de los '70: Las Líneas de Colectivos.
8° Parte: Líneas "205", "207",
"209" y "210"
La
Línea “205” o lo menos Aconsejable para ir al Barrio Cristalería
Seguramente
este es el único caso en que la desaparición de una línea del
transporte urbano provoca poco menos que indiferencia. La razón: los
coches destartalados, el pésimo estado de higiene de los mismos y la
pobreza de su frecuencia. De color azul con una franja amarilla al
medio, este colectivo, pese a todo, era esencial para muchos vecinos que
vivían en los barrios circundantes a la Avenida Casiano Casas. Desde el
Barrio cristalería y a través de ésta, llegaba al Boulevard Rondeau y
la Avenida Alberdi; después, como casi todas las líneas, tomaba rumbo
al Centro; más precisamente hasta la intersección de las calles 3 de
Febrero y Sarmiento. Actualmente, una parte de su recorrido lo ejerce la
línea "153".
La
Línea “207” o lo menos Recomendable para ir al Barrio Fisherton
En esta oportunidad suceda algo parecido a lo de la
"205" pero con una salvedad: el desarrollo de buena parte de
su recorrido entre la parte norte del Barrio Fisherton y el Barrio
Empalme Graneros convertían fundamental su utilización. Desde su Punta
de Línea en cercanías del
Golf Club Fisherton y tomando como eje a la Avenida Génova, transitaba
luego por la Calle Juan José Paso (la arteria central del Barrio Empalme Graneros) hasta derivar en la Avenida Alberdi. Previo paso por
el túnel del Pasaje Celedonio Escalada, ingresaba al Centro. La empresa
que prestaba el servicio se llamaba Monsa S.R.L. y actualmente su
recorrido lo hacen las líneas "146", "153" y
"110" Bandera Negra. Línea
“209” o La más Popular de la Zona Oeste
Los
que vivimos en la Zona Oeste rosarina extrañamos sin lugar a dudas sus
pintorescos coches rojos y verdes y lo bueno de su frecuencia, pese a
tener su Punta de Línea casi en el límite con la vecina localidad de
Perez, bien detrás del Cementerio La Piedad. Desde allí ingresaba a la
Avenida Provincia Unidas y por
la misma hasta Calle Mendoza. Después tomaba Calle San Nicolás hasta
Calle Córdoba, pasando frente a la Estación Terminal de Omnibus
Mariano Moreno, tomando luego la Avenida Ovidio Lagos. Después
continuaba por Calle San Luis, Calle Buenos Aires hasta Calle Santa Fe,
donde regresaba a su punto de partida. La empresa correspondiente se
denominaba Zona Oeste y hoy el servicio -en parte- lo presta otra
empresa bajo la denominación de Línea "145" pero ya no es lo
mismo... Línea
“210” u Lo mejor para ir al Balneario La Florida y la Zona norte
Con Punta de Línea en el Control Policial de Granadero Baigorria
(intersección de la naciente Ruta 11 con la Avenida Circunvalación,
bien en el límite norte del tejido urbano rosarino), tomaba el
Boulevard Rondeau con dirección sur
hasta su unión con la Avenida Alberdi hasta su desembocadura en
la Calle Salta. Por ésta ingresaba por la Calle Caferatta hasta Calle córdoba
(pasando frente a la Estación Terminal de Omnibus Mariano Moreno). Una
vez transitando por esta arteria ingresaba al Centro, previo paso por
las Calles Balcarce y San Luis, para concluir su recorrido de ida en la
Ciudad Universitaria, más popularmente conocida como la "Siberia".
Desde allí desandaba sus pasos prácticamente por el mismo camino. La
Florida se llamaba la empresa, la cual ponía en el asfalto coquetas
unidades de color celeste con una débil franja blanca en su parte
media. Si bien hoy casi el mismo recorrido es prestado por la Línea
"102", se extraña sin lugar a dudas su excelente frecuencia y
lo abundante de su parque automotor. (este
trabajo continuará en una novena y ùltima parte con otras líneas) Julio C. Zalazar. |
de los '70: Las Líneas de Colectivos.
9° Parte: Líneas "215", "218" y "225"
La
Línea “215” o Una Línea que se dividió
El de esta línea es un caso muy particular porque como tal sólo subsistió hasta casi fines de los '70, debido a que por lo extenso de su recorrido las demoras en su frecuencia eran muy altas. La misma se dividió en las líneas "4" y "5". La Línea
“218” o Cómo ir del Suroeste Rosarino hasta la Zona Sur
El
recorrido de este colectivo demostró ser lo suficientemente importante
como para que al día de hoy subsista (más allá de pequeñas
modificaciones) en la Línea "122", aunque ya no bajo la misma
empresa, la Manuel Belgrano. Línea
“225” u Otra Opción para ir al Frigorífico Switf
Quien
no recuerda el azul impecable de varios de sus coches, a pesar de que
muchos de los mismos eran bastantes pobres en cuanto a pulcritud e
higiene ? Su frecuencia, a pesar de que tampoco escapaba a la media
rosarina, no era de las peores. Cabe acotar que esta línea poseía un
servicio "encerrado" (otro colectivo que hacía un enlace
entre un determinado barrio y la Punta de Línea) entre el Barrio Ludueña
Sur y su Punto de Partida determinado en la intersección de las calles
Urquiza y Carriego; servicio éste que aún es extrañado por muchos de
los vecinos de esta populosa zona rosarina, ya que la línea que heredó
su recorrido (la actual "141") si bien ingresa a ese barrio
directamente lo hace sólo desde la Calle Solís y tomando Calle Junín
hacia el oeste hasta la Calle Campbell, dejando desamparados a los que
viven hacia el este de la segunda calle nombrada.
