La Acción Misionera de los Jesuitas en la Región

 del Lago Nahuel Huapi y Bariloche

- Texto de Estanislao Zeballos -

     "Los primeros esfuerzos para redimir a las tribus indígenas esparciadas al oriente de los Andes, al sur del río Negro y para explorar y poblar sus tierras, partieron de Chile y se deben a la Compañía de Jesús. Fueron intrépidos y valerosos padres los que descubrieron las nacientes del río Limay, que junto con el Neuquén da origen al río Negro.
     "El célebre misionero Nicolás Mascardi, cuyas campañas a la sombra de la Cruz, y cuyos largos padecimientos han inspirado extensas y conmovedoras crónicas a varios de los padres que admiraron sus virtudes, fue el primer europeo que holló el manto de nieve tendido sobre las espaldas de los Andes, para descender sus faldas orientales al sur de Arauco, y emprender la reducción de los Puelches (1). En 1690 el padre Mascardi, que se había distinguido en los trabajos evangélicos de Chillán, fue comisionado para llevar la propaganda de la fe al misterioso e ignorado país de Nahuel-Huapí, no lejos del cual la fábula hacía existir la encantada ciudad de los Césares, que ha sido Eldorado de las comarcas meridionales, en los siglos pasados. Mascardi llegó a Nahuel-Huapí, y después de permanecer algunos años entre los salvajes, fue muerto por éstos.
     "En 1702 el jesuíta alemán Felipe van der Meren -conocido en historia por el padre Felipe Laguna, como traduccíón de su apellido flamenco-, dice Oliveras, encontró en las islas de Calbucó, en la falda occidental de los Andes, algunos indios pampas que habían pasado la cordillera, y quienes le dieron minuciosas noticias del padre Mascardi, contando que les había enseñado a no embriagarsey a rezar. Pidieron, en fe de que decían verdad, que el padre Felipe los confesara y le rogaron que bajara al oriente para enseñar a sus hijos.
     "El benemérito padre, lejos de sospechar la doblez y perfidia del pampa, cayó en las redes de aquel hipócrita fervor religioso y no omitió diligencia hasta obtener la venia para lanzarse  a las regiones del Limay. Efectivamente, el 23 de agosto de 1703 salió de Santiago de Chile, acompañado del jesuíta José Guillelmo, que se distinguió considerablemente. Este cayó en el camino y tuvo que quedarse, pero el padre Laguna continuó la marcha, y después de trabajos, riesgos de la vida y tanto como padeció entre los indios intermedios, dice el cronista, llegó a Nahuel-Huapí. (2)
     "Poco después se le incorporó el padre Guillelmo, y en 1704 habían construído una iglesia y derramado en aquellas comarcas las semillas de las sabrosas frutas que les han dado su nombre: Las Manzanas. Los dos misioneros fueron envenenados con chicha, bebida preparada por los indios con veneno, a consecuencia de la llegada de una Virgen que los intrépidos sacerdotes habían recibido de Lima para su nueva y solitaria iglesia. Los indios la llamaban por desdén señora española; y los adivinos anunciaron con su autoridad profética que ella venía a vengar la muerte del padre Mascardi, y que era forzoso anticipársele en la obra destructora.
     "El espectáculo de estas conmovedoras desgracias no intimidó a los padres Manuel de Hoyo y José Elguea, que pasaron a suceder a los anteriores; pero éstos fueron muertos también a bola perdida y a flecha.
     "La sublevación de los bárbaros era general a la sazón en ambas faldas de los Andes, y la misión de Nahuel-Huapí, reducida a escombros por el fuego, fue totalmente abandonada, a la vez que se perdieron las misiones de occidente en 1723, a consecuencia del alzamiento o rebelión de los indomables araucanos.
     "La ciencia tuvo muy poco que aprovechar del sangriento sacrificio de los misioneros del Nahuel-Huapí, pues, a excepción del padre Guillelmo, los demás vivían consagrados exclusivamente a la propaganda de la fe. Desde 1711, este jesuíta buscaba un camino, que había oído ponderar a los indios, y que permitía pasar cómodamente de una a otra falda de los Andes, camino que los indios y el padre misionero llamaban de Barilochi.
     "La exploración de este pasaje era tenazmente contrariada por los indios Puelches de Nahuel-Huapí, quienes, dice Olivares, pugnaban el descubrimiento de tal camino, recelando que por allí viniesen los españoles de Chile a infestar sus tierras. No obstante, un araucano les dió cierta señal decisiva, asegurándoles que el camino partía de los manantiales llamados Los Baños.
     "Se sabe, dice una nota del señor Barros Arana a Olivares, después de los últimos descubrimientos geográficos, que abundan allí las aguas termales, algunas de las cuales fueron conocidas por los españoles.
     "Concluída la iglesia de Nahuel-Huapí el padre Guillelmo púsose en campaña con su gente para descubrir el camino de  Barilochi, lo que realizó felizmente en 1715 y no en 1717, como por error afirma Olivares. Este cronista refiere así el éxito de la expedición:
 
     'Porque entrando por Los Baños y siguiendo los rastros y señales que dos años antes habían dejado los que fueron en su busca, fue fácil el ir abriendo y desmontando las malezas que embarazaban el paso. De suerte que pudieron pasar mulas y llegar a Rahun que, como se ha dicho, era el puerto para embarcarse a Chiloé.'
 
