Ayer Nomás

 una Balsa se echó al Mar

“Estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado,

tengo una idea: es la de irme al lugar que yo más quiera.

Me falta algo para ir pues caminando que yo no puedo,

construiré una balsa y me iré a naufragar.

 

Tengo que conseguir mucha madera,

Tengo que conseguir de donde pueda,

Y cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura,

con mi balsa yo me iré a naufragar.”

 

( “La balsa”, Tanguito – Litto Nebbia)

 

     “La balsa” fue compuesta hace 40 años en el bar “La Perla del Once”, frente a la estación ferroviaria “Once de Septiembre” de la Capital Federal. La autoría de ese tema fundacional del llamado rock nacional la comparten José Alberto Iglesias (alias “Tanguito” o “Ramsés II”) –muerto en plena juventud – y el rosarino Litto Nebbia, cantante del grupo “Los Gatos”. La grabación se efectuó en los estudios TNT el 19 de junio de 1967 y fue editada como simple por la RCA, junto con “Ayer nomás” (de Moris y Pipo Lernoud) en el lado B, el 3 de julio del mismo año. “Ayer nomás” había sido grabado el 27 de mayo.

     Ese disco simple de “Los Gatos” (grupo conformado por el citado Nebbia, Oscar Moro, Ciro Fogliatta, Alfredo Toth y Kay Galiffi)  fue el primero en la historia del rock nacional. A partir de entonces se generaliza la composición y grabación en castellano, dado que con anterioridad se efectuaba en inglés, siendo los uruguayos “Los Shakers” y los rosarinos “The Wild Cats” (antecesores de “Los Gatos”) representantes de esa época augural.

     Dos años después (1969), “La balsa” será grabada por Tanguito. En esa versión se escucha como fondo la voz de Javier Martínez (baterista de “Manal”) diciendo: “’La balsa’ es tuya, la compusiste en el baño de la ‘Perla del Once’”. 

Luis Spissa.

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Julio Irazusta

     Durante plena Guerra de Malvinas, el 5 de mayo de 1982, dejaba esta vida un argentino de prolífica y no vana tarea. De estirpe vasca y germana, Don Julio nació en el sur de la provincia de Entre Ríos, más precisamente en Gualeguaychú, el 23 de julio de 1899. Estudió en La Plata, Buenos Aires, Oxford y Roma, siguiendo una vocación y no una "carrera". Su formación la adquirió a través de lecturas, cursos libres y conversaciones con personas de mérito moral e intelectual. Enrique Díaz Araujo supo definirlo de manera breve y precisa en un párrafo de Lejana despedida:

     "Sé que tus facetas eran múltiples: filósofo político, historiador revisionista, crítico literario, militante nacionalista, ensayista de temas universales. Que tenías una inteligencia profunda, laboriosamente cultivada al estilo clásico, del humanista sereno que con lucidez develaba la realidad escondida a los profanos. Que contabas con una acerada voluntad, entusiasta, coherentemente asociada a tu mentalidad -espejo espléndido de tu célebre idea de la 'Voluntad Esclarecida'-, colocada sin desmayos al servicio del Bien Común. Que aliabas tu pensamiento y tu volición al sentimiento hondo, entrañable, de la amistad dispensada con nobleza, al exquisito sentido del honor y al gesto señorial, que de casta te venía. Que todos esos méritos reunidos arrojaban el saldo lógico del hombre ejemplar, del maestro singular, de quien renunció por anticipado a los honores fáciles de la vida vana, para quedarse a la intemperie de los fastos oficiales y así mejor velar por su amada patria."

     Entre sus diversos estudios destacan los siguientes:

* Ensayo sobre Rosas, en el centenario de la suma del poder (1835-1935)

* La Argentina y el imperialismo británico (esta obra, elaborada junto con su hermano Rodolfo, debió recibir a principios de la década de 1930 el Primer Premio Municipal de la ciudad de Buenos Aires, pero las presiones de la embajada británica y de sus secuaces nativos lo impidieron)

* Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia (la edición más reciente es la de Eudeba, Buenos Aires, 1975, 8 tomos)

* Urquiza y el pronunciamiento

* La política, cenicienta del espíritu

* Influencia económica británica en el Río de la Plata

* De la epopeya emancipadora a la pequeña Argentina

* La monarquía constitucional en Inglaterra

* Gobernantes, caudillos y escritores

+ Actores y espectadores (Primer Premio Municipal de Literatura de la ciudad de Buenos Aires en 1938, lo cual sugiere la valía intelectual de esta obra, ya que le fue entregado en plena "década infame", de la cual -en tanto partícipe creador del nacionalismo argentino doctrinario- fue uno de sus críticos más encarnizados).