En su recorrido normal, partiendo del cruce de calles mencionado
más arriba, a través de Calle Carriego encaraba Calle San Lorenzo
hacia el este; por ésta, atravesaba
toda la zona aledaña a la Estación Terminal de Omnibus Mariano Moreno
para tomar luego Calle Vera Mujica, retomar Urquiza (de doble mano en
aquel entonces), después Calle Suipacha y Calle Córdoba. Esta vuelta
se debía a que el Hospital Provincial del Centenario obstruía (como
hoy aún) la arteria que lleva el nombre de la localidad cercana a
Rosario.
Palabras
Finales Este
trabajo ha llegado a su fin en lo que hace a los recorridos de los
colectivos. Si bien es cierto que en la totalidad del sistema del
Transporte Urbano de Pasajeros de Rosario también figuraban los
trolebuses, sus recorridos y características serán tratados aparte en
un artículo de próxima aparición, como así también serán vistas en
estas páginas los pertenecientes al sistema de Interurbanos (colectivos
que cubrían el trayecto entre Rosario y las localidades vecinas). Julio C. Zalazar. |
- Poema de Marcos Lenzoni,
Poeta Rosarino, Dedicado a La
Calle Córdoba de su ciudad -
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He aquí la calle céntrica, he aquí la calle inquieta de mi ciudad sonora. Es amplia y es lujosa; férica de noche, de día bulliciosa y siempre algo coqueta. Es un recto tentáculo, una arteria apoplética que palpita en el ritmo de la gran muchedumbre; es uniforme, limpia, también tiene su estética. Y cada acera ofrece un cuadro de costumbre. Aquí ya existe un poco de gracia y de belleza. ¿Que no tiene carácter? ¿Que no existe el estilo en las fachadas? Que no tiene pureza de gusto el edificio? ¡Qué importa! El Rosario es caprichoso y nuevo, no tiene idiosincracia; multiforme, cambiante, interesante y vario y enemigo de cánones. Tiene su fuerte gracia el gusto de lo áspero. Mi calle predilecta de ésta de edificios enormes, desiguales: junto a una casa baja hay otra que proyecta hacia el cielo infinito. Su contextura sólida de líneas colosales, de hierro y de paredes que imitan el granito en la rubia mañana. Esta calle se llama de muchedumbre espesa, gesticulante, briosa. Mi ciudad tiene esa fiebre de movimiento: la fiebre americana. Gusto andar por sus anchas y límpidas aceras flanqueadas de comercios, de tiendas y de bares, de vastos almacenes, de lujosas vidrieras, de espléndidos hoteles y nutridos bazares. Camino a pasos lentos, pues en la acera inquieta sólo yo rompo el ritmo. Sólo yo voy cansado, con mi pena secreta, envidiando a los hombres que pasan por mi lado, todos activos, rientes, con la alegría pura que no tienen aquellos que sólo han caminado por las calles dolientes de la literatura... Marcos Lenzoni. |
| En
estas épocas en donde las salas de cine se reducenen general al ámbito
de los shoppings, bien vale recordar que existió un tiempo en el cual
las mismas constituían verdaderos salones; incluso muchas de ellas
daban también cabida a obras de teatro. Cuando en los años 40 el Cine
Nacional tomaba un impulso que nunca más recuperaría, en nuestra
ciudad los cinematógrafos se multiplicaron hasta llegar, en 1949, a 45,
sin contabilizar a "El Nilo" y el "Lumiere", la
última aún vigente en manos de la Municipalidad local, que aparecieron
poco después.
Estos cines se repartían a lo largo de toda la geografía ciudadana: barrios y Centro. En la Zona norte estaban los cines "Alberdi", "Ocean", "Opera" (que anteriormente se llamaba "Rex"), "Roca" y "Select". La Zona Oeste, por su parte, contaba con las siguientes salas: "Echesortu Palace" (luego "Echesortu"), "Godoy", "Lux", "Mendoza" y "Roma". La Zona Sur no le iba en zaga a los otros dos sectores antes citados, contando con los siguientes cines: "Alem", "America", "Astoria", "Diana", "Star", "Tiro Suizo" y "Universal". Contabilizamos, así, cinco cines en la Zona Norte, cinco en la Oeste y siete en la Sur. Por ende, 17 de los 45 cines que existían en 1949 se hallaban fuera del Centro de la ciudad. Por otra parte, dentro de lo que consideramos en sentido amplio Centro Urbano, debe distinguirse el sector céntrico propiamente dicho y los barrios próximos, ubicándose una buena parte de los cines que englobamos como "Céntricos" en tales barrios (por ejemplo, los cines "Gardel", "Cervantes", "Alvear", "Normandie", "Real", "Rivadavia" y "Caferatta"). A continuación, brindamos el listado completo de salas cinematográficas con sus correspondientes direcciones de la época:
Javier Etcheverry. |
nuevamente en la Prosa de
un Escritor Local: Juan José Godeol
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Ver su biografía Aquí |
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La calle Córdoba sigue siendo un gran escaparate en donde se refleja, con
coquetería, ese Rosario nuestro, magnífico y arrogante como sus mujeres,
las que desfilan por esta arteria con su encanto sugestivo, arrancándonos
un suspiro o un madrigal sin palabras, de ésos que asoman a los ojos y se
traducen por una mirada. La Calle Córdoba no se parece a ninguna otra. Ni
de las nuestras, ni las de otras ciudades. Alguien la ha llamado alguna
vez, hace tiempo, Florida. No es exacto más que en lo externo. Pero esa
calle en que nos identificamos no solamente en nuestra prestancia
dominguera, de traje planchado, sino de muchas otras cosas que nos
pertenecen en calidad de rosarinos, esa calle es un poema. Su poesía
prende en el alma de los muchachos de buen palmito como una poesía de
Carriego o de Darío. Sí, está llena de sugestión y de tentaciones. Varía y
diversa como un film se ilumina de día con ese espectáculo de juventud
alborozada que le infunde savia nueva y de noche con un resplandor de arco
iris, el de los letreros luminosos y el de las vidrieras. A cada hora es
ella misma y es otra. Posee un atractivo indefinible, que no es fácil
analizar, que sorprende agradablemente al forastero y nos encanta a
nosotros mismos. Porque esa nuestra Calle Córdoba es como si naciera de
nuevo todos los días...