     "El camino de Barilochi corre por una inmensa quebrada de los Andes, cuyo sistema hidrográfico permitirá quizá la comunicación entre una y otra de sus faldas. Fuera de esta campaña, muy poco han contado los padres a Olivares, y éste ha aprovechado escasamente sus manuscritos respecto a la naturaleza del país.
     "En 1776 el jesuíta Guel se propuso volver a la misión  de Nahuel-Huapí, con el propósito de explorar las tierras del Limay. LLegó a su destino y construyó canoas con las cuales pudo ver las ruinas de la obra de sus predecesores, y descender algunas leguas por el Limay, sobre cuyos saltos de piedra se despedazaron las débiles embarcaciones, obligándolo a regresar a Chile. Una expedición análoga fue realizada en 1792 por el padre Menéndez, quien navegó el lago y el Limay varias leguas afuera de su origen hasta una toldería de indios pampas, hospitalarios y dueños de grandes rodeos de ganado. Después de visitarlos, el explorador retrocedió hacia el lago y regresó a Chile en seís días".
 
Párrafo Reproducido de la Obra de Estanislao Zeballos La conquista de quince mil leguas (inicio del Capítulo II: Exploraciones, 1553 - 1875).
 
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(1) Puelche: voz araucana, compuesta. Puel significa "el Este" y Ché "gente": gentes que viven al este de los Andes.
(2) Nahuel-Huapí: voz araucana, compuesta, que quiere decir Isla del Tigre, porque Nahuel es "tigre" y Huapí, "isla".

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Algunas Palabras de

 Francisco "Perito" Moreno

 sobre Varios Indígenas de la Patagonia

   (…) “Lo más interesante son dos montículos situados frente á la primera angostura y que parecen ser obra de atrincheramiento, construidos por los indígenas primitivos, bastante semejantes á los que se encuentran en Georgia, Luisiana, Nueva York y Wisconsin, en los Estados Unidos descriptos por Squier-Laphan, Yoster y Yones. En ese paraje me detuve algunos días esperando al vaqueano Mariano Linares y á los cuatro indios que debían servirme de escolta. Durante ese tiempo tuve ocasión de ver individuos de las tres razas que habitan las regiones que debía visitar: los Mapuches, los Tehuelches y los Pampas verdaderos ó Tehuelches del Norte, de cuya existencia se dudaba confundiéndolos con los indios de raza Araucana que habitan Salinas Grandes.

     “Esa nación se llama Gennaken y habitaba en otro tiempo las sierras del Tandil y la Ventana, hoy día quedan muy pocos de sangre pura.

     “Los hombres son de mejor aspecto que los Araucanos y Tehuelches del Sur, de buena estatura y fisonomía franca, las mujeres jóvenes tienen facciones regulares. Hablan pausadamente, siendo el idioma bastante agradable. Por ejemplo: al avestruz le llaman gaye, al león amiá, al guanaco petchua, al zorro ychq-loy, al hombre pastray y á la mujer yamkanke.

     “Tienen varias leyendas y supersticiones, entre ellas la del Elengassen, animal con cáscara parecido, según sus descripciones, al Clyptodon, una de cuyas cuevas visité y que según ellos robaban mujeres. Los araucanos dicen que no era animal de esa especie, sino un hombre de elevada estatura que gritaba muy fuerte, soplando de tal manera que siempre había tormenta alrededor de su vivienda. El indio que se aventuraba a pasar cerca de él caía seguramente en sus manos y era inmediatamente muerto por el monstruo. Para evitar su encuentro habían hecho un camino muy dificultoso practicando un desvío de una legua sobre la colina, pero ahora ya se atreven a pasar por delante de la cueva, la que se ha desmoronado en gran parte. No es más que una excavación en la arenisca debido probablemente a desagregamiento natural de la roca”.

Francisco “Perito” Moreno.

(Párrafo perteneciente a su escrito “Viaje a la Patagonia Septentrional”, aparecido en los “Anales de la Sociedad Científica Argentina”, T. 1, Imp. Coni, Buenos Aires, 1876.)

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Homenaje al Dr. René Favaloro.

Seis Años sin El

     René Favaloro. Estamos hablando de una persona que, más allá de sus posiciones políticas e ideológicas o de alguna circunstancia oscura de su vida, era todo un referente -quizás el único- a la hora de buscar una pizca de conciencia nacional en los tiempos actuales. Argentino de pura cepa, pese a pasear su categoría por el mundo (reconocido fundamentalmente por ser el creador de la cirugía del "Bypass"), rechazó muchas veces propuestas tentadoras para radicarse en el Primer Mundo apostando a su querida Argentina. La fundación que lleva su nombre (y que hoy trata de subsistir como puede...) es el fruto directo de su estirpe genuinamente nacional.

