos sospechan que se ha cometido un crimen injusto. Tan grande es la fuerza de los atavismos culturales que marca la sexualidad.
Bibliografía: Villoro, Juan: La crónica, el ornitorrinco de la prosa. Diario “LA NACIÓN”, Suplemento Cultura, domingo 29/1/2006 Notas: 2, 4, 5, 6, 7, 10 y 11. Martínez, Tomás Eloy: Ficciones verdaderas (Buenos Aires, Editorial Planeta), 2000. Notas: 1 y 3. García Lorca, Federico: Romancero Gitano. Editorial Losada. Nota: 8 Valencia Goelkel, Hernando: ¿Qué sabía Santiago Nasar? En A propósito de Gabriel García Márquez y su obra. Nota: 9 Rama, Ángel: Crónica de una muerte anticipada. En: A propósito de Gabriel García Márquez y su obra (Bogotá, Editorial Norma),1993. Nota: 12 Todorov, Tzvetan: La conquista de América. El problema del otro (México, Siglo XXI), 1997 Ana María Serra. ( La autora es Profesora de Letras, egresada de la Facultad de Humanidades de la ciudad de La Plata, Prov. de Buenos Aires, y a quien le agradecemos su colaboración ). |
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Ramón J. Sender nació en Chalamera, provincia de Huesca (Aragón), en 1901 y murió en San Diego, California, en 1982. Ejerció el periodismo en Madrid a partir de 1924 y comenzó su carrera de escritor con varias obras -Imán, Siete domingos rojos, Viaje a la aldea del crimen- a medio camino del reportaje y de la novela. Premio Nacional de Literatura en 1935 por su novela Mr. Witt en el cantón, combatió en el bando republicano durante la guerra civil española y en 1938 se exilió primero a Francia y después a México y Estados Unidos, donde fue profesor de literatura en varias universidades. De su vasta obra narrativa escrita en el exilio, destacan Réquiem por un campesino español -considerada por muchos como su obra maestra-, las novelas de carácter alegórico-realista El lugar de un hombre, Epitalamio del Priero Trinidad, La esfera, El rey y la reina, Los cinco libros de Ariadna, las narraciones históricas Carolux rex, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, Las criaturas saturnianas y la serie de nueve novelas autobiográficas titulada Crónica del alba. Ricardo V. Accurso. |
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En el cuento "El hombre de arena" (Der Sandman) del escritor y músico romántico alemán E.T.A.Hoffmann (1776-1822) hay, entre otras sugerencias a tener en cuenta, una alusión a fuerzas o poderes que él llama ocultos, los cuales envuelven a los hombres con brazos invisibles. Esas fuerzas parecen exteriores pero están también dentro de los mismos humanos que sufren su influjo. Es la activación de esa fuerza, en este caso maléfica, la que lleva a Nataniel (el personaje principal de la narración) a la locura. Escribe Hoffmann : "¿Existirá alguna fuerza oculta, dotada de tan ascendencia sobre nuestra naturaleza, que pueda arrastrarnos por una senda de desgracias y desastres? Si existe, está en nosotros mismos ..." (el párrafo continúa con interesantes reflexiones). Tanto por esta idea como por la creación de algo con apariencia humana (la bella autómata Olimpia, cuyo nombre parece aludir a los dioses del Olimpo, siendo sus creadores una especie de modernos Prometeos) este cuento parece un antecedente de la novela "Frankenstein" de Mary Shelley, la cual lleva justamente como subtítulo "El moderno Prometeo" (otra obra de lectura recomendable tanto por la belleza de su prosa como por las reflexiones que motiva). En otra parte de la obra se insiste acerca de las fuerzas que actúan sobre nosotros y su origen : si provienen de nuestro interior o si son producto de influencias externas. En un cuento de otro gran escritor alemán, Hermann Hesse, se plantea que lo que está fuera está dentro y viceversa. Es decir, algo exterior influye sobre nosotros en la medida que estamos predispuestos por nuestra naturaleza, que tengamos algún componente que sintoniza en la misma frecuencia del objeto o circunstancia exterior. Una vez activada, esa fuerza interior permanece aunque el objeto o circunstancia exterior correspondiente haya desaparecido. Esa influencia incluso puede ser una palabra. En "Fragmentos de una enseñanza desconocida", el escritor ruso P.D.Ouspensky se refiere a un faquir hindú que había sido preparado hipnóticamente para no sufrir cuando se acostaba sobre un lecho de clavos. Cada vez que pronunciaba una palabra clave entraba en autohipnosis (ya había sido programado por otros previamente) y lograba la insensibilidad. En este caso no es un objeto (como en el cuento de Hesse) o una persona (como en Hoffmann) lo que activa una fuerza interior sino una palabra emitida por el mismo sujeto. Otra frase destacada que aparece en la narración de Hoffmann es la que se refiere (aludiendo al personaje Clara) a "esos seres inferiores que no saben penetrar en los misterios de la naturaleza invisible". Allí hallamos la idea de una realidad oculta a simple vista, por un parte, y la alusión a un tipo de conocimiento adecuado a la misma, que sería de índole supra-racional, intuitivo, asemejándose a eso que llamamos presentimiento o sospecha que parece surgir espontáneamente a partir de ciertos indicios. El personaje maléfico de "El hombre de arena" se llama Coppelius. Cuando leí ese nombre lo asocié con el apellido Coppola. Cosa extraña, o quizá no, más adelante descubrimos que ese personaje pasa a llamarse Giuseppe Coppola. Este sujeto provee a sus víctimas objetos maléficos y ejerce una influencia de la misma índole, corrompiéndolos. Coppola (que en italiano, o más precisamente en napolitano, designa a un tipo de birrete o gorra) deriva del latín tardío cuppa : cuba, tonel. De esta forma latina tardía derivan en castellano las palabras cuba y copa. La primera mantiene su sentido originario y la segunda califica a un recipiente menor. Siguiendo con las relaciones, asociamos cuba o copa con las bebidas alcohólicas y la borrachera ("estaba borracho como una cuba", "tenía unas copas de más"), es decir, con la degradación y el vicio. Incluso la expresión "estar copado" (por algo o alguien) remitiría a una sensación de borrachera emocional. Prestar atención a los significados de nombres de persona o lugar, o a las palabras comunes, puede resultar sugerente, en la medida que un escritor o quienes diseñan una acción en la vida denominada real intenten transmitir un mensaje (incluso de manera inconsciente o semiconsciente) a través de símbolos o claves que deben ser abiertas. José Spissamiglia. |
Huxley y su "Mundo Feliz": Un Peligroso Acercamiento a la Realidad (en preparación)