Hurí o Huríes

     La palabra árabe hurí deriva de hur y es el plural de hawra. Significa, de acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española, "la que tiene unos ojos muy hermosos, calidad con que se describe a la mujer celestial del paraíso islámico". Son las bellas, jóvenes y vírgenes mujeres mencionadas en el Corán y originadas en la fantasía religiosa de los musulmanes destinadas a ser las compañeras de los bienaventurados o justos en el paraíso.

     Según Federico Peirone en su obra El Islamismo (Madrid, Hyspamérica, 1995, pág. 92) se trata de una voz de origen persa que designa a una belleza celestial que el creyente musulmán encontrará en el paraíso, tras su muerte, y que estará a su servicio. Sus brillantes ojos negros son una de sus principales notas distintivas.

     Recuerdan en cierta medida a las walkyrias de la mitología germánica. De acuerdo a cierta interpretación (expuesta en la Enciclopedia Salvat Monitor), podrían tener su origen en el primitivo arte cristiano donde aparecen ángeles y querubines acompañando a los justos fieles en el más allá.

Luis Spissa.

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La Leyenda de Prometeo

- Párrafo Extractado de

  "Obras Poéticas", de Olegario V. Andrade -

        El asunto de esta fantasía es universalmente conocido.

        La fábula griega, narrada por Hesíodo, ha sido el tema de numerosos poemas.

    Esquilo recogió este mito religioso de las sociedades primitivas, para personificar en él el sentimiento de la libertad, en pugna eterna con las preocupaciones.

     La epopeya, el drama, hasta el romance vulgar, se han ejercitado en tan sublime asunto.

      El autor de esta fantasía no ha querido hacer un poema, porque habría sido empresa loca acometer una tarea en que gastó sus robustas fuerzas el genio cosmogónico de Quinet.

     No ha hecho más que un canto al espíritu humano, soberano del mundo, verdadero emancipador de las sociedades esclavas de tiranías y supersticiones.

     Si ha conseguido elevarse a la altura del asunto, lo dirá la crítica, en cuya imparcialidad descansa.

     A pesar de ser tan conocida esta leyenda, conviene reproducirla, para los que la hayan olvidado.

     He aquí como la describe Renaud, ciñéndose a la narración de Hesíodo en su Teogonía:

     "Antes hubo seres que intentaron el progreso del hombre por la fuerza del pensamiento; pero en vez de gloria, alcanzaron crueles castigos, en razón a que se suponía que los dioses veían con envidia a aquellos inventores que usurpaban algo de su poder con sus creaciones independientes. Admiraban las proezas de la fuerza física: tronchar árboles y hacer rodar peñascos; pero les infundía miedo el ver encender lumbre, forjar el hierro, vestir, alimentar y sanar por medio de preparaciones misteriosas. Quizá habrían aceptado tales invenciones sin el temor del rayo, que parecía siempre dispuesto a herir a los temerarios. Decíanse en voz baja que Esculapio pereció de un modo terrible, porque había querido resucitar muertos con brebajes; y a veces, excitados por el terror, se hacían verdugos para adelantarse a los dioses, mataban a Triptolemo que les enseñaba la agricultura. Prometeo fue el más famoso de aquellos genios benéficos. Pertenecía a la gran raza de titanes que se rebeló contra los dioses, aunque más cuerdo que sus hermanos no tomó parte alguna en aquella lucha del orgullo, sin duda porque veía claro el desenlace de la guerra, por amenazadoras que fuesen las cohortes de los titanes. A mayor abundamiento, ¿qué le importaban aquellos furores de ambiciosos contra ambiciosos que combatían entre sí, unos para conservar el trono celeste y otros para recobrarle? Su corazón no estaba allí, lejos de aquellos poderosos, de aquellos soberbios, dioses o titanes: miraba conmovido cómo se agitaban las criaturas débiles, tímidas, sin vestidos y sin utensilios, oprimidas a la vez por la tierra y por el cielo, donde nadie se cuidaba de acudir en su auxilio. Ni titanes ni dioses pensaban en los hombres; y cuando Zeus, rey del Olimpo, salió vencedor, quiso destruir a los inocentes mortales con sus enemigos, a tal punto llegó la embriaguez de su victoria. Prometeo los salvó, y no se contentó con esto, sino que aspiró a sacarles de la condición de animales en que vivían, para lo cual robó el fuego del cielo y les enseñó a bosquejar las primeras artes con aquella especie de alma de la materia. Zeus se indignó, porque no quería la prosperidad del hombre, sino que, como amo celoso, deseaba esclavos incapacitados de elevarse. No se atrevió o no pudo quitar a los mortales el fuego, de cuya conservación cuidaban todos: pero castigó a Prometeo atándole con cadenas en un monte, no lejos del Cáucaso, entre Europa y Asia, para que el mundo entero viese el castigo, y dejándole a merced de un buitre que noche y día devoraba su hígado, que renacía eternamente.