      Las sucesivas (¿o se trata siempre de la misma?) crisis argentinas lo puso entre las cuerdas; se sintió agobiado y acorralado por las deudas contraídas por su institución y por las que contrajeron (muchas más que las primeras) con ella. Obras sociales, instituciones gubernamentales, etc., gozaron de sus brillantes servicios y a cambio le pagaron con la indiferencia más absoluta. Claro, fallecido su mentor, el próximo 29 de julio muchos  se van a sumar a la ola de discursos emotivos resaltando sus virtudes...total, queda bien...

       A manera de un sencillo y parcial homenaje (Favaloro merece una nota integral sobre su vida y su obra) y como una triste demostración de lo que ocurre en la Argentina de Hoy, Abarcus transcribe  la carta que dejó sobre la mesa, en su domicilio, instantes antes de tomar la trágica determinación de acabar con su vida. Seguramente, como a mí me pasó, al finalizar su lectura les quede una sensación amarga. Evitar que su existencia caiga en el olvido es la mejor forma de remediarla.

Julio Zalazar.

        A continuación, su última carta:

   "Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil pero sí meditada.

    "No se hable de debilidad o valentía.

   "El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano. Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.

   "Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo que es cierto. Espero que me recuerden así.

    "A mi familia, en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.

   "Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo. Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.

     "Una abrazo a todos".

René Favaloro.

Julio 29 de 2000.

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La Montonera en Palabras

 de Domingo Faustino Sarmiento

     "Este movimiento espontáneo de las campañas pastoriles fue tan ingenuo en sus primitivas manifestaciones, tan genial y tan expresivo de su espíritu y tendencias, que abisma, hoy, el candor de los partidos de las ciudades que lo asimilaron a su causa... La fuerza que sostenía a Artigas, en Entre Ríos, era la misma que, en Santa Fe, a López; en Santiago, a Ibarra; en los Llanos, a Facundo. El individualismo constituía su esencia, el caballo, su arma exclusiva, la pampa inmensa, su teatro. Las hordas beduinas que hoy importunan con su algazara y depredaciones las fronteras de la Argelia dan una idea exacta de la montonera argentina, de que se han servido hombres sagaces o malvados insignes. La misma lucha de civilización y barbarie de la ciudad y el desierto existe hoy en Africa; los mismos personajes , el mismo espíritu, la misma estrategia indisciplinada, entre la horda y la montonera. Masas inmensas de jinetes que vagan por el desierto, ofreciendo el combate a las fuerzas disciplinadas de las ciudades, si se sienten superiores en fuerza, disipándose como las nubes de cosacos, en todas direcciones, si el combate es igual siquiera, para reunirse de nuevo, caer de improviso sobre los que duermen, arrebatarles los caballos, matar los rezagados y las partidas avanzadas; presentes siempre, intangibles por su falta de cohesión, débiles en el combate, pero fuertes e invencibles en una larga campaña, en que al fin, la fuerza organizada, el ejército, sucumbe diezmado por los encuentros parciales, las sorpresas, la fatiga, la extenuación".

Domingo Faustino Sarmiento.

 Extractado de su Obra "Facundo"

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El Club del Progreso

- Texto de Lucio V. Mansilla -

     Es en un baile del Club del Progreso donde pueden estudiarse por etapas treinta años de la vida social de Buenos Aires. La dorada juventud del año 52 [1852] fundó ese centro del buen tono, esencilamente criollo, que no ha tenido nunca ni la distinción aristocrática de un club inglés ni el chic de uno de los clubs de París. Sin embargo, ser del Club del Progreso (1), aun allá por el año 70 [1870], era chic [galicismo por gracia, elegancia], como era cursi [que presume de fino, sin serlo; ridículo, de mal gusto] ser del Club del Plata (2), con perdón previo de sus socios.

    La entrada era cosa ardua, no entraba cualquiera; era necesario ser crema batida [es decir, de los más exclusivo] de la mejor burguesía social y política para hollar las mullidas alfombras del gran salón o sentarse a jugar un partido de whist [juego de naipes que se juega entre dos] en el clásico salón de los retratos que ocupa el frente de la calle Victoria.

     En esta última sala, larga y fría como un zaguán, que ha sido empapelada cien veces por lo menos de verde o celeste claro, ha nacido una generación de la cual van quedando muy escasos representantes. Allí ha mordido la maledicencia urbana a los jugadores trasnochadores, a los maridos calaveras, a la juventud disoluta y disipada, y cada mordisco de mamá indignada ha hecho los estragos de la viruela en el retrato moral de las víctimas. La maledicencia de la gran aldea es como la calumia del Barbero de Sevilla [se refiere a la famosa aria sobre el tema de la calumnia, que canta don Basilio en el segundo acto de esta ópera del italiano Gioacchino Rossini (1792-1868)]: del venticello [brisa] pasa al huracán y ¡ay de aquel que se encuentre envuelto en la ráfaga!

