Indicios de la Escritura Antigua:

La Piedra Roseta

    Si algo apasionante tiene la historia como ciencia es su privilegiada condición de ser una verdadera Caja de Pandora, sin ninguna clase de límites para sorprender siempre a sus entusiastas seguidores. Año tras año, mes a mes, día tras día los sucesivos descubrimientos arqueológicos, etnográficos, antropológicos, etc., se constituyen en un acicate permanente contra cualquier peligroso dogmatismo que amenace la dinámica de la investigación histórica. En el caso que nos ocupa, el descubrimiento de la Piedra Roseta fue sin duda alguna una puerta fundamental para avanzar en el estudio de la Historia de la Escritura y, por ende, del desarrollo de la civilización humana.

    La Piedra Roseta es un trozo o fragmento de roca prolijamente pulida (más precisamente una losa de basalto), de 115 centímetros de largo por 70 de ancho, sobre la cual grabaron en relieve tres franjas de escritura. En la superior, la jeroglífica; en la del medio, la demótica, y en la inferior, la griega. Lamentablemente el deterioro producido sobre ella por el paso del tiempo dejó como saldo que sólo 14 líneas quedaran del jeroglífico.

    Fue descubierta en 1799, como consecuencia de la llegada de una expedición francesa, comandada por Napoleón Bonaparte, a tierras egipcias y en marco de la guerra que el país galo sostenía con Inglaterra. Sin embargo, el arribo de Napoleón allí no tuvo que ver solamente con la contienda bélica sino también con la intención de estudiar los monumentos y demás restos de las civilizaciones del Antiguo Egipto, ya que entre sus filas incluyó numerosos científicos.

    Esta maravilla descubierta debe su nombre al lugar donde se la encontró: una fortaleza de la época ubicada en una localidad llamada Roseta (Rechid, en árabe), junto a la desembocadura occidental del río Nilo. Es excepcional la importancia que tuvo el hallazgo de esta piedra para avanzar decididamente en el estudio de las civilizaciones egipcias; al punto tal que derivó en toda una nueva rama dentro de las ciencias sociales: la egiptología.

     En lo que respecta a la escritura jeroglífica, muchos eran los estudiosos que estaban abocados al desciframiento de las mismas, sin éxito alguno. Pero fue a partir del descubrimiento de esta piedra tallada que varios años después se correrá el velo del misterio gracias a la inteligencia de Juan Francisco Champollión, arqueólogo francés -nacido en 1790 y muerto en 1832- que realizó este sensacional hallazgo dos años antes de su muerte a partir de una nueva mirada sobre el enigma. Como hasta entonces se creía que los jeroglíficos eran símbolos de cosas, Champollión decide reflexionar y revisar la verosimilitud de esta creencia, llegando así a la conclusión de que se trataba de todo un lenguaje, cuyos distintos signos representaban sonidos o letras. De todas maneras, reconoce que existió todo un proceso evolutivo desde la primitiva simbología a lo largo de los siglos. Pese a que la muerte lo sorprendió demasiado rápido, alcanzó a escribir una gramática y un diccionario, ambos de egipcio antiguo. 

    Con respecto al contenido del texto de esta losa, se concluyó que las 3 variantes de escritura decían exactamente lo mismo. Se trataba de una orden faraónica que disponía se encerrasen bajo el formato de cartas de papiro todo el conocimiento de la época. Se especula con que las mismas se hayan originado en el 394 después de Cristo.

    Actualmente la Piedra Roseta se encuentra en el Museo Británico de Londres.

Julio Zalazar. 

Regresar 

 

 

 

 

 

 

La Copa de Atahualpa e Isabel La Católica.

 Reflexiones en el 501° Aniversario

 de la Muerte de la Gran Reina Católica.

Seguramente mucho se discutirá hasta que se logre elaborar una visión completa de la Conquista y todo el proceso histórico de América -que en sus líneas generales han explicitado pensadores e investigadores de valor, especialmente católicos.

En vísperas del 501º aniversario de la muerte de nuestra admirada y venerada Isabel la Católica (26 de noviembre de 1504), un capítulo de la historia de los Incas me sugiere una reflexión. Llamó la atención de los conquistadores un cráneo con una bombilla de oro, que tenía Atahualpa (el Inca que desplazó al soberano legítimo -su hermano Huáscar- y lo hizo matar ; quien a su vez fue vencido por Francisco Pizarro y ajusticiado por los conquistadores).

Preguntado por tan extraña pieza, les contestó: que era el cráneo de un hermano suyo, que se había jactado de que algún día usaría de vaso la calavera de Atahualpa. En venganza, éste le hizo a su hermano lo que aquél quería hacerle. Y enfatizando lo dicho,  se hizo servir en él cerveza de maíz, y tomó en presencia de los españoles.

Sabemos que éstos, a pesar de ser cristianos, cometieron muchos actos reprobables. Menos habitual es recordar que también hicieron muchos actos admirables de virtud, coraje y aún santidad, y fundaron una civilización nueva para todos los habitantes de América. Pero ¿cómo no sentir una diferencia abismal entre ambas mentalidades y culturas, aunque la escuela de Levi-Strauss y lo "culturalmente correcto" sostengan el absurdo de que todas las culturas son iguales?

Lo reprobable que hicieron los españoles está en contradicción con la Fe que profesaban, con la Ley de Dios. En muchos casos, sus injusticias con los indígenas les fueron reprobadas por misioneros, vecinos y autoridades,  y las pagaron por la justicia real, y en muchos otros, les tocó una muerte violenta, como al propio Pizarro, que murió haciendo con su propia sangre la señal de la cruz en el suelo...

La escena de Atahualpa nos pinta toda una mentalidad, una cultura, radicalmente distinta de la nuestra, a pesar de que nos digan que ésas son nuestras raíces, y que con lo hispano y europeo no tenemos nada que ver. Cultura para la que no tiene nada de anormal ni matar a un hermano ni -cosa inimaginable- hacer de su cabeza una copa y usarla. Como tampoco lo tenía enterrar viva a una hija para obtener de las divinidades andinas la conservación de un cargo, como hizo el curaca de Ocros con su hija, Tanta Carhua (cf. investigaciones del arqueólogo Schobinger).