     Julio Irazusta partió hacia mejor vida el mismo año en que lo hizo otro argentino afin: el Padre Leonardo Castellani, de no menor magisterio. Para acercarse a su vida y obra recomendamos la lectura de los siguientes textos:

* Los males de la memoria, de Diana Quattrocchi-Woisson (Buenos Aires, Emecé, 1995). La autora, aunque discipula de Tulio Halperín Donghi, logra un acercamiento a la cuestión tratada más objetivo y mesurado que el de su mentor.

* El nacionalismo argentino, de Enrique Zuleta Alvarez (Buenos Aires, La Bastilla, 1975, 2 tomos).

* Los críticos del revisionismo histórico, de Antonio Caponetto (Buenos Aires, Instituto Bibliográfico "Antonio Zinny", 1997, 2 tomos).

     Debido a la ideología dominante, que como decía Karl Marx es la ideología de la clase dominante, el primero de los estudios señalados es de fácil acceso, no pudiéndose decir lo mismo de los dos zagueros.

Ricardo Accurso.

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Exiliados Federales Bonaerenses

 en la Confederación Argentina

     Hacia principios de 1856 se produce, en la provincia de Buenos Aires, un levantamiento pro-urquicista liderado por los generales federales José María Flores y Jerónimo Costa, quienes se habían exiliado en la Banda Oriental del Uruguay. Las huestes federales irrumpieron desde el norte de la provincia con la intención de promover una revolución en Buenos Aires y lograr su unión con la Confederación Argentina, que tenía a Paraná como capital provisoria. Se buscaba restaurar la situación política previa al levantamiento anti-urquicista del 11 de septiembre de 1852. La acción de Flores y Costa derivó en un tremendo fracaso. El primero fue vencido en la batalla del Laguna Cardoso (25 de enero) y el segundo, en los campos de Villamayor, partido de La Matanza (primeros días de febrero). El citado Costa, (héroe de la batalla de la isla de Martín García contra la escuadra francesa que bloqueaba el Río de la Plata durante el conflicto sucitado durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas), el coronel Ramón Bustos (culto oficial instruido en Europa), el coronel León Benítez y 124 soldados de los 200 que integraban la fuerza rebelde fueron ultimados por orden del gobernador Pastor Obligado. Fermín Chávez, en su biografía de José Hernández (Buenos Aires, Plus Ultra, 1973, p. 28) expresa que “la pena de muerte por causas políticas había sido abolida años antes por el Director Provisorio, general Urquiza”. Lo sucedido con estos prisioneros, lejos de constituir un hecho aislado, será una constante del régimen liberal instaurado en Buenos Aires a partir del 11 de septiembre de 1852 y en el resto del país tras la batalla de Pavón (17 de septiembre de 1861), cuando en unas circunstancias dudosas –a pesar del triunfo militar confederal- Justo José de Urquiza se somete al líder porteñista Bartolomé Mitre. Una y otra vez, los supuestos civilizados emplearán métodos que consideraban bárbaros si los cometían sus enemigos.

     Chávez informa, además, lo siguiente:

     “Esta matanza no fue condenada por ningún vocero del partido oficialista de Buenos Aires; antes al contrario, El Nacional y La Tribuna comentaron los hechos en forma de rotundo aplauso.”

     Paralelamente, aparece en Buenos Aires el partido Federal Reformista, que proponía la incorporación del estado bonaerense a la Confederación (primero presidida por el entrerriano Urquiza y luego por el cordobés Santiago Derqui). Sus adversarios denominaron a los federales reformistas con el mote de “chupandinos”, porque –supuestamente- abundaban entre ellos los cultores de Baco.(1) Vocero de este partido era el periódico La Reforma Pacífica. El fundador de ese órgano y líder principal de ese partido era el dr. Nicolás Antonio Calvo. Entre los redactores de esa publicación estaba Ovidio Lagos. Otras plumas destacadas que colaboraban con La Reforma Pacífica eran Juan José Soto, el coronel Juan F. Mur, Carillo Flores y el Barón de Viel Castel. A pesar de que no se había establecido una alianza política expresa entre Calvo y Urquiza, el oficialismo consideraba al periódico como un instrumento del caudillo entrerriano.