     Esquilo, el primero de los poetas griegos por su alma y su brío, genio hostil a las tiranías, porque anteponía a todo la justicia y la dignidad, compuso tres dramas con esta leyenda: Prometeo llevándose el fuego , Prometo encadenado , Prometeo libre , de cuyos dramas sólo queda el segundo, Prometeo encadenado , sin que la obra mutilada así por los siglos, haya bajado de la altura en que las inspiraciones, dejando ya de pertenecer a un forma de arte, a una patria, a una fibra especial del corazón, se confunden con el alma universal del género humano.

     Prometeo es todo heroísmo, según le pinta el poeta que le encontró en los mitos religiosos. Practicaba el bien por simpatía, y aun siendo víctima de su obra, no la deploraba, porque su conciencia le sostenía en el suplicio. Con el justo orgullo de su dolor exclamaba hablando de su verdugo: 'Yo tuve lástima de los mortales y él no me ha juzgado digno de compasión.'

     Con efecto, el rey de los dioses no perdona a aquel emancipador de la civilización humana; pero se ve aislado en su omnipotencia, nadie simpatiza con él, en tanto que todos ensalzan a Prometeo. Al principio las Oceánidas, ninfas del mar, olas con formas de doncellas, vienen a consolar al paciente con sus cantos.  Tendido en su peñasco no puede ver a las compasivas visitantes; pero oye el ruido de su llegada 'como el de pajarillos cuyas alas hacen vibrar el aire suavemente'.

     En vano, sin embargo, quieren clamar el dolor de Prometeo, a quien sólo una idea sostiene en su tormento, y es que un día su enemigo triunfante será destronado. El rey de los dioses penetra la idea de su víctima, y, atemorizado, le envía con el mensajero de los dioses la orden de que se explique y descubra el provenir. Prometeo no desmaya con la esperanza de verse libre. 'Jamás, amedrentado por el fallo de Júpiter, seré yo pobre de espíritu como una mujer; jamás, como una mujer, levantaré mis brazos suplicantes hacia a aquel a quien aborrezco con todo mi odio, para pedirle que rompa mis cadenas: lejos de mí tan cobarde pensamiento.' El dios impotente no tiene otra cosa que hacer sino vengarse con algún nuevo suplicio mientras reina aún, y con efecto, emplea las amenazas para quitar a Prometeo hasta los seres compasivos que le consuelan. El coro, más digno que el dios, responde a su mensajero: 'Dime otras palabras, dame otros consejos y te podré escuchar. Lo que me dices me oprime el corazón. ¿Cómo puedes ordenarme semejante villanía? Los males que sufra Prometeo, quiero sufrirlos yo. He vivido en el odio a los traidores; la enfermedad más repugnante es la traición.' Estalla el trueno, mugen los vientos, se levanta el mar; y prometeo continúa invencible llamando con sus injustos tormentos al Eter que baña los mundos refugiándose contra el dios de un día en la naturaleza eterna."

     Tal es la leyenda que ha servido de tema a ese canto, escrito para no ser publicado, y publicado a instancia de amigos que tienen derecho a exigir del autor sacrificios de mayor magnitud.

Olegario V. Andrade ( 1841 - 1882 ).

( Extractado de sus "Obras Poéticas",

 Buenos Aires, Imprenta Litografía

 y Encuadernación de Jacobo Peuser, 1887 ) 

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El Peso de los Mitos al

 momento de hacer Justicia

     Si bien en la actualidad las autoridades policiales y las distintas fuerzas de seguridad cuentan con muchos recursos a la hora de investigar los distintos tipos de delitos que se producen, en épocas pretéritas el rigor científico estaba ausente por completo en estos procedimentos, debido fundamentalmente a diversos mitos y creencias, en diferentes regiones del mundo, que ocuparon ese lugar.