Así, el establecimiento de la Civilización Cristiana, debido especialmente a la gran Isabel, marca un cambio tan profundo para mejor que es imposible no verlo.

No significó establecer el paraíso en la tierra, algo imposible; pero sí un gran alivio y motivos reales de esperanza natural y sobrenatural para las víctimas de tantas cosas terribles que constituían la vida cotidiana de los pueblos prehispánicos, en particular en los dos grandes imperios, el incaico y el azteca o mexica. Signados ambos por un fatalismo religioso que marcaba la existencia con la desesperanza. Se consideraba en Méjico que, después de la muerte, la mayoría de los hombres iban a parar al terrible Mictlán, donde los "descarnados" eran aniquilados total y definitivamente, al cabo de 4 años;  o que los nacidos en la clase baja  se condenaban por ese solo hecho,  en el Perú de los "Hijos del Sol".

Era propio de los Incas masacrar tribus enteras (Ibarra Grasso habla de miles y miles de personas), entrar en Cuzco luego de las campañas militares enarbolando las cabezas de los enemigos en las picas, tocando tambores hechos con la piel de los enemigos vencidos. Estos tambores seguían la forma humana del difunto, dando el aspecto de  que la víctima iba golpeando su propio estómago. Quien lo refiere es un conocido investigador, enemigo de la Conquista, Alfred Métraux, en su difundida obra sobre los Incas.

La tribu de los Chancas, vencida por el primer Inca histórico, Pachacuti, le proveyó a éste una legión de admirable coraje, que lo sirvió fiel y excelentemente en las guerras contra sus enemigos. A pesar de ello, fueron eliminados sin piedad por orden del Inca, so pretexto de haberse excedido en la misión... Otra costumbre incaica afín era armar collares con los dientes de los enemigos. La niñez no significaba nada, ningún motivo de especial protección y consideración -algo inconcebible para nosotros- : el Inca masacró a 15.000 niños cañaris que iban a pedir piedad para su pueblo (cf. "Descripción del Perú...", de fray Reginaldo de Lizárraga). Contrasta con los españoles atacados por flechería en los bosques de Santiago, que al descubrir que los atacantes eran niños, los abrazaron afectuosamente, lo que contribuyó al acercamiento mutuo, como refiere Gregorio Funes.

Algunos pensarán que es un poco amargo acordarse de costumbres aberrantes, pero es importante, para extraer las lecciones de la Historia. Y alegrarse de que providencialmente ese estado de cosas haya tocado a su fin -aunque  algunos proclamen, con sospechoso apoyo publicitario, que es "día de luto" el 12 de octubre...

Tales costumbres no eran consideradas por la sociedad incaica infidelidades, ni pecados, ni excesos, que la propia cultura y Fe reprobaba. Era el pan de cada día de una cultura encerrada en su paganismo, sin perspectivas de cambio, sin voces que se alzaran en defensa de los débiles, como ocurrió incontables veces en favor de los indios en Hispanoamérica.

Cosas iguales o aun peores a las comentadas abundan en gran parte de las culturas indígenas.

La civilización cristiana fundada por Isabel de Castilla, nuestra Isabel de Hispanoamérica -pues nos hizo nacer  a los iberoamericanos a la Cristiandad -, en la gesta civilizadora y evangelizadora de España y Portugal, trajo un horizonte cristiano, y por tanto mucho más humano, en que tales excesos desaparecieron radicalmente. Los males sociales que hubo fueron por vía de excesos con respecto a las instituciones de la época, como abusos de encomenderos y de malos gobernantes; y acompañados por muchos bienes; no cesaron los pecados, las injusticias, las infidelidades, que son propias del ser humano. Pero un nuevo horizonte lleno de promesas brilló sobre América realizando una civilización nueva, auténtica y cristianamente grandiosa.

Luis Mesquita.

Regresar

 

 

 

 

 

 

 

El Blasquismo

Movimiento político republicano del País Valenciano centrado en la figura de Vicente Blasco Ibáñez [ para ver su biografía hacer click Aquí ] y en su diario "El Pueblo", individualizado hacia 1896, a raíz de hundimiento definitivo del movimiento federalista de Pi i Margall. Partidario, en principio, de un republicanismo revolucionario -caracterizado por la predicación de la violencia y el rechazo de los medios legales- de clara ascendencia zorrillista.

Blasco Ibañéz se relacionó tempranamente con Alejandro Lerroux, cuya influencia fue decisiva en el desarrollo del blasquismo. El  retiro del escritor de la política activa (1908) permitió el ascenso al liderago de la agrupación de Feliu Azzati i Descalci, quien a partir de 1910 inició una línea independiente del lerrouxismo. Tras la dictadura del general Primo de Rivera, el partido se reorganizó bajo la dirección de Sigfrido Blasco Ibáñez, que acentuó el carácter socialmente conservador de la agrupación, volviéndose nuevamente a una estrecha relación con el radicalismo lerrouxista. La proclamación de la Segunda República Española señaló el inicio de la decadencia del blasquismo, a pesar de que en las elecciones lesgislativas de noviembre de 1933 obtuvo una victoria resonante.

    Información extraída básicamente de la Enciclopedia Salvat Monitor (Buenos Aires, 1966) y de la Enciclopèdia Catalana Bàsica.

Luis Spissa.

Regresar

 

 

 

 

 

 

 

Julio Caro Baroja

Julio Caro Baroja, sobrino del escritor vascongado Pío Baroja, nació en Madrid en 1914 y murió en la localidad navarra de Vera de Bidasoa (1995). Fue etnólogo, sociólogo e historiador. Dirigió el Museo del Pueblo Español de Madrid (1944-1954). Elaboró numerosos estudios de etnología, historia, lingüística y, especialmente, de las costumbres y folklore vascos.

La combinación de métodos arqueológicos, geográficos, históricos, filológicos y literarios han permitido que elaborara valiosos estudios etnológicos de síntesis, con tendencia histórico-cultural y funcionalista.