     Ante la práctica metódica del fraude en las elecciones y otras formas de hostigamiento, una buena cantidad de federales bonaerenses termina exiliándose en el territorio de la Confederación Argentina (sobre todo en las provincias litorales) o en la Banda Oriental. José y Rafael Hernández, Benjamín Victorica, Prudencio Arnold, Ovidio Lagos y Eudoro Carrasco figuraban entre los emigrados, opositores a Mitre, Sarmiento, Alsina y Pastor Obligado. El hostigamiento se intensificó tras las elecciones del 29 de marzo de 1857, cuando triunfa Adolfo Alsina. Al respecto escribe Chávez en su obra ya mencionada (p.33):

     “Menudearon entonces las agresiones de hecho y los llamados ‘juicios de imprenta’ contra los diarios opositores. Entre estos últimos se cuentan La Prensa, subvencionada por Urquiza y redactado por Juan F. Monguillot, y la citada Reforma Pacífica.” En marzo de 1858 desaparece el periódico de Monguillot, quien fue procesado y multado. Este periodista emigró a Paraná, donde fue miembro destacado del Club Argentino (institución social, cultural y política que integraban, además, entre otras personalidades, Santiago Derqui, Alfredo Du Graty y el comerciante catalán Ramón Puig). Este club había sido fundado en 1853 y en marzo de 1859 se fusionó con el Club Socialista (que, a pesar de su nombre, nada tenía que ver con lo que se entiende hoy por socialismo, su finalidad era fomentar “la sociabilidad y la cultura”), donde actuaban Evaristo Carriego (padre), Lucio V. Mansilla, José Hernández y Jorge Alzugaray, regente del principal periódico de la Confederación: El Nacional Argentino. Hernández, se dice, fue uno de los colaboradores de esa publicación, que supieron dirigir Lucio V. Mansilla y el chileno Francisco Bilbao. Nicolás Calvo también terminaría exiliándose en Paraná, en mayo de 1859. Con él habría llegado, Rafael Hernández (hermano menor de José y secretario de Calvo. En junio –tras sufrir numerosas multas- fue clausurado La Reforma Pacífica. Tras sufrir arresto, Viel Castel (principal redactor de ese órgano periodístico junto con Carrillo Flores) emigró a Paraná, incorporándose a la redacción de El Nacional Argentino, donde también colaboró Ovidio Lagos. Monguillot será luego redactor de La soberanía popular, periódico editado en Paraná. Al no poder solucionarse pacíficamente las diferencias entre los dos estados argentinos (Buenos Aires y la Confederación) se genera una tensa situación que derivará en las batallas de Cepeda y Pavón, libradas en el sur de la provincia de Santa Fe, en el Pago de los Arroyos, zona de contacto entre ambos estados y puerta de acceso a los grandes ríos interiores. La primera tuvo lugar a orillas del arroyo Cepeda el 23 de octubre de 1859. Allí las fuerzas comandadas por Urquiza vencieron a las de Buenos Aires lideradas por Bartolomé Mitre. A consecuencia de la misma, Buenos Aires aceptó integrar la Confederación, lo cual finalmente no se produjo. En ese combate participó con el grado de capitán bajo las órdenes del coronel Eusebio Palma, jefe del regimiento 1º de línea. La batalla de Pavón, librada en las cercanías de dicho arroyo –más precisamente, en los campos de Domingo Palacio-, tiene lugar el 17 de septiembre de 1861. También fue parte de la misma José Hernández. Su hermano Rafael lo acompañó en esta ocasión. A pesar de la victoria militar, Urquiza ordena la retirada. Se ha especulado con un acuerdo entre los jefes contendientes logrado a través de la masonería, de la cual eran miembros la mayoría de los dirigentes confederales y porteños. Poco tiempo después, en la madrugada del 22 de noviembre del mismo año, los hermanos Hernández se hallaban en el campamento que mandaba el coronel Cayetano Laprida en Cañada de Gómez, provincia de Santa Fe. A las 5.30 horas de la madrugada fueron atacados de manera sorpresiva por una división mitrista comandada por el general Venancio Flores, militar y caudillo colorado que prestó grandes servicios (como otros militares uruguayos, entre los que descollaron también por su saña represora Wenceslao Paunero y José Miguel Arredondo) a la causa mitrista, tanto en las guerras civiles argentinas como en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. Terminó asesinado por militantes del partido blanco en Montevideo (1868). En la documentada biografía sobre José Hernández expone Fermín Chávez (p.46):