     Quizás primer antecente del sistema de huellas dactilares para identificar al criminal, en China se tomaba por costumbre imprimir sobre los contratos, a manera de firma, una huella digital. No sólo eso: también crearon una forma para ubicar y diferenciar unas de otras.

     Lo que desde Europa se llamó Demonología o “ciencia” de la posesión diabólica contribuyó también a lo que llamaríamos la prehistoria de la ciencia criminalística. Determinados rasgos de los sujetos “poseídos” por el Mal o por la brujería, sospechosos de tal o cual delito, se sentían  marcados lo suficiente para ser apresados y condenados de inmediato. Dentro de este grupo se incluían a epilépticos, neuróticos, esquizofrénicos, etc. Digamos también que aportó lo suyo para que, a partir del francés Philippe Pinel, comenzara el desarrollo de la actual psiqiatría.

     La creencia que aún hoy subsiste en regiones como los países del mar de las Antillas, es la Sangre Acusadora o el Estilicidio de Sangre. La misma parece proceder de Alemania (más precisamente de la antigua Germania), ya que en un texto antiquísimo originario de estas tierras llamado “Cantar de los Nibelungos” se habla de que “Crimilda hace desfilar ante el cadáver de Sigfrido a sus compañeros de armas; al acercarse el traidor Hagen las heridas comenzaron a sangrar. ‘Ellos mantuvieron su mentira: Que el que sea inocente lo manifieste con claridad; que se acerque al ataúd y de este modo se conocerá bien pronto la verdad’; ‘Fue un gran milagro el que ocurrió entonces, porque cuando el asesino se acercó al muerto, la sangre brotó de las heridas. Así sucedió y quedó reconocido que Hagen lo había hecho.’” ( 1 ).

     Y era contundente: si el cadáver empezaba a sangrar en presencia de alguien, esa persona era la responsable de su asesinato. Por eso, ante un hecho de muerte violenta se procedía, en general, a arrestar a toda la gente de los alrededores y se les hacía pasar uno por uno sobre el óbito o a su alrededor. Si éste comenzaba a emanar sangre en cuanto una persona pasaba junto a él, ya estaba todo revelado: el responsable había sido descubierto.

     Otra creencia, también procedente de tierras teutonas, denominada “del Hacha Ebria”, nos dice que este instrumento, utilizado por el verdugo en cumplimiento de su profesión, al empaparse en demasía de sangre -consecuencia de la multiplicidad de cabezas cortadas-, se torna “borracha” del rojo elemento. Como consecuencia de lo dicho esta herramienta suele volverse contra su poseedor. De allí que los porfesionales de la muerte que la usaban con asiduidad solían enterrarla después de cierto tiempo de utilizarlas.

     Siguiendo con el estilicidio de sangre, gracias al descubrimiento del A.D.N. y la posibilidad de analizarlo para identificar a un individuo, este mito cayó finalmente derrotado en muchos de los ámbitos de los llamados “serios”. No ocurre lo mismo con la imaginería popular de muchas lares del mundo, en los que esta y otras creencias subsisten.

     Finalmente, a manera de modesta reflexión y sin pretender agotar un tema lo suficientemente vasto para futuros trabajos, cabe agregar que este desarrollo científico en el área de la criminalística, si bien contribuyó muchísimo para mejorar la aplicación de Justicia, desplazando a todo un conjunto de mitos, leyendas populares, etc., no mantiene la misma fuerza en todos lados. Aún hoy, bien comenzado el siglo XXI, en varios rincones del mundo la Justicia con mayúsculas permanence ausente.

Bill Ruesch. 

 Nota

( 1 ) “La Sangre Acusadora y otros mitos Criminológicos” – Juan Carlos Bircann – Rep. Dominicana. Internet.