En el campo de la historia antigua se destacan Los pueblos de España (1946) e Historia de la España antigua (1974); en el de la etnología, Los pueblos del norte de la península ibérica (1943), Los vascos (1949; 2ª edición: 1958)), Razas, pueblos y linajes (1957), Las brujas y su mundo (1961), El carnaval (1965), Sobre historia y etnografía vasca (1983), entre otros. En el ámbito de la sociología histórica se interesó especialmente por las minorías frecuentemente perseguidas: Los judíos en la España moderna y contemporánea (1963), Religión, sociedad y carácter en la España de los siglos XVI y XVII (1978).

Ha dedicado asimismo extensos artículos a temas tales como danzas y fiestas populares, instrumentos agrícolas, mitos, calendarios y el alfabeto ibérico.

En 1983 obtuvo el premio Príncipe de Asturias de ciencias sociales y en 1985 el de las Letras Españolas. Fue miembro de la Real Academia Española.

 Greg Haedowm.

Regresar

 

 

 

 

 

 

 

América: Primeros Habitantes y Culturas

- 1° Parte: Cómo se pobló

 originariamente el Continente -

     En el último período glaciario, el extremo noreste de Asia y el extremo noroeste de América estaban unidos, no existiendo entonces el actual Estrecho de Behring. Una gran masa de hielo que se extendía entre ambos continentes estaba atravesada en Alaska, ya en territorio americano, por un desfiladero y la cuenca del Río Yukón llegaba hasta el centro de América del Norte.

     A lo largo de ese corredor se deslizaron las poblaciones asiáticas que buscaban climas menos fríos y una caza más abundante, constituída básicamente por manadas de animales prehistóricos hoy extinguidos. Así, como en la mayoría de los movimientos migratorios, se buscaba una mejor calidad de vida o, simplemente, la supervivencia.

     Estos primeros pobladores de nuestro continente no sabían que habían llegado  a uno nuevo.

      Las primeras migraciones que arribaron a América podrían datarse entre los 40.000 y 35.000 años atrás. Por aquella época, en el último de los cuatro períodos glaciarios que tuvieron lugar en la Era Cuaternaria (era en la que aparece el Hombre), una tercera parte del globo aproximadamente estaba cubierta por los hielos.

      El notable enfriamiento del clima provocó, al congelarse una buena parte de las aguas, el descenso del nivel actual. Este fenómeno dejó al descubierto grandes sectores del fondo marino. Una de las zonas afectadas fue el actual Estrecho de Behring (que separa América de Asia), que dejó de estar cubierto por las aguas y se convirtió en un puente entre ambos continentes. Así, América y Asia quedaron unidos por una franja de casi 2.000 kms. de ancho que se mantuvo, con algunas interrupciones, hasta el 6.000 a.C.

      Pueblos de diversas características raciales y culturales penetraron en América, desde Siberia, durante aquel extenso período de tiempo. La mayoría de estos pueblos eran cazadores y recolectores, pero puede arriesgarse la hipótesis de que algunas de las últimas tribus que ingresaron, antes de que desapareciera el puente entre los dos continentes, conocían ciertos rudimentos de cultivo.

     Otras poblaciones habrían ingresado, más tardíamente, al Continente Americano desde Oceanía a través de una vía marítima.

( Sigue en la Segunda Parte )

Ricardo V. Accurso.

    Regresar

 

 

 

 

 

 

 

América: Primeros Habitantes y Culturas

- 2° Parte: Las más Antiguas Culturas -

     Los primeros pueblos, o mejor dicho, las primeras bandas humanas o pequeños grupos que ingresaron en América se dedicaban fundamentalmente a la caza de animales y, en menor medida, a la recolección de especies vegetales y a la pesca. Su cultura era de base lítica; es decir, sus principales instrumentos o "artefactos" estaban elaborados a partir de la piedra. También solían fabricar, en niveles más bajos, instrumentos a partir de de los huesos de animales cazados. Básicamente, estos instrumentos estaban relacionados con la caza, que podía ser Menor ( caza de animales pequeños o medianos ) o Mayor ( caza de animales de gran porte, como ser mamuts o bisontes prehistóricos ). La naturaleza de la economía paleolítica implicaba una vida nómade, moviéndose en mayor o menor medida las distintas poblaciones en busca de mejores piezas de caza.

     El Período Paleolítico ( es decir, de la Piedra Antigua ) se extenderá en América hasta, aproximadamente y según los lugares, el 4000 a. C. A lo largo de dicho período se producirá, según las distintas zonas, un mayor o menor desarrollo tecnológico, que en algunos sitios no sólo llevará a la elaboración de armas más perfectas para la Caza Mayor, sino también a un progresivo control sobre ciertas especies vegetales y animales ( domesticación ). De esa manera, en determinadas regiones la recolección ocupará un lugar cada vez más importante en la dieta alimenticia, preparándose el camino para la denominada "Revolución Neolítica"; es decir, para el desarrollo de la agricultura propiamente dicha. El Neolítico ( Piedra Nueva ), además, presenciará un trabajo más perfecto sobre la piedra; de allí que también suela denominarse a este período como el de la "Piedra Pulida", en contraste con el Paleolítico, que suele definirse como el período de la "Piedra Tallada".

     Los únicos vestigios que quedan de los más antiguos habitantes americanos son un conjunto de guijarros burdamente afilados a través del golpe con otro guijarro. Tan tosca es la elaboración de estos primitivos instrumentos machadores y partidores, que a veces cuesta trabajo al arqueólogo distinguirlos de los producidos por la simple acción de la Naturaleza.

     Estos testimonios de la acción humana se han encontrado generalmente junto a vestigios de fuego y a huesos de animales extinguidos como mamuts, perezosos gigantes o tigres de Diente de Sable, animales de la familia del camello, bisontes y caballos prehistóricos, y también de especies aún vivientes, como el puma. Los yacimientos están repartidos en los tres subcontinentes americanos y su antigüedad alcanza en algunos casos unos 35.000 años.