     El Club del Progreso ha sido la pepinera [galicismo por semillero, criadero, almácigo] de muchos hombres públicos que han estudiado en sus salones el derecho constitucional; literatura fácil que se aprende sin libros, trasnochando sobre una mesa de ajedrez; ¡y yo, no ser por qué, se me ocurre que algunos de los retratos de los hombres de Mayo que presencian aquel grupo de pensadores, hacen una mueca cada vez que un pollo [hombre joven] acompaña un discurso sobre la libertad del sufragio con un golpe que asienta sobre el damero una reina jaqueada por la chusma de los peones sobrevivientes!

     ¡Falta allí el retrato del padre Castañeda (3)! Y sobre todo, falta el espíritu! ¡También, veinte, treinta años de hacer lo mismo!

     Hasta hace muy poco, la biblioteca no era muy copiosa que digamos. Mucha Memoria, mucho Registro Oficial, pero a condición de no encontrarse nunca cuando se pedían; y en mesa de lectura, todos los diarios porteños, vacíos y estériles como sábanas de monja, luciendo el artículo editorial al frente. En la mesa de lectura el Illustrated London News (4) y la Revue (5), en que M. de Mazade (6) produce el artículo burgués que en un tiempo firmaron Forcade (7) y Lanfrey (8), y algunos diarios franceses que casi siempre sirven de adorno. A pesar de todo, cualquiera creería que allí se lee... ¡nada de eso! Allí se conversa: en el grupo de muchachos alegres y espirituales que entra a las 12 de la noche repitiendo la última nota de Tamagno [famoso tenor de la época], no falta un ejemplar de denso burgués pantagruélico, gastronómico, noctámbulo, engordado y enriquecido por el vientre libre de sus vacas, que se hace servir allí mismo un chorizo por noche, mientras que, con el profundo desdén del bruto feliz, descuidado el traje, mira todo lo que le rodea con satisfecha apatía, llevando la mano al renegrido cabello y dragándose la caspa de aquella mollera inerte con la uña afilada del índice.

    No falta tampoco el idiota de la aldea, magín [imaginación, mente] descompuesto, candidato de pillos, víctima de las bromas aldeanas, enloquecido con ideas sobre filantropía, abriendo la boca de admiración y pestañeando con un ojo que sufre de perlesía [parálisis, imposibilidad de movimiento; debilidad muscular acompañada de temblor] intermitente, mientras la pupila del otro se le sale como el carozode un durazno prisco.

      Ni el Tenorio de suburbio que no se modifica; que se viste hoy como ayer, con abalorios de altar mayor y prendas de precio fijo; sano, insulso, inofesivo, olvidado por los buenos y mortificado por los que todavía creen que es de buen tono zahrerir o burlarse de los inocentes.

  Texto de Lucio V. López (1848-1894),

 de su obra  “La gran aldea. Costumbres bonaerenses” (9)

Notas

(1) Club del Progreso: es el centro social más antiguo de Buenos Aires. De larga tradición en la vida social porteña, fue fundado el 1º de mayo de 1852 por iniciativa de don Diego de Alvear. Su primera sede se hallaba en la calle Perú; desde 1857 hasta 1900 tuvo su edificio en Perú esquina Victoria, donde suceden los acontecimientos narrados por López. Posteriormente, se trasladó a la avenida de Mayo y, luego a la sede de Sarmiento 1334. En su seno se proyectó la creación de la "Bolsa Mercantil".

(2) Club del Plata: fundado en 1860 por un grupo de socios retirados del Club del Progreso. Funcionó en los altos de Rivadavia y Chacabuco y fue su primer presidente el doctor Bernardo de Irigoyen. En 1896 aún subsistía, y se trasladaba a una nueva sede en la Avenida de Mayo. Su vida y sus finanzas fueron un tanto precarias.

(3) Francisco de Paula Castañeda (1776-1832): sacerdote franciscano de fuerte personalidad. Fue educador, periodista y político. Patriota sincero, fue un firme opositor ante la política rivadaviana. Redactó numerosos periódicos y líbelos, entre ellos: El Despertador. El Desengañador, Doña María retazos, El P. Castañeda. Sufrió confinamientos y destierros. Ha merecido serios estudios de Capdevila, Loudet, Otero y Saldías.

(4) The Illustrated London News: uno de los primeros periódicos ilustrados. Un editor de Londres, Ingram, comenzó a publicarlo en 1842, con 16 páginas in-folio, a 3 columnas, y en ellas 12 pequeños dibujos. La prensa ilustrada serviría para acostumbrar a la lectura de periódicos a muchas familias, hasta entonces poco atraídas por los periódicos corrientes.

(5) Revue des Deux Mondes: revista francesa quincenal, publicada en París desde 1829, de espíritu conservador y de alto prestigio por la calidad de su colaboración. 

(6) Carlos de Mazade (1820-1893): famoso publicista francés. Fue colaborador constante de la citada Revue, cuya crónica política redactó desde 1847 hasta 1858, y en reemplazo de Forcade, a la muerte de éste. Se le consideraba uno de los prosistas más elegantes de Francia. Fue autor de numerosos volúmenes sobre temas de política europea.