     “Aquello fue ‘una segunda Villamayor’, como dijo el general Juan A. Gelly y Obes, cuya nómina completa de muertos a arma blanca nunca se llegó a conocer.” La denominada “barbarie ilustrada”, de “levita” o “faldón” continuaba con su tarea de “organización nacional”. El partido urquicista se dividirá tras la defección de su líder. Los disidentes se terminarán agrupando en torno a la figura del general López Jordán, quien tuvo una valiente actuación en la batalla de Pavón. José Hernández y otros periodistas ilustres del Litoral apoyarán la brega de Ricardo López Jordán, casado con una hija del empresario catalán Ramón Puig. Entre los mismos se destacaban Evaristo Carriego (padre del poeta homónimo que, según Borges, descubriría las posibilidades poéticas del suburbio) –redactor de La Patria Argentina y El Litoral-, Francisco Fernández –redactor de El Soldado Entrerriano- y los responsables de El Paraná: Olegario V. Andrade, Eusebio Ocampo y Manuel Martínez Fontes. Tras la defección urquicista, Mitre se consolida como jefe nacional y promueve una serie de intervenciones militares en diversas provincias del país para instalar regímenes afectos. Producto de ese accionar anti-federal será la derrota y asesinato del señorial caudillo riojano Angel Vicente “Chacho” Peñaloza, sobre quien José Hernández escribirá una serie de artículos en El Argentino de Paraná (noviembre de 1863), que luego se reunirán en un folleto titulado Rasgos biográficos del General D. Angel Vicente Peñaloza. Peñalosa, Felipe Varela y López Jordán serán los últimos líderes federales que se opondrán a la organización del país por parte de un régimen centralizador, liberal y masónico que tejerá una red de alianzas políticas a partir de los grandes recursos que le otorga el control del puerto de Buenos Aires y de la más poderosa provincia del país.

Ovidio Lagos

     El más destacado de los porteños exiliados que terminaron radicándose en Rosario fue Ovidio Lagos, quien había nacido en Buenos Aires el 31 de agostos de 1825. Era hijo de Joaquín Lagos y Norberta Nim. Por sus ideas políticas, durante el rosismo, debió emigrar a Montevideo. Trabajó como tipógrafo y luego como periodista. Tras la batalla de Caseros regresó para ingresar en La Reforma Pacífica de Calvo. Participó activamente en las luchas civiles registradas entre 1852 y 1861. Con Juan Chassaing fundó el diario El Pueblo hacia 1864. Tras la muerte de aquel poeta y periodista se avecindó en Rosario, donde fundó el diario La Capital. El primer número apareció el 15 de noviembre de 1867. Aunque ya no pertenece a la familia Lagos, dicho diario sigue editándose y es el decano de la prensa argentina. Lagos figura entre los fundadores de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, llegando a presidir su comisión directiva. Intervino, además, en la fundación de otras instituciones y presidió sus comisiones como el Club Industrial y la Sociedad de Beneficencia de Rosario. Tuvo una destacada actuación durante la epidemia de fiebre amarilla que azotara a Buenos Aires, recibiendo diploma de honor y medalla recordatoria por su arrojo. Fue elegido diputado al Congreso Nacional por la provincia de Santa Fe, incorporándose a la cámara el 1º de mayo de 1888. Falleció en ejercicio de dicho cargo el 13 de agosto de 1891. La dirección de La Capital fue asumida entonces por su hijo Ovidio Lagos, quien también había nacido en Buenos Aires (15 de abril de 1853). En esa ciudad desarrolló sus estudios primarios y secundarios, pasando luego a Santa Fe para estudiar en la Universidad Provincial, hoy Universidad Nacional del Litoral. Al igual que su padre, dedicó gran parte de su existencia al periodismo, dirigiendo La Capital durante 40 años. Falleció en Buenos Aires el 26 de julio de 1916, haciéndose cargo del diario los nietos de Ovidio Lagos (padre). Ovidio Lagos hijo integró en tres oportunidades, como representante santafesino, la Cámara de Diputados de la Nación. Presidió, además, la Comisión de Inmigración.