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La Leyenda de Gilgamesh

-Tablilla I- ( I )

     Aquel que vio todo [hasta los confine]s de la tierra, [Que todas las cosa]s experimentó, [conside]ró todo. [...] juntamente [...], [...] de sabiduría, que todas las cosas.[..]. (5) Lo [o]culto vio, [desveló] lo velado. Informó antes del Diluvio, Llevó a cabo un largo viaje, cansado y [derren]gado. Todo su afán grabó en una estela de piedra. De la terraplenada Uruk el muro construyó, Del reverenciado Eannal, el santuario puro.

     ¡Contempla su muralla exterior, cuya cornisa es como el cobre! ¡Mira la muralla interior, que nada iguala! ¡Advierte su umbral, que de antiguo viene!

     Acércate a Eanna, la morada de Istar, Que ni un rey futuro, ni un hombre, puede igualar.  Levántate y anda por los muros de Uruk, Inspecciona la terraza de la base, examina sus ladrillos:

     ¿No es obra de ladrillo quemado? ¿No echaron sus cimientos los Siete [Sabios]?

     ( Falta el resto de la columna. Un fragmento hitita [cf. J. Friedrich, ZA, XXXIX (1929), 2-5] corresponde en parte a la porción inicial deteriorada de nuestra columna 1l y, por ende, parece contener algo del material del final de la I columna. De tal fragmento se desprende que varios dioses intervienen en la formación de Gilgamesh, al que dotaron de talla sobrehumana. Finalmente, Gilgamesh llega a Uruk. ) 

Anónimo. ( Extractado del Libro "El Poema de Gilgamesh" ).

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La Leyenda de Gilgamesh

-Tablilla I- ( II )

     Dos tercios de él son dios, [un tercio de él es humano]. La forma de su cuerpo[...] (3-7) (líneas mutiladas o ausentes) (8) [...] como un buey salvaje altivo [...]; El empuje de sus armas no tiene par. Mediante el tambor se reúnen [sus] compañeros. Los nobles de Uruk están som[bríos] en [sus cáma]ras:

     «Gilgamesh no deja el hijo a [su] padre; [Día] y [noche] es desenfrenada su arro[gancia]. [¿Es éste Gilga]mes, [el pastor de la amurallada] Uruk? ¿Es éste [nuestro] pastor, [osado, majestuoso, sabio]?

     [Gilgamesh] no deja [la doncella a su madre], ¡La hija de guerrero, [la esposa del noble]! Los [dioses escucharon] sus quejas. Los dioses del cielo del señor de Uruk [ellos... ]:

     «¿No parió [Aruru] este fuerte buey salvaje? [El empuje de sus armas] en verdad no tiene par. Mediante el tambor se reúnen sus [compañeros]. Gilgamesh no deja el hijo a su padre; Día y noche [es desenfrenada su arrogancia].

     ¿Es éste el pastor de [la amurallada] Uruk? ¿Es éste su [...] pastor, Osado, majestuoso (y) sabio?...

      Gilgamesh no deja la doncella a [su madre], ¡La hija del guerrero, la esposa del noble!»

     Cuando [Anu] hubo escuchado sus quejas, A la gran Aruru llamaron: «Tú, Aruru, creaste [el hombre]; Crea ahora su doble; Con su corazón tempestuoso haz que compita. ¡Luchen entre sí, para que Uruk conozca la paz!»

     Cuando Aruru oyó esto, Un doble de Anu en su interior concibió. Aruru se lavó las manos, Cogió arcilla y la arrojó a la estepa. [En la este]pa creó al valiente Enkidu, Vástago de..., esencia de Ninurta. [Hirsu]to de pelo es todo su cuerpo, Posee cabello de cabeza como una mujer. Los rizos de su pelo brotan como Nisabal.

     No conoce gentes ni tierra: Vestido va como Sumuqan. Con las gacelas pasta en las hierbas, Con las bestias salvajes se apretuja en las aguadas, Con las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua.

     (Ahora bien) un cazador, un trampero, Se le encaró en el abrevadero [Un] día, un segundo y un tercero Se le encaró en el abrevadero Cuando el cazador le vio, su faz se inmovilizó.

     El y sus animales entraron en su casa, [Transido de] miedo, quieto, sin un sonido, (Mientras) su corazón [se turbaba], nublado su rostro. Pues el pesar había [penetrado] en su vientre; Su cara era como la [de un viejero] llegado de lejos.

Anónimo. ( Extractado del Libro "El Poema de Gilgamesh" ).

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