(7) Eugenio Forcade (1820-1869): escritor y periodista francés, fundó periódicos en Marsella y París. Fue redactor de numerosas publicaciones. Adquirió gran fama por sus artículos sobre política en la Revue. En 1868 cayó víctima de la locura.

(8) Pedro Lanfrey (1828-1877): político y escritor francés, autor de una Historia de Napoleón I.

(9) Esta obra (que describe aspectos de la sociedad de la ciudad de Buenos Aires aproximadamente entre 1860 y 1880) fue escrita en 1884.

 

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De Trochas Tronchadas

    Corría 1912 cuando el Ferrocarril Provincial se inauguró, el 15 de marzo; la provincia de Buenos Aires concebía por entonces su red ferroviaria, de trocha angosta, con una dimensión que de haberse concretado en la plenitud de lo proyectado habría modificado en lo sustancial la vida bonaerense.

     La parte del ferrocarril que se construyó se llamó  Ferrocarril de La Plata al Meridiano V°  o  Ferrocarril Provincial de Buenos Aires.

     A partir del puerto y de la ciudad de La Plata llegaba a Mirapampa, allá en el linde provincial; pasaba por Carlos Beguerie, por Saladillo Norte y por Nueve de Julio, donde cruzaba las trazas de la CGBA y el Midland, para ir a Pedro Gamen, y desde allí salía un pequeño ramal que alcanzaba Pehuajó.

     Desde La Plata, otro ramal, llegaba a Avellaneda, mientras que desde Carlos Beguerie, hoy un pueblo ferroviario que agoniza, el tendido ferrocarrilero llegaba hasta el Azul, Olavarría, Sierra Chica y Loma Negra. El motivo para la construcción del Ferrocarril Provincial era, claramente, lograr la integración de las vastísimas zonas que hasta ese momento estaban incomunicadas y el abaratamiento de fletes.

EL IMPERIO, COMO SIEMPRE, ATACÓ

     Más allá de las opiniones que sobreexciten con respecto al Provincial, que van desde calificarlo como un  ambicioso plan político  hasta considerarlo como  proyecto concebido por delirantes, mientras que otros no dudan en exponerlo como un  audaz intento bonaerense tendiente a quebrar el rol de hegemonía de las empresas británicas , lo cierto es que funcionó afinadamente hasta el 1961, año en que se da curso al Plan Larkin, implementado por Arturo Frondizi, con un diseño del por entonces ministro (capitán ingeniero) Álvaro Alsogaray y con  letra operativa  arrimada por Thomas Larkin, un general norteamericano que vino al país como asesor en transportes, enviado por el Banco Mundial.

      Aquel plan logró la eliminación de un tercio de los ramales y actuó despidiendo a unos 70 mil trabajadores ferroviarios.

     Hubo huelga: 42 días de resistencia que impidieron que se implementara el plan en su totalidad, aunque el Ferrocarril Provincial fue cerrado en su más importante ramal: La Plata - Mirapampa.

   Cerca de 15 años después, la dictadura cívico - militar del 76 golpeó decisivamente contra el sistema ferrocarrilero nacional con cesantías para miles de obreros y un afinado plan de represión.

     Entonces, el ramal La Plata - Avellaneda, que era el único que quedaba hasta ese momento funcionando, se cerró definitivamente en 1977.

    En 1992 el neoliberalismo pragmático encarnado por el menemduhaldismo  parece querer  la conclusión de la tarea y, efectivamente, termina por cerrar gran parte de los ferrocarriles que quedaban, tomando como botín de guerra, para un vencedor etéreo y sin cara, el patrimonio de todos los argentinos; lo hizo, la comandita pseudo-política de ese entonces, con un imperativo operacional dictado desde las  necesidades  transnacionales:  ramal que para, ramal que cierra.

     Miles de kilómetros de territorio poblado, se incomunicaron al instante, y la agonía de esos centros de vida social y productiva no tuvieron otra salida que treparse a las sombras de la nada.

    Hubo y hay pueblos que quedaron, con certeza matemática, en la nada absoluta, reducidos a fantasmagórico destino por efecto de la desaparición de los servicios ferroviarios; las secuelas: personas que perdieron sus empleos, por miles, propiedades depreciadas, la vida misma reducida a una tan temible como desconocida condición: todo eso porque había que matar al Ferrocarril: un medio de transporte y fletes esencial y seguro por excelencia.

       Después seguiría el turno de la apropiación de las rutas y caminos, pero esa es otra cara de la infamia.

     La recuperación es una cuestión simple de ganas: algunos llaman a esto decisión política. Y tal parece que de eso hay bastante en el hoy y en la política de nuestro país.

      El olvido, para casos como el que refiero, siempre ha resultado un hecho criminal.

Lucio Aberastain Ponte.

( A quien le agradecemos su colaboración )

 

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La Semana Trágica de 1919

- 1° Parte -

     El 9 de enero de 1919 se inicia en Buenos Aires la huelga general que será conocida con el nombre de la Semana Trágica. Creemos que fue así denominada en recuerdo de una huelga general no menos sangrienta que tuvo lugar en Barcelona hacia 1909.