Greg Haedowm.

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 (1) Los federales reformistas, por su parte, motejaron a sus rivales de “pandilleros”.

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El Mate según un Viajero Inglés

 por Nuestras Pampas, en 1824, llamado

 John Miers

     “A causa de haberme despertado momentos antes de que aclarara, pude presenciar una  curiosa y intoresca escena. Parte de la familia se había levantado, y luego de encender fuego debajo del triángulo, se habían apiñado a su alrededor tantos como cabían; algunos estaban sentados sobre pequeños trozos de madera; otros sobre sus talones, con las rodillas tocándoles el rostro; las llamas arrojaban una luz intensa que, al contrastar con la densa sombra del fondo destacaban al grupo. El “matecito” hacía la rueda de mano en mano, y por el largo tubo de lata cada uno tomaba a su turno un largo sorbo de infusión de la calabaza”.

John Miers.

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De las Naciones de Indios que habitan

 en las Riberas del Paraguay

     Primeramente en el mismo rio, y en sus islas, habitan dos parcialidades de indios Payaguás, que andan por todo él con sus canoas, y se mantienen de la pesca, y de lo que roban á españoles y portugueses. Una parcialidad tiene su habitacion en la parte mas septentrional del rio, y su cacique principal se llama Quatí. La otra suele estar con mas frecuencia en la parte austral, en la cercania de la Asumpcion. El cacique principal de esta se llama Ipará.

     En la ribera del rio, comenzando desde su junta con el Paraná, habitan á la parte occidental, los Abipones, de los cuales buen número está reducido á pueblos. Otros, con sus amigos los Tobas y Mocobís del rio Bermejo, hacen correrias por las fronteras de Santa-Fé, Córdoba, Santiago del Estero, Salta y Jujuí: y pasando algunas veces el Paraná, hacen sus tiros en la jurisdiccion de las Corrientes, y muchas veces pasando el rio Paraguay y emboscándose en los montes, hacen notable daño en los pueblos mas septentrionales de las misiones de Guaranís, y en las estancias de la jurisdiccion del Paraguay. Estos indios llegan por la parte occidental del Paraguay hasta el Pilcomayo.

     Desde el Pilcomayo comienza la tierra de los Lenguas, los cuales corren toda aquella parte del Chaco, desde el dicho Pilcomayo hasta la tierra de los Mbayás: y pasan tambien el Paraguay, para hacer sus tiros en las estancias de la Asumpcion. Estos indios no dan cuartel, ni admiten misioneros.

     Desde el rio Xexuí, por una y otra banda, habitan los Mbayás, repartidos en varias parcialidades.  Sus principales tolderias estan de una y otra banda del Paraguay, en las tierras mas inmediatas al sud del Pan de Azucar. Corren estos indios toda la tierra, desde el Xexuí al Tacuarí, por la banda oriental y por la occidental, hasta cerca de los Chiquitos. Desde el Pan de Azucar hácia el norte habitan en la banda occidental los Guanás.

     Estos son indios que trabajan sus tierras, para sembrar maiz; y hacen tambien sus sementeras á los Mbayás, pagándoles estos su trabajo. Mas arriba del Tacuarí hay, en el rio de los Porrudos, otros indios semejantes en el modo de vivir á los Payaguás, pero de mas valor, y excelentes flecheros. Juzgo que no es nacion numerosa, pues no bajan con sus canoas al rio Paraguay. Los portugueses, que navegan por Xarayes desde Cuyabá á Mattogroso, dijeron que en algunas arboledas que hay, en los anegadizos de Xarayes, se dejaban ver algunos indios, aunque pocos. No saben de que nacion sean. Pueden ser algunas reliquias de los Xarayes. De aquí para arriba no sé que habiten indios algunos en las márgenes del rio Paraguay.

José P. Quiroga.

( Texto correspondiente al Cap. II de su Libro “Descripción del Río Parguay” ) ( 1753 ).

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