     Entre el 11000 y el 7000 a. C. se registra un notable perfeccionamiento de los instrumentos líticos. Las hojas de piedra son aguzadas y afiladas con mayor cuidado; las formas se estabilizan y responden a un cierto número de modelos constantes. Es lo que los arqueólogos estadounidenses denominan "Tradición de la Caza Mayor", ya que los elementos que definen a esta modalidad son las puntas lanceoladas de proyectiles con los que se cazaban grandes animales de especies hoy extinguidas en su mayor parte.

     También pertenecen a esta "Tradición" sus peculiares raspadores, cuchillos, agujas, espátulas y finas hojas alargadas de piedra, obtenidas por un procedimiento de percusión ( es decir, efectuado a través de golpes ) que revela conocimientos avanzados en el tallado de la piedra. Se ignora si los dardos así construidos eran arrojados por medio del propulsor o lanzadardos, o bien simplemente por la acción del brazo.

     A estos grupos cazadores correspondía un determinado modo de vida, cuya característica principal era el Nomadismo, ya que el cazador debe ir tras su presa. No obstante, es probable que la recolección de semillas y la caza de animales menores constituyese una parte importante de la dieta de estos pueblos, tal como ocurría con los Onas y los Tehuelches de la Patagonia. Se sabe, por otra parte, que algunas bandas solían pintarse el cuerpo y sus utensilios con el rojo mineral de la hematita.

( Sigue en la Tercera y Ultima Parte )

Ricardo V. Accurso.

              Regresar

 

 

 

 

 

 

 

América: Primeros Habitantes y Culturas

- 3° y Ultima Parte: Los Recolectores.

 La Invención del Cultivo -

Los Recolectores

     Ya hacia el 9000 a. C. se constata la presencia de ciertos grupos humanos (bandas) cuya subsistencia se basa fundamentalmente en la recolección de semillas silvestres, que son transformadas en harina mediante pequeños molinos de mano, consistentes en una piedra plana que sirve de base y una muela móvil que se maneja con una o con las dos manos. La caza, que juega un papel secundario en la dieta, se practica sólo en ciertas épocas del año. Los canastos, cuyos restos se han conservado en algunas cavernas secas, se hallaron junto a sandalias y lanzadardos.

     En los hábitos de algunos pueblos actuales, como los Paiutes de Norteamérica o los Nambikwara del Sertao brasileño, se reproducen poco alteradas las costumbres de los primitivos recolectores ocupantes de la zona. En general, en las tres Américas existen aún hoy pueblos que mantienen una cultura de recolección. Entre los instrumentos propios de esta cultura se hallan las boleadoras, que se encuentran tanto en la zona ártica, en las mesetas bolivianas y en La Pampa y la Patagonia. También es característico el uso de piedras calientes para elevar la temperatura del agua o de los alimentos.

     Muchos ritos, creencias y costumbres de los americanos primitivos aparecen en regiones muy apartadas del continente, sugiriendo orígenes comunes. Por ejemplo, la práctica de hacer señales de humo como medio de comunicación a distancia, de uso general entre los cazadores de los tres subcontinentes; o el tajo de un falange en señal de duelo, costumbre común a los charrúas rioplatenses y a los indígenas de las llanuras norteamericanas. El valor de trofeo del cuero cabelludo del enemigo fue reconocido tanto por los Pieles Rojas de América del Norte como por los indios del Gran Chaco. La costumbre de dibujar en las paredes de las cavernas el contorno de la mano está densamente ejemplificada en la Patagonia, pero también aparece en Centroamérica, donde las paredes de los templos mayas abandonadas fueron prolijamente cubiertas de "manos" por indígenas de culturas más primitivas que habitaban en la selva vecina.

La Invención del Cultivo

     A partir del 7000 a. C., muchas de las poblaciones americanas, al verse privadas de buena parte de la Caza Mayor (por extinción de algunas especies), intensificaron su economía de recolección. De ésta sólo medía un paso -aunque trascendental- para los primeros ensayos de domesticación y cultivo de vegetales, que tuvieron lugar en zonas semitropicales, alejadas de los hielos. Del cultivo se deriva, como una consecuencia lógica, el abandono del nomadismo y la iniciación en una forma de vida sedentaria (permanente o temporaria).

     La siembra y cosecha del maíz, el ají, los porotos o frijoles y el zapallo en Norte y Centroamérica; y de la papa o patata, la quinoa y el camote en Sudamérica, provocaron un profundo cambio (revolución) en los antiguos pueblos recolectores y cazadores. La generación de un excedente alimentario y la posibilidad de almacenarlo, posibilitó en determinados lugares una creciente diferenciación social y, con ello, el surgimiento de ciertos grupos sociales dedicados a tareas no ligadas directamente a la obtención del sustento diario, como ser guerreros especializados y sacerdotes o shamanes.

     El desarrollo de la agricultura fue posible gracias a una serie de sucesivas experimentaciones y precisas observaciones. Es decir, el progreso del conocimiento ligado al cultivo constituyó un proceso muy complejo. En efecto, si -por ejemplo- la planta del maíz no es cuidada por el hombre, se muere, incapaz de reproducirse, al cabo de dos o tres años. Tampoco puede retornar al estado silvestre, pues el hombre ha transformado radicalmente las gramíneas primitivas en que tuvo su origen. Es también una planta muy exigente y delicada, sensible a las heladas, a diversos parásitos, a la cizaña y a la escasez de lluvias. Por ello, la obtención del maíz que los españoles encontraron al llegar al Nuevo Continente, requirió pacientes ensayos de los agricultores indoamericanos. Fue una proeza que podríamos calificar de científica (es decir, ligada a un conocimiento preciso, acumulativo, fruto de la experimentación -observación, de la deducción y de la inducción), que dice mucho del alto grado de perspicacia e inventiva poseído por los antiguos pobladores de América.

Vicente R. Accurso.