     Dicho movimiento huelguístico derivó en una especie de insurrección obrera y tuvo su origen inmediato en el conflicto que venían sosteniendo desde dindes de 1918 los trabajadores de los Talleres Metalúrgicos Vasena con los propietarios de la empresa. La situación se agravó durante la tarde del 7 de enero a raíz de un enfrentamiento armado entre los huelgusitas, por un lado, y personal de vigilancia de la empresa, policías y bomberos, por el otro. Como consecuencia del mismo cuatro personas resultaron muertas y más de cuarenta heridas. La mayoría de las víctimas eran vecinos del barrio de Pompeya, donde se hallaban los depósitos de la casa Vasena y en cuyas adyacencias tuvo lugar el tiroteo.

     La indignación ocasionada por tan luctuoso saldo entre los sectores trabajadores hizo que la huelga se extendiera a otros gremios. El 8 de enero la Federación Obrera Regional Anarquista del V Congreso (FORA anarquista) declara la huelga general para el 9 de enero y solicita a los sindicatos obreros del interior que se mantengan en contacto con el Consejo Federal.

       A partir de los días 8 y 9 de enero en Capital Federal y Gran Buenos Aires se sucederán los enfrentamientos entre huelguistas y policías, a quienes pronto se agregarán efectivos de las Fuerzas Armadas y civiles. El conflicto adquiere su mayor fragor entre el 10 y el 11 de enero, para luego decaer paulatinamente ante el enérgico accionar de las fuerzas estatales y para-estatales que arremetieron contra el descontento obrero.

       La gravedad de los hechos hizo que el general Luis G. Dellepiane (comandante de la 2ª división del ejército, asentada en Campo de Mayo) asumiera el control de Buenos Aires a partir de las últimas horas del 9 de enero. Se concentraron rápidamente en la ciudad capital más de 10.000 policías, bomberos, soldados y marineros.

      Hasta aquí lo acaecido en Capital Federal y el Gran Buenos Aires. ¿Qué sucedía en el resto del país y, especialmente, en la ciudad de Rosario?

( Continúa en la Segunda Parte )

Ricardo Accurso.

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Diego de Rojas,

El Pionero del Tucumán

     La conquista y colonización del Tucumán, en el siglo XVI, tuvo características diferentes que las de las otras dos regiones en que se fundaron ciudades, el Litoral y Cuyo. Las ciudades del litoral fueron fundadas por Adelantados venidos directamente de España  y sus subordinados. Las de Cuyo, por conquistadores enviados desde la Capitanía General de Chile, de la que dependía.

     Las fundaciones en el Tucumán, que abarcaba desde Jujuy y Salta a La Rioja, más parte de Córdoba y del Chaco, nacieron vinculadas al Perú. Este brillante centro era la capital de América del Sur, del que salieron grandes empresas descubridoras a Quito, Chile y el Amazonas. Desde Lima (fundada por Pizarro como Ciudad de los Reyes, en 1535) una generación de pensadores y estadistas intentaría unir el Perú y la región de los Charcas con el Río de la Plata, el Pacífico con el Atlántico. En el marco de esta acción planificada se forma el Tucumán hispano-indígena.

     Diego de Rojas era conquistador nato y acaudalado vecino. Como vecino feudatario, pertenecía a la clase dirigente que integraba el Cabildo. Había participado de las legendarias conquistas de Guatemala y del Perú.

     Como Teniente de Gobernador de la destacada Charcas, organizó entradas contra los aborígenes chiriguanos, muy temidos y detestados, que exterminaban a los pacíficos chanés. Comprobó la imposibilidad de llegar al Plata por el Chaco: sólo quedaba hacerlo por el Tucma.

Los conquistadores del Perú tenían noticia de esta región que caía entre la cordillera de Chile y el río grande. La expedición de Almagro se había topado con un contingente de miles de indios diaguitas que llevaban a pie, sobre angarillas, un pesado tributo en oro al Inca. No sabían que el monarca había sido depuesto por Pizarro. También se hablaba de la fabulosa Ciudad de los Césares, que, según decían, estaba en la Patagonia.

     Todo esto era un gran incentivo para el espíritu de aventuras del hidalgo Rojas, que arriesgaría nuevamente su vida y su fortuna para recorrer por primera vez el interior del desconocido país argentino.

     La misión le fue encomendada por el Gobernador del Perú, Vaca de Castro, quien lo nombró Justicia Mayor y Gobernador de las tierras a descubrir. Rojas se asoció a otros dos conquistadores: el regidor de Cuzco, Felipe Gutiérrez, designado Capitán General, y Nicolás de Heredia, nombrado Maestre de Campo, para poder costear una expedición acorde a un proyecto tan osado. El era experto en lograr grandes resultados con medios modestos.

     Cada uno debía formar un pequeño ejército, y partir con algunas semanas de diferencia. En total, no llegaban a 200 españoles, acompañados por indios cargueros. Integraban la expedición dos sacerdotes, elemento de gran importancia, y unas pocas mujeres, que deberían tener un coraje de varón (a una de ellas le tocaría custodiar con armas unos caciques presos y evitar su fuga, mientras los indígenas atacaban el real...).