Juan José Godeol. |
Rosario y la Guerra de la Independencia
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Juan Alvarez, en su ya clásica obra sobre la historia de Rosario, refiere que "desde principios de 1811 hasta el 3 de febrero de 1813, fecha del combate de San Lorenzo, la costa rosarina fue uno de los campos de batalla en que se desarrolló la guerra de la Independencia". Por la entonces aldea rosarina (ordenada en torno a la Capilla de la Virgen del Rosario) pasaban las tropas enviadas desde Buenos Aires para luchas contra el bastión realista de Montevideo, en la Banda Oriental, vía Santa Fe- Paraná (por entonces La Bajada) y Paisandú. Los vecinos rosarinos debieron contribuir con soldados, caballos y reses. Esto, junto con los consecuentes daños ocasionados por la guerra (pérdida de vidas humanas y de recursos) ocasionó empobrecimiento y despoblación. Para enfrentar a los buques españoles que asolaban la costa del Pago de los Arroyos (franja costera que s extiende aproximadamente entre el río Carcarañá -al norte- y el arroyo Ramallo -al sur), el gobierno central decidió instalar una batería en la margen derecha del Paraná. De esa manera, se impediría a las naves de guerra españolas que operaban desde la base montevideana subir hasta Santa Fe remontando el río Paraná (que significa en guaraní "pariente del mar", es decir, río grande). A tal efecto, "el piloto José de la Peña -escriben Miguel Angel De Marco y Oscar Luis Ensinck en el libro "Historia de Rosario"- midió el río en su parte más estrecha, resultando tener frente al caserío unas 850 varas [aproximadamente, unos 76 metros] contadas desde la tierra firme hasta el punto por donde tenían que pasar necesariamente los españoles". Los trabajos de defensa se iniciaron con los materiales aportados por el cura Navarro, a partir de donaciones efectuadas por el vecindario. El carpintero Félix Reinoso trabajo gratuitamente, facilitando además su casa como depósito. Otros vecinos también brindaron una estimable ayuda: Marcos Loaces aportó la vigilancia, transporte y acopio de los materiales, el ya citado cura Navarro facilitó las herramientas y el español Pedro Tuella regaló trozos de lapacho para la erección de las explanadas. Cabe acotar que el aragonés Pedro Tuella y Monpesar fue el primer cronista de Rosario. A pesar de tanto entusiasmo y trabajo, la Junta gobernante en Buenos Aires, decidió detener las obras y mandó rematar los materiales de construcción. Al no presentarse postores, se decidíó guardar dichos elementos hasta nueva orden. Como puede observarse, desde los inicios parece una constante la actitud destructura de los gobiernos a que ha debido someterse nuestra región. Sin defensas, la costa siguió siendo blanco fácil para la rapiña, la destrucción y el hostigamiento por parte de las naves enemigas que operaban desde Montevideo y el Paraguay.
Luis Spissa. |
en Rosario
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Este destacado abogado y médico de origen catalán de ideas progresistas no
sólo trataba de promover el progreso de su país de adopción, Argentina, a
través de sus libros (como el notable Informe Sobre la Situación de las
Clases Obreras en Nuestro País a principios de este siglo) sino también
mediante conferencias. En los primeros años de esta centuria brindó varias
en Rosario. El Día de Reyes de 1904 habló en el Teatro "La Comedia" en un acto organizado por la "Unión Dependientes de Comercio" acerca del descanso dominical. Bialet Massé efectuó como introducción una particular definición del socialismo contemporáneo y concluyó negando la validez de la teoría que plantea la relación irreconciliable entre el Capital y el Trabajo. Para Bialet Massé los patrones y los dependientes u obreros eran componentes necesarios para dar forma tangible a una obra común. En los tramos finales de su disertación, refiriéndose al descanso dominical y dirigiéndose a los trabajadores Bialet expresó lo siguiente:
En este acto habló también el Dr. Ricardo Caballero, masón al igual que Bialet Massé, abogando en pro de mejores condiciones morales e higiénicas para los trabajadores, apelando a valores tales como Justicia y Humanidad. Artemio L. Pescador.