   Regresar

 

 

 

 

 

 

 

Las Amazonas

- 1° Parte -

     En la actualidad, el nombre Amazonas designa a uno de los tres ríos más largos del mundo ( 6.480 km ) y el primero por la superficie de su cuenca ( 6.120.000 km cuadrados ). Casi se ha olvidado el origen de esa palabra de procedencia griega, tan fabulosa como el río que ella designa.

     Ante todo, cabe preguntarse porqué y desde cuando dicho río se llama de esa manera.

     En el año 1541, la expedición del español Francisco de Orellana ( desprendimiento de una mayor liderada por Gonzalo Pizarro, hermano menor de Francisco Pizarro, el célebre conquistador del Perú junto a Diego de Almagro ) descubrirá un inmenso río tropical, que cruzaba prácticamente el norte de Sudamérica, del extremo oeste al extremo este. El mismo nacía en los Andes y desembocaba en en el Atlántico. antes de ser denominado Amazonas, este curso de agua fue llamado el Río de Orellana, en honor a su descubridor extremeño.

     Cuarenta y un años antes ( en el 1500 ), la expedición de Vicente Yañez Pinzón ( cuyo hermano integró la primer expedición comandada por Colón, en 1492 ) había descubierto la desembocadura del Amazonas pero no se había adentrado por el imponente río. Pinzón testimoniará que las aguas fluviales hacían retroceder al mar, en aquel punto, más de 30 leguas.

     El nombre de Amazonas le será otorgado a consecuencia de los relatos traídos por los integrantes de la Expedición Orellana. Según éstos, en una parte de la travesía debieron enfrentar a unas valerosas mujeres guerreras que habitaban las entrañas de las regiones amazónicas. A partir de entonces, surgió un nuevo ciclo de leyendas acerca de un Reino de las Amazonas en el inmenso territorio interior del Brasil.

     Cabe destacar que el principal testimonio literario, y única fuente de primera mano, de aquella expedición es la crónica del domínico Fray Gaspar de Carvajal, uno de los religiosos que acompañaba Orellana.

     Los mitos de la conquista americana están fuertemente influenciados por los mitos greco-latinos. Tales mitologías, junto con el afán desmesurado de gloria y riqueza, alentaban a los conquistadores ibéricos en sus increíbles empresas. Fuentes de la Eterna Juventud, Ciudades de Oro y Plata, El Dorado, Las Amazonas, eran algunos de esos míticos ideales. Así por ejemplo, los españoles creyeron hallar en tierra americana una nueva versión de las Amazonas mencionadas por los griegos.

     Sin embargo, no conviene destacar totalmente la posible existencia de mueres guerreras o de posición destacada en la América Precolombina, las cuales aparecerían deformadas en las crónicas españolas por los construcciones míticas que abrigaban los conquistadores.

Las Amazonas en la Antigüedad

      Las Amazonas para los griegos  eran el símbolo por antonomasia de la barbarie. Representaban las antípodas de su orden, pues sólo en un mundo trastornado podían imaginar que las mujeres se dedicaran a la guerra, gobernaran una sociedad y vivieran solas; es decir, sin la compañía de los hombres. En suma, el mundo de las Amazonas era una especie de caos frente a la sociedad griega dominada por los hombres, símbolo del orden. Era algo inaudito para la mentalidad griega que el oficio de la guerra y el arte de gobernar, propios de los más valerosos y sabios de los hombres, recayera en manos femeninas, quienes además subyugaban a los hombres de pueblos bárbaros y les utilizaban para satisfacer sus necesidades sexuales y de reproducción. Respecto de esto último, se decía que conservaban entre ellas a sus hijas y mataban, o enviaban a los pueblos vecinos, a los hijos. Con lo cual el mito reforzaba aún más la oposición de la sociedad amazónica con la de los griegos o de cualquier sociedad patriarcal en general. En estas últimas se otorga más valor a los vástagos masculinos que a los femeninos, siendo incluso común la práctica del infanticidio femenino ( a la inversa de la práctica amazónica ).

     Según algunos estudiosos el mito de las Amazonas sería el resabio de algún férreo régimen matriarcal que pudo existir en el Asia Menor. Para otros, como Steuding, no existen pruebas suficientes para verificar esa hipótesis.

     Hay varias etimologías posibles de Amazona, las cuales resultan importantes para establecer el origen de este mito. Una de ellas expresa que Amazona estaría ligada a la palabra asiática "Masa", que significa Luna. De esto se deduciría que las Amazonas habrían sido una especie de sacerdotisas de dicho astro. Resulta significativo que las mismas estuvieran asociadas a la luna, astro nocturno, asociada a las tinieblas y a lo irracional. Esto representaba el polo opuesto del mundo regido por el sol, símbolo del orden luminoso y racional. La luna aparece ligada al principio femenino y el sol al masculino. Y así como los dioses luminosos terminan imponiéndose sobre la realidad caótica, las tinieblas y lo informe, de la misma manera -según el mito- los griegos a través de sus héroes se imponen sobre las Amazonas. Aquiles, Hércules y el ateniense Teseo, entre otros, doblegan a las intrépidas mujeres guerreras, las cuales -en algunas narraciones- aparecen como aliadas de otros no menos míticos y odiados enemigos de los griegos; nos referimos a los Troyanos. Como los Troyanos, también las amazonas terminaron siendo doblegadas.

      La derrota de las bárbaras Amazonas ( cantada desde el siglo VI a. C. hasta las postrimerías de la época helenística en numerosas obras ) simboliza la   reafirmación del Orden sobre el Caos. Así, la anormalidad termina siendo aplastada para tranquilidad del mundo tomado como modelo de normalidad.

      Al igual que las Amazonas sudamericanas, las del Viejo Continente aparecían situadas a orillas de un río. En este caso era el Termodonte o Termodón, en la región de Capadocia ( Asia Menor, al oeste de Armenia ), cerca del Ponto Euxino ( antiguo nombre del Mar Negro ) y de Trebisonda, una ciudad que se hallaba dentro de lo que actualmente es Turquía.