     Pasando el lago Titicaca  y el Altiplano llegó hasta Chicoana, pueblo de indios de los valles calchaquíes. Para su sorpresa, halló “gallinas de Castilla”, que no eran autóctonas.  Pensó que vendrían de la expedición de Pedro de Mendoza, torció el rumbo hacia el sudeste y llegó al Tucma, fuera, ya, del territorio conocido del reino del Perú.

     En Capaya, tuvo un choque con el cacique Canamico, rodeado de sus “indios de guerra”, ante quienes se presentó sin guardias,  demostrando increíbles habilidades de jinete, guerrero, diplomático y psicólogo. Le habló de la causa común entre españoles e indígenas y le pidió alimentos y permiso para pasar.  Estos no aceptaron y comenzaron a encerrarlo. Hubo una refriega en que Rojas peleó solo hasta que llegaron sus hombres. La victoria estuvo del lado español, pero el jefe evitó todo mal trato. Finalmente, logró paso, alimentos y cierta amistad con Canamico.

     Encontró por fin la hueste de Felipe Gutiérrez. Fue una gran alegría para ambos. El conquistador solía comer en la tienda de su recién llegado socio, cuya acompañante se esmeraba en prepararle buenas comidas. Continuando  rumbo al este entraron en el actual territorio santiagueño. Los ataques de los naturales arreciaban. Diego de Rojas fue alcanzado por una pequeña flecha que no llegó a clavársele, a la que no dio importancia.

     Pronto se manifestaron signos de envenenamiento. Se pensó que era por causa de las comidas, se acorraló a la mujer que cocinaba, que clamaba inocencia. La situación resultó propicia para un joven conquistador tan inescrupuloso como valiente, tan calculador como esforzado, de una osadía sólo igualada por su dureza: Francisco de Mendoza.

     Aprovechando la confusión y el indescriptible sufrimiento del moribundo, de quien era ayudante, hizo que lo designara su heredero. Desplazó en la herencia a la propia hija del gobernador, y a Felipe Gutiérrez en el mando.

     Así terminó sus días el noble Diego de Rojas, el gran expedicionario del interior argentino, pionero y primer Gobernador del Tucumán (1543). Su sacrificio no fue en vano. Abrió el camino a la región mediterránea. No terminaría el siglo XVI sin que esa ruta quedara jalonada de pequeñas ciudades con ganas de vivir, entre ellas, Salta. La primera gobernación argentina asomaba a la Historia. 

Luis Mesquita Errea.

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Francisco de Mendoza,

 Gran Descubridor de Mala Ventura

     Difícil es bosquejar la personalidad del grande y desventurado Francisco de Mendoza. Guerrero y expedicionario de coraje y resistencia sobrehumanos, de una ambición de mando, gloria y realizaciones inconmensurable como el territorio que recorrió, en medio de penurias inauditas. Déspota caprichoso y malhumorado, buscador incansable, hombre de acción que nadie pudo abatir en combate frente a frente. El puñal y la venganza le harían pagar con la vida la jefatura que ejerció sobre sus compañeros, animándolos o forzándolos a seguirlo en un recorrido grandioso, insensato para ellos, y providencial para la Historia de nuestra región.

     La hueste española había quedado diezmada por las rociadas de flechas envenenadas con que los juríes habían calculado su exterminio total. La supervivencia fue considerada cosa de Dios. Hombres -y también caballos- morían en medio de sufrimientos atroces, golpeándose la cabeza contra el suelo, como le ocurrió a Diego de Rojas. ¿Cuál era el secreto de esta ponzoña más terrible que una cascabel? Era preciso averiguarlo o la “gran entrada” al Tucma quedaría sepultada bajo los restos mortales de la expedición.

     Los juríes obviamente “no soltaban prenda”. Dos soldados hirieron a uno de ellos con una flecha envenenada. El indio herido corrió a buscar el antídoto; sólo así pudieron descubrir el secreto salvador.

     En este caos, y con la dudosa legitimidad del mando que le confirió Rojas en su lecho de muerte, logró imponerse Francisco de Mendoza a Felipe Gutiérrez, quien fue enviado prisionero  desde el real de Salavina de vuelta al Perú.

     De los tres socios sólo quedaba en acción Nicolás de Heredia, cuya partida era de 25 hombres. A su llegada del Perú, encontró estas desagradables novedades y, aunque debería haber asumido el mando, Mendoza no le dio lugar y no tuvo más remedio que tascar el freno.

     Corría el 1544. Mendoza había fundado el pueblo de Medellín, poniéndole el nombre de su tierra natal extremeña, como era frecuente en los conquistadores. Pero de esta sociedad desunida no saldría ninguna fundación perdurable y no prosperó. Muchos parajes hoy llevan aquellos nombres en loable intento de que no mueran en el olvido, pero no debemos confundirlos con los sitios originales, cuyo emplazamiento en muchos casos es desconocido.