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Este gran medio de transporte significó no sólo un importante empuje al desarrollo rosarino sino también a su fisonomía urbana. Alfredo de Arteaga y José J. Farell, en 1870, y José M. Galárraga, un año después, intentaron ser los primeros en colocarlo pero fallaron. Empero, finalmente fue Arteaga quien recibió la autorización municipal para tal fin. Este primer servicio corría desde la Plaza López hasta el Muelle del Bajo, tramo de la actual Avenida Belgrano, y quedaría inaugurado el 3 de noviembre de 1872. Este primer Tramway (o popularmente llamado "Tranvía") estaba tirado por un par de caballos, guiado por un conductor o Cochero, que iba acompañado por el Mayoral y el Cuarteador, quien se encargaba, en los sectores empinados, de que el coche no se desplazara hacia abajo. Pese a lo precario del servicio, fue bien recibido por los usuarios. Julio C. Zalazar. |
Newell's Old Boys
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Newell's Old Boys (Los Viejos Muchachos de Newell) es uno de los pocos clubes de fútbol en Argentina, y creemos que en el mundo, que se identifica en su denominación con una persona determinada. En este caso se trata de Isaac Newell. Newell's (o Ñuls, versión popular)surgió el 3 de noviembre de 1903 a partir de la iniciativa de Claudio Newell y de otros ex alumnos del Anglo-Argentine Commercial School de Rosario e impulsados por el padre de Claudio y director del establecimiento: Isaac Newell. Isaac Newell nació en Rochester (condado de Kent, Inglaterra) el 24 de abril de 1853 y falleció en Rosario en octubre de 1907. Cuando llegó a la Argentina se empleó como operador telegráfico en el Ferrocarril Central Argentino (Central Argentine Railway), empresa británica que construyó y gestionó uno de los primeros ferrocarriles establecidos en el país, conectando inicialmente la ciudad y puerto de Rosario (en el corazón de la pampa húmeda) con la ciudad mediterránea de Córdoba. El primer tramo de ese ferrocarril se habilitó en 1866, llegando en ese entonces hasta la localidad santafesina de Cañada de Gómez, próxima al límite interprovincial con Córdoba. De dicha empresa ferrocarrilera, que luego absorbería otras más pequeñas -como el Ferrocarril Oeste Santafesino, creado hacia 1881 por el empresario de origen español Carlos Casado del Alisal-, surgió en 1889 el que luego sería el archi-rival futbolístico de Newell's: Central Argentine Railway Club (Rosario Central). Esta institución deportiva se originó en el barrio de los Talleres que la empresa ferroviaria tenía en el norte de la ciudad de Rosario, más precisamente en el barrio Arroyito (llamado así por su proximidad al Arroyo Ludueña, límite norte de Rosario hasta 1918), a partir de la iniciativa de un grupo de empleados ferroviarios. No terminan aquí las estrechas relaciones entre Newell's y Rosario Central. Claudio Newell (el hijo de Isaac) se casó en el año 1900 con Katie D. Cowell, que se desempeñaba como maestra en la escuela de los talleres del Central Argentino. Dicho establecimiento educativo funcionaba en Avenida Alberdi 23 bis, en el mismo sitio donde se afirma surgió el Club Atlético Rosario Central. Entre los alumnos de Katie Cowell figuraron Harry Hayes y su hermano Ennie, que se destacaron como grandes jugadores de Rosario Central. Harry Hayes también descolló en la Selección Nacional Argentina. Maggie y Lilian Calder, hijas del Colin Bolin Calder -el primer presidente de Rosario Central-, también fueron alumnas de la esposa de Claudio Newell. Isaac Newell llegó a Rosario -cuando contaba 16 años- en 1869, desembarcando en los muelles del Ferrocarril Central Argentino (FFCA), donde se inicia la calle Entre Rios. No lejos de allí, en esa misma calle -informa Atilio Reati en su valioso libro Caminos de hierro. El desarrollo del polo ferroviario de Rosario y su zona desde 1854 hasta fines del siglo XX-, se erigía la casa señorial de William Wheelwright, contratista en la construcción del FCCA. En ese sitio se encuentra actualmente la Escuela de Enseñanza Media Nº 431. Newell llevaba una carta de presentación que entregó al empresario, uno de los residentes norteamericanos mas prominentes de la Argentina, a donde había llegado en 1822, cuando quedó varado en Buenos Aires como consecuencia de un naufragio. Por aquel entonces era marinero. Wheelwright fue amigo de Juan Bautista Alberdi, quien le consagró una biografía. Había nacido en Newbury (estado de Massachussets) en 1798 y murió en Londres (septiembre de 1873). Gran parte de su vida transcurrió en Sudamérica, donde forjó su fortuna, estrechamente ligada al desarrollo de los ferrocarriles. Su accionar -refiere Andrew Graham-Yooll en otra obra histórica no menos sustanciosa titulada La colonia olvidada. Tres siglos de presencia británica en la Argentina- fue el típico de los aventureros financieros del siglo XIX. Este norteamericano porotegió al joven Isaac Newell, empleándolo como aprendiz de telegrafista en la Estación Rosario y luego en San Luis. Concluido el aprendizaje, dejó esa empresa y se incorporó a la Inspección General del Telégrafo Trasandino, con sede en Villa María (nudo ferrocarrillero de la provincia de Córdoba). Trabajó allí hasta 1873, cuando regresó a Rosario al enterarse del fallecimiento de Wheelwright. Tras dejar su oficio de