      Ahora, según una etimología diferente a la anterior, la palabra Amazona ( como puede verse, su significado aún no se encuentra convenientemente aclarado ) estaría formada por el prefijo griego "Mazos" ( pecho, seno ). Por ende, se traduciría como mujer sin seno. Según la leyenda, estas féminas se amputaban uno de sus senos para guerrear con más comodidad. Al seccionarse el seno derecho podían utilizar de forma más adecuada el arco y las flechas.

      A la par que temerarias y belicosas, las Amazonas eran representadas como mujeres altas y bellas. Así aparecían, por ejemplo, en las obras de los grandes escultores griegos como Fidias, Policleto y Cresilas, inspirados en las luchas de éstas contra los héroes griegos y a quienes se debe en gran medida la popularización de este mito. Por ende, para los héroes helénicos derrotarlas no implicaba únicamente aventar el peligro del caos, de un orden trastocado, sino también apropiarse de una mítica belleza.

( Sigue en la Segunda Parte )

Ricardo V. Accurso.

Regresar            

 

 

 

 

 

 

 

Las Amazonas

- 2° y Ultima Parte -

      Las Amazonas habrían edificado en la región del Asia Menor (o del Cáucaso, según otros autores), de la cual eran originarias, una serie de poblados, siendo el principal uno denominado Temiscira. O sea, se presentaba a las Amazonas como un pueblo de mujeres sedentarias que habitaban núcleos urbanos. El Estado de las Amazonas estaba regido por una reina y no se admitía en él a ningún hombre. Unicamente para perpetuarse como pueblo aceptaban entrar en contacto con los hombres, lo cual se producía una vez al año. A tal efecto, efectuaban especies de "raids" sobre el vecino pueblo de los Gargáreos, tomando de ellos a los hombres que satisfacieran sus necesidades sexuales y reproductivas. Parece ser que una vez satisfechas, les exterminaban. Dado que las Amazonas estaban interesadas sólo en la descendencia femenina, como ya adelantamos, cuando les nacían hijos varones los enviaban al territorio de los Gargáreos o, simplemente, los mataban.

      Las hijas sanas recibían una educación de tipo varonil, entrenándose en las prácticas de la guerra y de la caza. Las Amazonas hacían uso de armas tales como el arco, el hacha, el escudo y el armento o lanza arrojadiza.

      Entre sus reinas más famosas figuran Licia, Hipólita, Pentesilea, Antíope (robada por Teseo), Esfiona (que amistó con Jasón) y Telespina (quien, según una leyenda, habría visitado a Alejandro Magno).

      Las tradiciones griegas hacen referencia a seis grandes acontecimientos relacionados con las Amazonas, los cuales aparecen enumerados por Federico Sainz de Robles en su Diccionario Mitológico Universal:

"1) La incursión que (las amazonas) realizaron por Licia, siendo rechazadas por Belerofonte. 2) La guerra mencionada por Homero de los Príncipes Frigios y de las Amazonas. 3) La expedición de Hércules contra Hipólita. 4) La invasión del Atica y el combate contra Teseo. 5) La alianza con Troya de las Amazonas, en cuyo sitio pereció a manos de Aquiles, Pentesilea. 6) La expedición contra la Isla de Leuca, en el Ponto Euxino".

      También cabe citar el capítulo culminante de estas historias, es decir la lucha de Apolo contra las Amazonas. Se atribuye a este héroe el haber dado fin a la guerra de los griegos contra estas indómitas mujeres. Por esa razón, Apolo era denominado Amazonio en Pírrico, donde se levantaba un santuario en su honor.

      Hay quien sostiene, como J. A. Perez Rioja en su Diccionario de Símbolos y Mitos, que este mito sería una personificación de ciertos fenómenos naturales:

"...Galopando por las nubes, unas veces fertilizan la tierra con el jugo de sus senos, y otras, guerrean con dureza, produciendo truenos y relámpagos. El cinturón de su reina Hipólita, trofeo de Hércules, simboliza -según esta interpretación- el arco iris".

      En cuanto a las fuentes literarias, ya encontramos referencias acerca de las Amazonas en la Ilíada, cuando en el Canto VI, al hacerse mención de la trayectoria del héroe Belerofonte, Homero narra que el mismo "quitó la vida a las varoniles Amazonas". Posteriormente, Heródoto (llamado el "Padre de la Historia"), entre el conjunto de mitos que recogió para elaborar su Historia, hizo uso de la leyenda amazónica.

Las Amazonas Americanas

      Antes de pasar a lo narrado por Fray Gaspar de Carvajal, quien es la principal fuente de información respecto de las Amazonas presuntamente descubiertas por la expedición de Orellana, conviene efectuar una semblanza de este último.

      Francisco de Orellana había nacido, aproximadamente, hacia 1511, en Trujillo, provincia de Cáceres, Extremadura. Amigo y pariente de los hermanos Pizarro, participó con éstos en la conquista del Perú. Demás está decir que militó en el bando pizarrista contra los almagristas cuando se ocurrió la guerra de facciones acaecida tras la conquista del Imperio Incaico.

      Llegó al Nuevo Mundo siendo un adolescente y hacia 1537 (antes de cumplir los 30 años) le hallamos fundando la ciudad de Santiago de Guayaquil, de la cual fue gobernador. Había llegado al Ecuador, para cumplir una misión que le asignara Francisco Pizarro, quien veía en Orellana a un capitán valeroso y entusiasta. Logra reprimir a los sublevados indígenas del oeste de Quito, tal era su misión, que habían destruido Guayaquil (fundada por Belalcázar) y funda la nueva ciudad. Esta funcionaría como base de entrada al reino de Quito.

      En 1540 se unió a la expedición de Gonzalo Pizarro, hermano menor de Francisco Pizarro, que iba en busca del mítico País de la Canela, al oriente de los Andes ecuatorianos. Esta empresa venía siendo preparada desde el año anterior, cuando Gonzalo Pizarro se había hecho cargo de la gobernación de Quito.