     Luego de abandonar Medellín se dirigieron al país de los diaguitas, en las actuales tierras catamarqueñas y riojanas; de allí pasaron al Valle de Calamuchita, con incontables penurias: días y días por impenetrables pantanos y salitrales que sólo el vigor de Mendoza les hizo atravesar.

     Caminaban rumbo al sur por tierra de comechingones, que los hostigaban sin cesar, enfurecidos por su presencia.  Allí sentaron su real  y erigieron un fuerte: las desgracias que padecieron durante meses lo bautizaron con el nombre de Malaventura (1545).

     Informado por los naturales de que hacia el oriente había españoles, el Capitán general dejó a Heredia en el fuerte y se dirigió por el Río Tercero en dirección al Carcarañá, en busca de la “torre de Gaboto”, el legendario fuerte Sancti Spiritu. Podemos imaginar su emoción al contemplar por fin el majestuoso Paraná. ¡Habían marchado desde Cuzco hasta el Litoral! Una verdadera proeza que justifica su nombre de “Gran Entrada”.  

     Quiso el incansable guerrero continuar hasta Asunción. Pero sus hombres, hartos de tanto andar sin provecho, y de su mal trato, no lo apoyaron. De mala gana debió volver a Malaventura, donde la guarnición había sufrido tremendas guazabaras de los indígenas.

     Las divisiones internas causaban mucho daño a los conquistadores y se agriaban con el infortunio. Un duelo entre dos soldados llevó a la condena a muerte del sobreviviente, Francisco de la Cueva. Los pedidos de clemencia se estrellaron contra la negativa del Capitán Mendoza. Cueva, antes de ser ajusticiado, le anunció que se separaban por poco tiempo, y que en menos de lo que dura una carrera de caballos él lo acusaría ante el tribunal de Dios.

     Seguramente palpaba la conjura en curso, que contaba con el beneplácito de Heredia, hombre brioso para su edad, pero carente de las dotes de mando de su rival.

     La áspera negativa de Mendoza a darle a uno de los expedicionarios un caballo de los tomados al ejecutado, obligándolo a andar a pie, fue el detonante. Mientras Mendoza dormía, lo atacó traicioneramente el ofendido, Diego Alvarez del Almendral,  asesinándolo a puñaladas. Igual suerte corrió su mano derecha, el Maestre de Campo, Rodrigo Sánchez de Hinojosa. La profecía se cumplió.

     La justificación ante la hueste fueron los cargos de: haber aprisionado y desterrado a Gutiérrez; ejecutado a  de la Cueva; y oprimido a su contrincante Heredia.

     Este fue jurado como nuevo jefe de la expedición, cuyas penalidades no habían terminado. Faltos de un líder de la talla de Diego de Rojas o de Francisco de Mendoza, emprendieron la vuelta al Perú. Nuevos territorios serían descubiertos por los hombres de la entrada, de quienes dijera Diego Fernández, el Palentino: “...de la mejor gente y más famosa de todas las Indias, soldados de gran pundonor y valientes y ha durado hasta hoy día tanto su fama en el Perú, que puesto que ha habido otras muchas conquistas y entradas, con ninguna se tiene la cuenta que con esta y con los que a ella fueron”.

Luis Mesquita Errea.

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Augusto Raúl Cortazar

     Los estudios folklóricos en Argentina están asociados fundamentalmente a la persona de Augusto Raúl Cortázar (1910-1974), quien supo conjugar las exploraciones de campo -recorriendo los sitios más intrincados del país a caballo, a lomo de burro o a pie- con el estudio de gabinete, volcando sus investigaciones a través de una exposición rigurosa, sobria y amena.

     Además de folklorólogo y estudioso de las expresiones literarias del mismo, Cortázar se destacó como profesor universitario e historiador de la literatura.

     Cortázar fundó dos carreras universitarias: la de Bibliotecología y la de Folkore en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Inició los estudios científicos sobre cuestiones folklóricas en la Argentina. Supo presidir el Congreso Internacional de Folklore y la Comisión Internacional Permanente de Folklore. 

     Dirigió, además, el Fondo Nacional de las Artes y el Centro de Estudios Folklóricos de la Universidad Católica Argentina. Bajo el auspicio de dicho Fondo fue el responsable de la colección Bibliografía Argentina de Artes y Letras, brindando "un inapreciable servicio a los estudiosos de la literatura argentina", según expresa Adolfo Prieto en su Diccionario Básico de Literatura Argentina.

     Fue miembro de número de la Academia Nacional de la Historia.

     Entre sus obras destacan las siguientes:

- Valoración de la naturaleza en el habla del gaucho

- Bosquejo de una introducción al folklore (1942)

- Confluencias culturales en el folklore argentino (1944)

- El carnaval en el folklore calchaquí (1949)

- El folklore y su proyección literaria: Poesía gauchesca (1960)

- ¿Qué es el folklore? (1954)

- Indios y gauchos en la literatura argentina (1959)

- Folklore literario y literatura folklórica (que forma parte del tomo V de la Historia de la Literatura Argentina dirigida por Rafael Alberto Arrieta (1959)

- Andanzas de un folklorista (1964)

- Folklore y literatura (1964) 

Sebastián Azcárate.

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