telegrafista, se dedicó a la enseñanza, instalando un colegio (el mencionado Anglo-Argentine Commercial School) en la misma casa que perteneciera a su protector. Primero la alquiló y luego la compró. El club Newell's surgió en un terreno aledaño -propiedad del FFCA- al colegio, donde los alumnos efectuaban ejercicios físicos. Es decir, tanto Newell's como Rosario Central iniciaron sus actividades en terrenos de la misma empresa. En ese predio se concretaron los primeros partidos de fútbol de la entidad rojinegra. Posteriormente, la cancha se instaló en la intersección de las calles Humberto 1º y Boulevard Avellaneda, al lado del Club Atlético Tiro Federal (otra institución histórica del fútbol rosarino), que había sido fundado recientemente (25 de marzo de 1905). Hacia 1908, el intendente Vila cedió a Newell's terrenos ubicados en la calle Provincias Unidas, entre Córdoba y Rioja (zona oeste de la ciudad). Los aficionados llegaban hasta allí en tren. Posteriormente, en 1911, se le entregó a la institución -en carácter de concesión- el actual predio ubicado en el Parque Independencia. Greg Haedowm. |
del Golf en Rosario
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Los orígenes del golf en la Argentina se remontan a 1892. Este deporte, como el fútbol y otros, se difundió a través de las empresas ferroviarias británicas que se instalaron en el país a partir de las últimas décadas del siglo XIX. El golf surgió aparentemente en Escocia y -como ya se sabe- es un juego que consiste en meter una pelota pequeña en determinados hoyos, golpeándola con un palo. A pesar de su presunto origen escocés, el término golf derivaría de una palabra neerlandesa que significa justamente "palo". El Rosario Golf Club surgió en 1895. A pesar del entusiasmo (palabra de origen griego que significaba originalmente "inspiración divina") de sus aficionados, debió cerrar al poco tiempo ante la carencia de materiales para el desarrollo del deporte. Al respecto, escribe Andrew Grahm-Yooll en su libro La colonia olvidada. La colectividad británica en Argentina (Bs. As., Emecé, 2000, pág. 214):
Enzo Duarte. |
Pedro Blanqué
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Este ilustre rosario fue un pintor de origen catalán, nacido en 1849. De ideas republicanas, debió abandonar España en ocasión de la Restauración Borbónica en 1874. Arribó a Rosario en 1880, en donde se radicó hasta su muerte (23 de julio de 1828). Junto con el italiano Rafael Barone y el boliviano Francisco Ortega (quien llegó a nuestra ciudad en 1875) fue uno de los precursores de las Bellas Artes rosarinas. Se interesó especialmente por los cuadros de evocación histórica y por aspectos de la vida del país. Enseñó dibujo en escuelas secundarias, en el viejo Colegio Nacional y en la Escuela Industrial de la Nación. En el Museo Histórico Provincial figuran dos grandes lienzos suyos: El Combate de San Lorenzo y Juramento de la Bandera. Mantuvo correspondencia con Bartolomé Mitre, Garmendia, Nicolás Levalle, Rosendo Fraga, Monseñor Vladislao Castellano, José E. Uriburu, Roque Sáenz Peña, Estanislao Zeballos, F. Alcorta, Osvaldo Magnasco y David Peña. Javier Etcheverry. |
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Sin lugar a dudas, el Barrio Belgrano es, dentro del radio urbano rosarino, uno de los más importantes. Y a diferencia de otros, su importancia no se cimentó tanto en su desarrollo industrial y/o comercial -pese a contar con ambos- sino en su intensa vida social. Y este hecho no es casual: la mayoría italiana de sus habitantes la marcaron a fuego ya que los oriundos de aquella península europea traían en sus mochilas toda una serie de costumbres, nacidas de una profunda interacción con sus semejantes. Se podría decir que los balies, las fiestas y los encuentros deportivos vinieron muy arraigados en los venidos de Italia. Junto a ellos, también comenzaron a desenvolverse las discusiones políticas (anarquistas, socialistas y, en menor medida, comunistas); perseguidos en su Tierra Natal, creían haber encontrado terreno fértil para sembrar sus ideas. Pero el paso del tiempo terminó relegando a aquellas duras disputas ideológicas al olvido, quedando el resto. Precisamente, de la mano de esa tradición, florecieron los clubes. Y si bien se esparcieron por todo el ejido urbano y sus adyacencias, los de Barrio Belgrano resaltaron por sus méritos deportivos (en todos los órdenes geográficos) o por los de muchos de los deportistas surgidos de allí, y por sus destacadas iniciativas en el medio social. Repasemos algunos de ellos. El que quizás brilló más sea el llamado Sociedad Cosmopolita Filantrópica y Recreativa. Siendo uno de los primeros, nació a partir de una necesidad concreta. Como las casas de familia no alcanzaron para darle cabida a la cada vez mayor cantidad de vecinos que acudían a las reuniones sociales, se hizo imperioso construir un espacio para tal fin con todas las comodidades. Así nació el Cosmopolita, como se lo conoce popularmente, cuya constitución fue aprobada el 16 de abril de 1905. Cabe agregar que la mayoría de su núcleo directivo pertenecía a la reconocida banda musical 20 de Septiembre, al sector de los comerciantes y a quinteros de la zona. Fue punto obligatorio para las reuniones sociales de casi todo el naciente oeste rosarino; tan fue así que en sus