      Por orden de Pizarro, Orellana descendió por el río Coca en busca de provisiones. Imposibilitado de volver río arriba por la fuerza de la corriente y ambicionando descubrir fabulosos tesoros se internó en la cuenca amazónica, explorando más de 1.800 leguas hasta desembocar en el Océano Atlántico. Finalmente arribó a la isla de Cubagua, frente a Venezuela. Desde ese lugar dirigióse a España para reclamar las nuevas tierras descubiertas. Allí, tuvo éxito en sus negociaciones con la Corona, obteniendo el gobierno de dichos territorios. Los mismos fueron denominados Nueva Andalucía. Sin embargo, Orellana no pudo sacar provecho de esta situación, pues murió a consecuencia de unas fiebres malignas adquiridas cuando buscaba el brazo principal del Amazonas recorriéndolo en el sentido inverso a la ocasión anterior.

      Como otros conquistadores, Orellana sucumbió ante el espejismo, y su muerte fue el lógico corolario de esa vida.

      A la vez que el afán de grandes riquezas alentaba en estos hombres el deseo de la aventura, la persecución de la gloria, el descubrimiento de nuevos mundos y la búsqueda de utópicas entidades: la ciudad de los Césares, las Siete Ciudades de Cíbola, el Dorado, la Fuente de la Eterna Juventud o el Reino de las Amazonas. sus vidas parecían consagradas al descubrimiento de las realidades fabulosas que aparecían en las novelas de caballería medievales.

Ricardo V. Accurso.

            Regresar

 

 

 

 

 

 

 

Sicilia: Síntesis

 Geográfica e Histórica

     Sicilia es la isla más grande del mar Mediterráneo. Su superficie es de 25.708 km.2 y cuenta con una población cercana a los 5.200.000 habitantes. El estrecho de Mesina la separa de la península itálica. Su capital es Palermo, en el extremo NO. de la isla.

     Su territorio es en gran parte montañoso. Próximo a la costa oriental se erige el famoso volcán Etna (3.243 m.).

     Desde época remota Sicilia se ha destacado por su riqueza agrícola, llegando a ser el granero de la Roma imperial. Además de los cereales (especialmente el trigo), se destacan los cultivos de vid y de olivo, juntamente con la producción de cítricos e higos.

     Entre sus recursos minerales, sobresalen el azufre y el petróleo.

    Sicilia constituye una región autónoma dentro del estado italiano. Está dividida en las provincias de Agrigento, Caltanissetta, Catania, Enna, Mesina, Palermo, Ragusa, Siracusa y Trapani.

    Existen indicios de poblaciones que se remontan al Paleolítco Superior, por lo menos. Entre los habitantes más antiguos de tiempos históricos figuran los sículos. En torno al 1000 a. C. los fenicios comenzaron a establecer factorías y algunas colonias a lo largo de la isla. Con posterioridad llegaron los colonos griegos, destacándose las ciudades de Agrigento (Acragas) y Siracusa. Cartagineses y romanos arribaron con posterioridad. Los romanos derrotaron a los cartagineses (descendientes de los fenicios establecidos e el norte de Africa) en las guerras púnicas, estableciendo así su control sobre la isla.

    Cuando la decadencia del Imperio Romano de Occidente sufrió los embates de diversos pueblos germánicos. Posteriormente fue controlada por el Imperio Bizantino (constituido a partir del Imperio Romano de Oriente) y luego por fuerzas islámicas procedentes del norte africano. Durante el siglo XI los normandos derrotan a los musulmanes e instalan un floreciente reino con capital en Palermo. La dinastía normanda será reemplazada luego por la dinastía suaba que tendrá en Federico II a su representante más destacado. Ya en el siglo XIII se impone en la isla una dinastía de origen francés: la casa de Anjou. Un levantamiento, conocido como "Vísperas Sicilianas" (1288), acaba con esa dominación. A partir de entonces Sicilia pasa a integrar la Corona de Aragón, recuperando en cierta medida el esplendor alcanzado durante el gobierno de las dinastías normanda y suaba.

    En 1442 Sicilia se une a Nápoles formando el Reino de las Dos Sicilias. El progresivo desplazamiento de los catalanes-aragoneses por los castellanos en el gobierno del reino limitará la autonomía de la isla y perjudicará su desarrollo.

    Entre 1735 y 1860 Sicilia fue gobernada por una rama de los Borbones. Ese gobierno concluyó tras la invasión liderada por Garibaldi. Desde entonces la isla forma parte del estado italiano.

Enzo Duarte.

 Regresar

 

 

 

 

 

 

 

El Mito del Diluvio

 entre los Araucanos

     Entre los indígenas patagónicos también se encuentra una antigua tradición que hace referencia al anegamiento de la Tierra. Cuenta la misma que en tiempos lejanos el Calfú (Cielo) se abrió para dejar que sus cataratas inundaran las tierras de Arauco, provocando la desaparición de cualquier vestigio de vida. Poco antes de que se desencadenara el desastre, Guinechén (Dios) previno a los Araucanos del mismo. De esa manera, pudieron refugiarse en una montaña de gran altura denominada Tentén. En otro cerro se cobijaron los animales. Según el mito, las aguas se abalanzaron sobre la Tierra con tanta furia que a punto estuvieron de cubrir la cima de las montañas mencionadas. Parece que tras esta tragedia se hallaba la mano de Guecufú (Demonio de los Araucanos). Gracias a la acción de Guinechén (que ya antes había advertido a los indígenas del descomunal Diluvio) las montañas no fueron sepultadas, pues cuando las aguas estaban por hacerlo él las elevaba.

     Tras muchas lunas (nótese esta forma de medir el tiempo) de acechanza, las aguas terminaron por retirarse y los Araucanos se salvaron gracias a Guinechén.

     Expresa Lázaro Flury en un pequeño pero valioso libro sobre los Araucanos publicado en 1944 y fruto de una investigación de campo, que los indígenas de la cordillera patagónicas eguían guardando una profunda veneración a los cerros Tentén y Caicán, los cuales -dice Flury- "se elevan imponentes en el Macizo Andino como si aún quisieran proteger a la raza que salvaron del Diluvio".

Enzo Duarte.