instalaciones las tertulias bailables, las fiestas de casamiento y de bautismo eran una constante infalible. Otro club con mucho prestigio en el barrio, pero ya más que nada desde lo deportivo, fue el Belgrano, Si bien al nacer, en 1911, se lo conocía como Centro Recreativo Mercado Central, al incorporarse a la Liga Rosarina de Fútbol en 1912 tomó la denominación antes citada. De la mano de los Paperos (mote que se le asignó por la relación estrecha de sus integrantes con el Mercado Central), este club alcanzó en 1915 la máxima divisional del fútbol local. Ya más tarde en el tiempo, aparecen el Nueva Era (1933), Río Negro (1939), y el Estrella Azul (1947) entre otros, para darle a la barriada una identidad dentro de lo social y lo deportivo, de lo que hoy lamentablemente ya poco y anda queda. Cabe agregar un par de apostillas: <> En 1907 se destaca en el fútbol rosarino un club llamado Barrio Vila (antigua denominación del barrio), cuya fundación se cree aconteció en 1902 bajo otro nombre: Club Atlético Eloy Palacios. Hoy es uno de los tantos que ya no existe. <> Uno de los más populares, el Newell’s Old Boys, supo tener en terrenos ubicados en la intersección de la Avenida Provincias Unidas (quizás la más emblemática del barrio) con la calle Santa Fe una de sus primeras canchas. Cabe agregar que los mismos eran propiedad del intendente de aquel momento, Nicasio Vila, también fundador del barrio. La importancia con la cual ya contaba este club está demostrada en la implementación de un servicio especial de trenes del Central Argentino al servicio de los socios. Julio Salas. |
Estanislao Zeballos
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Estanislao Severo Zeballos -rosarino de prolífica y variada actividad- nació en 1854 y falleció en 1923. Fue escritor, periodista, orador destacado, abogado, profesor universitario, geógrafo, historiador, jurista, decano de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, legislador, diplomático y ministro de la Nación. Escribió centenares de libros y artículos incursionando en ámbitos tan diversos como el derecho, la literatura, las ciencias naturales, los temas militares, la agricultura, la economía, la pedagogía, la historia. Elaboró, igualmente, proyectos de leyes y códigos legislativos. Destaca, por ejemplo, el proyecto de ley sobre radicación de extranjeros, que aparece en la parte final de su obra Viaje a la región del trigo. Para Zeballos ,y la generación del '80 que integraba, era fundamental promover la radicación de europeos para fomentar el desarrollo cultural, político, social y económico del país. Siendo muy joven, viajó a través del país, penetrando incluso en territorios dominados por el indígena. En oportunidades siguió las huellas de las victoriosas huestes del general Julio Argentino Roca, futuro presidente de la Nación, en su campaña contra los aborígenes. Fruto de esas experiencias es la voluminosa trilogía titulada Descripción amena de la República Argentina, compuesta de tres volúmenes: Viaje al país de los araucanos (1881) -dedicado a "mi patria"-, Viaje a la región del trigo (1883) -dedicado a la ciudad de Rosario-y Viaje a través de las cabañas (1888) -dedicado a la Sociedad Rural Argentina, de la cual fue uno de sus fundadores. También resultado de esas travesías es la trilogía referida a las sociedades indígenas y a las extensas zonas que habitaban en el sur del país, designada con el equívoco sustantivo "desierto". Dicha trilogía está integrada por los libros Callvucurá y la dinastía de los piedras (1884), Painé y la dinastía de los Zorros (1886) y Relmu, reina de los pinares (1888). Otra de sus obras relacionada con el mundo indígena y la integración de las tierras que ocupaban al Estado nacional es La conquista de 15.000 leguas. Javier Etcheverry. |
La Toma del Palacio Municipal en 1921
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La revolución rusa de 1917 y los movimientos insurreccionales que sacudieron Europa entre 1918 y 1923 ejercieron su influencia sobre nuestro país, contribuyendo a la radicalización de conflictos que tenían su base en la misma sociedad argentina. De esa manera, en 1919 se registró la famosa «Semana Trágica» que sacudió a Buenos Aires y a otras ciudades del país, especialmente Rosario. La «Semana Trágica» fue una auténtica insurrección proletaria que los anarquistas intentaron sin éxito canalizar hacia fines revolucionarios, es decir, hacia la instalación de una sociedad sin Estado ni clases sociales (el denominado «comunismo anárquico», que no debe confundirse con el comunismo de inspiración bolchevique que lejos de abolir el Estado lo reforzó hasta límites nunca antes conocidos). Sin embargo, no fue ese el único movimiento de cariz revolucionario que sacudió a Rosario en una época tan agitada. El 7 de febrero de 1921 al mediodía, por ejemplo, tuvo lugar un micro-golpe de estado encabezado por estudiantes de la Facultad de Medicina y sindicalistas que se apoderaron del Palacio Municipal, manteniendo el control del mismo durante algunas horas. La toma aparentemente no presentó mayores dificultades, reduciendo los complotados a un guardia que cuidaba la puerta de ingreso. En un artículo aparecido en la revista «Galavisión» del mes de noviembre de 1997, el articulista Juan Aguzzi refiere lo siguiente respecto del incidente de marras: «El grupo sumaba 19 personas que muy pronto se desplazaron por el palacio ejecutando un plan preparado: se destituyó al intendente que fue reemplazado por uno de ellos hasta tanto la Federación Obrera Local Comunista designase a otro, se suspendió la vigencia de los impuestos como una primera medida dirigida a mejorar las condiciones de los sectores más postergados, se nombró un nuevo secretario de la intendencia, un tesorero, un contador, un asesor, un inspector general así como también nuevos directores de asistencia pública y de todos los nosocomios ligados a esta área. Luego de estos nombramientos y asunciones se dispuso el cese del ... Concejo Deliberante y la aceptación de una serie de mejoras laborales solicitadas por el sindicato municipal y por la sociedad de practicantes internos de los hospitales...» Aguzzi sugiere que estos insurrectos eran de orientación comunista. Por nuestra parte creemos que eran anarco-comunistas. Por otra parte, la Federación Obrera mencionada pertenecía a esa corriente anarquista y no al Partido Comunista Argentino (que primero se llamó Partido Socialista Internacional, siendo una escisión del viejo Partido Socialista Argentino acaecida como consecuencia de la Revolución Rusa). Siguiendo con el relato, digamos que tras la toma del Palacio Municipal los revolucionarios arrearon la bandera argentina del mástil frontal e izaron la bandera roja de la revolución, que no era patrimonio exclusivo de los comunistas bolcheviques. A las pocas horas, alertadas las autoridades, el grupo insurrecto fue reducido por tropas del Regimiento 11, cuyas instalaciones por entonces estaban en las inmediaciones de la Municipalidad (en el lugar donde actualmente funciona el Correo Argentino). Aparentemente, los ocupantes no ofrecieron resistencia y todo concluyó tan pacíficamente como se inició. La espectacular toma no duró más de tres horas, terminando sus protagonistas en la alcaidía, a donde fueron conducidos por un piquete del Cuerpo de Bomberos. Ricardo Accurso. |
Biblioteca de Medicina Clásica
de la Universidad Nacional de Rosario
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La Biblioteca Clásica de la Facultad de Medicina de Rosario fue creada en la decada de 1.920 y cuenta con una accidentada y curiosa historia. Su contenido rondaría los 6.000 volúmenes, todos de gran valor. Se incluyen entre ellos incunables y reproduciones facsimilares de pergaminos y manuscritos. El profesor Ricardo Caballero (vicegornador de nuestra provincia y durante 22 años senador nacional por el radicalismo santafesino) fue el creador de la Biblioteca de Medicina Clásica de la Facultad de Medicina de Rosario, tan poco conocida por los rosarinos. A principios de la década de 1920 Ricardo Caballero obtuvo $100.000 del gobierno nacional para la adquisición de los libros necesarios y el acondicionamiento del espacio destinado a la biblioteca. La creación de esta Biblioteca Clásica corre paralelamente a la organización de nuestra Facultad de Medicina y de su Biblioteca General. Esta última fue dirigida al principio y provisoriamente por el Sr. Juan Martín. Obtenido el dinero necesario para la compra de los libros, Caballero viajó en 1923 hacia Europa dispuesto a obtener en el mercado de libros de París (por entonces el más acreditado del mundo) las más importantes ediciones de obras clásicas. Este especializado proyecto, que parecía tan difícil de concretar, era factible en aquel momento debido a la cantidad y calidad de libros y material escrito en general que habían entrado en París tras la conclusión de la I Guerra Mundial. Tales materiales eran fruto del saqueo de museos, archivos y bibliotecas de ciudades alemanas y austríacas perpetrado por comerciantes de los países vencedores, que obtuvieron así un gran botín de guerra. El erudito profesor Ricardo Caballero efectuó una tan acertada selección de valiosas ediciones de medicina clásica, biología, química, física, psicología y ciencias en general, que a poco de retornar a Rosario los mismos libreros parisinos que le habían vendido tales materiales propusiéronle comprárselos, es decir recuperarlos, pues habían recibido solicitudes de famosas universidades norteamericanas dispuestas a pagar muchísimo más que lo pagado por Caballero. Entre lo adquirido se contaban incunables, facsímiles de primeras ediciones famosas (algunas de las cuales eran previas a la aparición del libro, es decir, editadas en papiros y pergaminos), así como colecciones de revistas médicas y científicas en general, todo lo cual constituía un tesoro literario de un valor incalculable. Todo fue adquirido en subasta pública y a muy bajo precio. El número de las obras adquiridas llegó a 5.608 volúmenes, que correctamente embalados llegaron a Rosario. En 1924 se llamó a concurso para designar un bibliotécnico, como se preveía en el proyecto que el Dr. Caballero había presentado al consejo directivo de la Facultad de Medicina. Tal bibliotécnico debía ser un políglota conocedor de idiomas modernos y antiguos (básicamente, latín y griego), suficientemente versado en ciencias, medicina y filosofía. Al concurso se presentó el sabio alemán Dr. Arwed Walter, doctorado en Biología y con estudios en medicina, persona a la cual se consideró altamente capacitada. En diciembre de 1924 el Dr. Walter elevó un informe acerca