Regresar

 

 

 

 

 

 

"La Muerte"

 Texto de Platón

     El morir puede ser una de dos cosas. O es la extinción absoluta del ser o, como algunos creen, es un tránsito de aquí hacia otro lugar. Si fuera una extinción del ser y se asemejara a un sueño sin sensaciones ni imágenes, ¡maravillosa sería la muerte! Me parece que si alguien tuviera que elegir aquella noche en la que ha dormido tan profundamente como para no tener sueños, y tras comparar esa noche con las demás noches y los demás días de su vida, debiera examinarlos y decir cuántos días y noches mejores que aquélla ha vivido en su vida, pienso que no sólo un hombre común sino también el Gran Rey encontraría muy pocas. Por consiguiente, si la muerte es algo así, significa ganancia, porque de esta forma la eternidad no es más que una sola noche. Pero si la muerte es el tránsito hacia otro mundo, y si es verdad como se dice, que en ese otro mundo están todos los que han muerto, ¿qué otro bien mayor se puede imaginar? Si uno llegara al Hades desembarazado de estos que se dicen jueces y se encontrara a los verdaderos, aquéllos que, según dicen, juzgan allí a las almas: Minos, Radamanto, Eaco, Triptolemo, y además hallara a aquellos semidioses que han sido justos en sus propias vidas, ¿sería acaso un viaje carente de valor? Por convivir, además, con Orfeo y Museo, Hesíodo y Homero, ¿cuánto no daría cualquiera de ustedes? ¡Cuántas veces estoy dispuesto a morir si es verdad!, ya que sería una maravillosa manera de pasar el tiempo conversas con Palamedes, Ayax, Telamoniano, y cualquiera de los antiguos que hayan muerto a causa de una sentencia injusta: comparar mi padecimiento con los de ellos, no me sería desagradable en absoluto. Pero mi mayor pasatiempo sería dedicarme a examinar a unos y otros como lo hago en este mundo para conocer quién es sabio y quien cree que lo es sin serlo.

Texto Extractado de su obra: "Apología de Sócrates".

Regresar

 

 

 

 

 

 

 

El Diario del Capitán Cook

- 3° Parte -

Australia - 11 - 22 junio 1770

     Vimos dos islitas y nos acercamos a ellas, pero unos minutos antes de las 11el barco encalló; nos hallábamos sobre un arrecife de coral. Como el barco no se movía descargamos los cañones, objetos de hierro, toneles, maderos, depósitos de aceite, y toda clase de mercancías. Como a las 10 y 20, y cuando ya teníamos 3 pies y 9 pulgadas de agua en la bodega, el barco floto...

     A las 8 examinamos su proa en la orilla, lo cual nos dio idea del rasgón; se diría que había sido cortado por un instrumento sin filo. Un gran trozo e coral estaba adherido a un agujero; varias piezas de calafatee, piedras pequeñas, arena y otros objetos habían detenido el agua.

Australia - 22 junio - 15 Julio 1770

     Envié tres hombres a tierra a cazar pichones, pues habíamos visto algunos volando por los alrededores; regresaron con una media docena. Uno de los hombre vio un animal color ratón, muy ligero y vivo de pies. Esta mañana yo vi a uno de esos animales; era del tamaño de un sabueso grande y casi de su forma, pero con una cola muy larga que arrastraba. Lo habría confundido con un perro silvestre de no haber sido por su modo de avanzar, o de correr, pues saltaba como saltan las liebres o los ciervos. Fuera de su cabeza y orejas, que se parecen a las de las liebres, no se parece a ningún animal europeo que yo haya visto nunca. Más tarde cenamos carne de ese animal y nos pareció excelente.

SEGUNDO VIAJE: HIELO E ISLEÑOS

En aguas Antárticas - 12 - 30 Diciembre 1772

      En las últimas 24 horas pasamos seis islas de hielo. Desde cubierta, algunos avistaron pingüinos. Nieve y cellisca todo el tiempo; el termómetro abajo o en el punto de congelación, de modo que nuestras velas y aparejos quedaron tiesos por el hielo. Pasamos otras 18 islas de hielo y vimos más pingüinos de otras partes del mundo; sin embargo, caminan por el agua de un modo diferente a todos los demás que conozco; en lugar de nadar, como hacen otros pájaros, brincan y saltan como algunos peces de otros mares.

En aguas Antárticas - 9 enero 1773

     Cuando encontramos trozos de hielo flotando, bajamos nuestros botes y embarcamos tanto que obtuvimos no menos de 15 toneladas de agua fresca. Antes de poder subir a los botes, tuvimos que romperlos con nuestras hachas. El agua salada que tenían adherida era tan poca que no dejaba sabor; los dejamos sobre cubierta para que la escurrieran por completo. Aunque un poco tedioso, el hacer agua del hielo es la forma más expedida de beber agua a bordo.

Nueva Zelandia - 27 marzo 1773

     De todos los hombres de abordo, solo uno puede decirse que padezca esa enfermedad (escorbuto). En cuanto anclamos el buque, nuestro primer cuidado fue enviar un bote con gente a pescar. Algunos marineros fueron a una roca en que había varias focas, a una de las cuales mataron. El bote de los pescadores tuvo igual éxito y regreso con tantos peces como pudimos cenar ese día y comer en las primeras horas del día siguiente. Todo lo cual nos dio esperanzas de que encontraríamos abundancia de peces.

Nuevas Hébridas - 6 agosto 1774

     Después de soltar el ancla, desembarque con una fuerte partida de hombres, pero los muchos isleños armados con dardos, garrotes, hondas, arcos y flechas no se nos opusieron. Una vez que situamos a nuestros hombres en la bahía, distribuí entre los ancianos telas, medallas, etc. y ordené que dos toneles se llenaran con agua d un estanque. Nos obsequiaron cocos, pero no se desprendieron e ninguna de sus aras, que mantuvieron siempre dispuestas. Poco se necesitaba para que nos atacaran; sin embargo, el habernos reembarcado debe haberlos desconcertado en sus planes pues poco después de eso se retiraron.

( Continuará en la 4° Parte )

Regresar