de su actuación al director de la Facultad de Medicina, Dr. Rafael Araya. Decía el erudito germánico en su memoria que había dictado un curso de idioma griego, prometiendo dictar un curso de latín en el año próximo (1925). De esa manera permitiría a quienes estudiaran esas dos lenguas acceder a los tesoros depositados en esa biblioteca. Se procedió también a realizar un catálogo o listado completo, con comentarios del Dr. Caballero, de las obras contenidas en la citada biblioteca. Este catálogo se perdió como consecuencia de las repercusiones negativas que tuvo el golpe de estado de 1930 en los ámbitos universitarios. El notable desempeño del sabio alemán se vió interrumpido con motivo de su suicidio, ocurrido el 31 de diciembre de 1927. Walter fue hallado muerto en la pensión que habitaba. Tal perdida representó un duro golpe para la biblioteca. El cargo vacante no fue cubierto momentáneamente y la biblioteca quedó a cargo del Sr. Juan Martín, siendo su segundo Francisco Javier Rojo. Mientras tanto, el proyecto del Dr. Caballero de organizar en torno a la biblioteca un centro capacitado para leer e interpretar obras antiguas comenzaba a concretarse. Se dió un nuevo brillo a la biblioteca clásica cuando en 1929 el profesor de la cátedra de Terapia consiguió que se creara la cátedra de Historia de la Medicina y de las doctrinas médicas, la cual se nutriría de la bibliografía obtenida en París. A esto se agregó, en 1936, la disposición acerca del estudio de la Historia y otras materias humanísticas en la carrera de medicina para lograr un profesional más conocedor de la realidad humana. Las autoridades surgidas del golpe de septiembre de 1930 --más precisamente el interventor de la Universidad Nacional del Litoral, Dr. Abraham de la Vega-- intentaron trasladar la Biblioteca Clásica de la Facultad de Medicina de Rosario a la ciudad de Santa Fe, pretextando que así se obtendría mayor seguridad para el material, evitando sustracciones y extravíos. Recordemos que por entonces las Facultades rosarinas dependían de la Universidad Nacional del Litoral con centro en Santa Fe capital. Las autoridades locales resistieron ese traspaso y se pusieron en contacto con el Instituto Internacional de Historia de la Ciencia, con sede en París, para conseguir un erudito que continuara la tarea del Dr. Walter. Tales gestiones llegaron a feliz término, arribando a Rosario en agosto de 1939 el historiador y secretario de dicho Instituto, Aldo Miele. El senador Caballero obtuvo otra partida de $100.000 y se dedicó a la obtención de algunas obras clásicas que faltaban para concluir colecciones y hacer funcionar así el Seminario de la cátedra de Historia de la Medicina. El director de la Biblioteca Clásica Aldo Miele consiguió así 527 nuevos libros. De esa forma pudo comenzar a funcionar el citado Seminario con su correspondiente personal y el acervo de la Biblioteca Clásica comenzó a ser consultado y analizado por una falange de médicos y odontólogos jóvenes. Tales actividades se fueron desarrollando normalmente hasta que la revolución de 1943 vino a alterarlas. Las nuevas autoridades dispusieron la cesantía de los profesores que habían intervenido en política. El mismo profesor y director de la Biblioteca Clásica, Aldo Miele, halló dificultades para sobrevivir económicamente. Caído el peronismo en 1955, las Universidades vuelven a ser intervenidas. Es nombrado el Dr. José M. Fernández como interventor de la Universidad Nacional del Litoral, siendo su delegado en la Facultad de Medicina local el Dr. Juan M. González, quienes dieron por concluída la cátedra de Historia de la Medicina y por ende de la Biblioteca Clásica que la nutría. En el marco de dicha cátedra se habían efectuado una serie de valiosos trabajos. Vale la pena que recordemos algunos de ellos. Por un lado, se elaboraron comentarios de muchas obras, antiguas y recientes. Por otro, se concretaron varias traducciones, como las del Sr. Pascual Ferraris, quien llevó a término la versión castellana de los dos tomos de la obra de Celso (de la afamada edición de Renzi), del primer tomo de las obras de Hipócrates (de la edición de Littré), de varios capítulos de la Historia Natural de Plinio el Viejo y de dos tomos del Diccionario Etimológico de la versión Littré de Aquilino Bonavilla. La profesora Susana Victorica tradujo del latín la obra máxima del padre de la ergiatría (medicina del trabajo), traducción que obtuvo un premio del poder ejecutivo de la nación y por la cual se interesó la Biblioteca Central de Moscú. También se tradujeron obras de Rufo de Efeso, Hipócrates, Celso, Oribasso y otros. La Sociedad Médica en su reunión científica del 19 de abril de 1949 propuso que la Biblioteca de los Clásicos se llamara "Ricardo Caballero", en honor a su propulsor. Lamentablemente, desde hace décadas no tenemos mayores datos sobre el destino de esta preciada biblioteca. Actualmente, parece que algo se está haciendo por su conservación. Sólo cabe acotar que los rosarinos de buena memoria recordamos que en 1972 (declarado "Año Mundial del Libro" por la Unesco) tuvimos el placer de ver algunos incunables de dicha biblioteca en una exposición de libros antiguos realizada en la Bolsa de Comercio de nuestra ciudad, de la cual conservamos un folleto donde se detallan los volúmenes exhibidos. Javier Etcheverry. |